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viernes, 7 de octubre de 2016

El PP a solo 0.8% de la mayoría absoluta sin la falsa abstención socialista.


Pedro Sánchez  fue tan lejos en la dirección contraria que el partido que presidía aún corre el riesgo de aspciarse con UPyD 

Para mi que Rajoy está jugando a ser gallego y a última hora no aceptará la oferta de abstención por parte de individuos teledirigidos u obreros de Susana. Aprovechar dicho eso de judas supondría nuevas elecciones en 7/8 meses. No aprobarían ninguno de los puntos que lleven los populares al congreso mientras no depongan a Rajoy de la presidencia de Gobierno. Los socialistas saben, perfectamente, que con Mariano nunca será nada y el tiempo se les termina. 

Aunque sea de penalti y en el último minuto, el PSOE se abstendrá por evitar el mal mayor de unas nuevas elecciones. La continuidad de Rajoy en Moncloa o el posible desmarque de algunos diputados socialistas en la investidura pasarán así a ser daños colaterales de un bien superior: el fin de la interinidad.
El expresidente, Felipe González, cuyo pensamiento comparte el presidente de la comisión gestora, Javier Fernández, lo escribió el 7 de julio. Como si lo hubiera hecho ayer: “El Partido Socialista debe aceptar el diálogo que le ofrece el candidato del PP, dejando claro que no tiene intención de integrarse en una coalición”. Más adelante: “Excluyendo la coalición y el apoyo al PP en la investidura, no debe ser un obstáculo para que haya un Gobierno minoritario”.
El equipo del ya ex secretario general, Pedro Sánchez, forzó demasiado sudesafío a la matemática y la política alumbradas en las urnas del 26 de junio. Fue tan lejos en la dirección contraria que su partido aún corre el riesgo de partirse en dos en la vuelta atrás.

Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en la que informó de su dimisión. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en la que informó de su dimisión. (EFE)
El golpe de timón inducido por el tosco “susanazo” contra Sánchez es unaprueba de resistencia no superada. De ahí que en este momento, aparte de evitar las elecciones, la tarea prioritaria de la ejecutiva provisional pilotada por el presidente asturiano sea recomponer la unidad del partido. La tercera de las tareas es convocar el 39º congreso federal y elegir una nueva dirección, sólo después de que se haya formado el Gobierno.
El fantasma de la ruptura sigue planeando sobre el PSOE. Ahora viene disfrazado de apelaciones a la coherencia, so pena de romper la disciplina de voto en la investidura de Rajoy. Lo agitan los diputados del PSC(socialistas catalanes), y las especulativas amenazas de Sánchez aireadas por sus seguidores (él guarda silencio). Dicen que mantendrían el “no es no”al candidato del PP, “diga lo que diga el comité federal”, en expresión de la diputada “pedrista” por Zaragoza, Susana Sumelzo.
El PP ganaría unas hipotéticas elecciones el 18 de diciembre con el 36,2% del voto estimado, lo que supone 3,2 puntos más de lo que obtuvo el 26-J, y dejaría al segundo partido, Podemos, a casi 15 puntos de distancia. El PSOE sería el principal perjudicado en esta nueva cita con las urnas, puesto que después de su 'guerra' del comité federal del pasado fin de semana,perdería 3,1 puntos y se quedaría con un 19,6% de la intención de voto y se produciría el temido 'sorpasso' con respecto a la formación de Pablo Iglesias, que conseguiría un 21,7% de la intención de voto (0,6 puntos por encima de los 21,1 que consiguió Unidos Podemos en junio). La desmovilización del electorado en unas terceras elecciones supondría un 65% de participación, que afectaría al PSOE y a Ciudadanos, que pasaría del 13,1% de junio al 11,8%.
Estos son los principales resultados del Barómetro de Octubre realizado por el Instituto DYM para El Confidencial y que recoge el descabalgamiento de Pedro Sánchez en el PSOE, la creación de la gestora en Ferraz y la lucha en Podemos entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. La encuesta, realizada telefónicamente a 1.132 personas, se ha desarrollado entre el 27 de septiembre (la víspera de que los 17 miembros de la ejecutiva llevaran su dimisión a Ferraz) y el 6 de octubre (con Javier Fernández asentado al frente de la gestora y 24 horas después de que se visualizara el relevo en los escaños del Congreso).
Con estos porcentajes, y pese a la caída de más de un punto de Ciudadanos, el PP se garantizaría prácticamente la mayoría absoluta junto a la formación de Albert Rivera y el escaño de Ana Oramas de Coalición Canaria, mientras que el PSOE vería profundizarse su crisis –aunque no se sabría siquiera el candidato que encabezaría las listas– al ser superado por la suma de Podemos e IU tanto en porcentaje como, con toda seguridad, en escaños con más de dos puntos de diferencia. La formación de Pablo Iglesias sigue siendo la primera en intención directa de voto (17,2), por encima del PP (15,9) mientras que el PSOE sufre un descalabro hasta quedarse empatado con Ciudadanos en un histórico (por lo negativo) 7,1.

El electorado del PSOE y C's, desmovilizado

¿Por qué sucedería lo anterior? En unas hipotéticas terceras elecciones, según la encuesta de DYM, la fidelidad de los votantes es muy alta tanto en el PP (81,5%) como en Podemos (79,8), mientras que cae al 53,2% en el caso de los votantes de Ciudadanos y a un 51,4% en el PSOE. Entre quienes aseguran que no votarán en unas elecciones en diciembre (un 15,6% de los entrevistados), el 11,9% son votantes del PSOE y un 20,7, de la formación de Rivera, mientras que solo hay un 4,4% de votantes del PP y un 5,1% de Unidos Podemos.
Lo mismo sucede entre quienes dicen "no saber" si irán a votar (15,2% de los encuestados): de ellos, el 25,2% votaron a Pedro Sánchez el 26-J y el 16,5% a Rivera, porcentajes que bajan al 9,9% en el caso de votantes del PP y al 8,5 en el caso de Unidos Podemos. Con estos datos, no es de extrañar que Podemos insista en preparar las elecciones ni que Mariano Rajoy exija mucho más que una simple "abstención técnica" para proponerse como candidato ni que el actual PSOE y Ciudadanos intenten como sea evitar una nueva convocatoria electoral.
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