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viernes, 28 de octubre de 2016

Antonio Hernando, Portavoz del PSOE, otro muñeco diabólico en lista de espera.


No es mí  intención de hacer leña a costa de la reconversión personal de Antonio Hernando por defender un mandato del comité federal distinto al que defendió antes del 1 de octubre en el ejercicio de su papel como portavoz del Grupo Parlamentario Socialista.

DSe defendía como gato panza arriba, medio defendió el mandato del no antes del 'susanazo' que destronó a Pedro Sánchez. Y defendió ayer el de la abstención porque el mismo comité, depositario de la voluntad de los militantes, entendió que el bloqueo político exigía modificar el rumbo que nos abocaba irremediablemente a unas terceras elecciones en menos de un año.

Era y es la misma resolución. Hernando trasladó hasta la Cámara un compromiso de su partido basado en la resolución del 28 de diciembre 2015 que, hasta la caída de Sánchez, también había inspirado el no. El cambio de contexto entre una y otra postura acabó transformando la unanimidad del no en una clara mayoría favorable a la abstención (139 frente a 96) como mandato vinculante para los 84 diputados socialistas en la investidura de Rajoy (sábado 29 en segunda votación).

Esa es la historia. Todo ello a raíz de que el máximo órgano de gobierno de los socialistas entendiera que “la repetición de elecciones es gravemente dañina para la salud de la democracia”, a la luz de una constante histórica que reza: “En las decisiones del PSOE, primará siempre el interés de la sociedad española”, dice la citada resolución del 28 de diciembre de 2015.

Muchos analistas han preferido enfocar a Hernando como si el gran suceso de la jornada fuera su caída del caballo o su presunta deslealtad respecto al líder defenestrado. Si así fuera, se habría desmentido a sí mismo. Pero su coherencia como dirigente y militante socialista es intachable. Respeta las reglas de la mayoría, se atiene al principio de unidad de actuación, subordina su interés personal al de su partido y hace su trabajo como portavoz del grupo, que incluye el deber de cumplir y hacer cumplir los mandatos del comité federal, como ha venido haciendo antes y después del 1 de octubre.

Aun así, tampoco comparto la acusación de incoherencia con sus propias convicciones. Me consta que, sobre todo en el último tramo de su trabajo en el equipo de Sánchez, estaba incómodo en la posición del “no es no”. Pero, insisto, ha sido coherente con su partido y con las políticas decididas democráticamente por la dirección de su partido.
El impacto de la reconversión en su conciencia individual solo le concierne a él. En la reciente convulsión socialista, que se ha llevado por delante a la ejecutiva y ha modificado la posición en la investidura de Rajoy, importa la resultante.

Que cada cual se pregunte si es bueno o es malo para España y para el PSOE evitar las elecciones y normalizar la vida política. Soy de los que creen que es bueno y que, como dijo Hernando, el tiempo dará la razón al PSOE. Pero no vale decir, a juicio de cada cual, si es bueno o es malo que siga gobernando Rajoy, porque lo hubiera seguido haciendo de todos modos, con elecciones y sin elecciones, con la vida política normalizada o con dos meses más dedicados al mareo de la perdiz. Tampoco vale hablar de Gobierno alternativo, salvo que se esté de acuerdo en añadir populismo y secesionismo a la causa del PSOE.

Y, en fin, sería injusto sostener que la intervención de ayer de Hernando fue un canto de alabanzas a Rajoy, como dicen quienes acusan al PSOE de haberse rendido a la derecha. Al contrario, denostó por enésima vez las políticas del PP (“Las razones del no siguen muy vivas”) y advirtió de que el PSOE mantendrá el nivel de exigencia que toca al principal partido de la oposición. Lo cual es perfectamente compatible con la vocación de 'partido de Estado' que de ninguna manera podía seguir dedicando una mirada distraída al problema de la inestabilidad.


“No hay razones para confiar en usted, señor Rajoy, pero tampoco hay razones para mantener el bloqueo y llevar al país a unas terceras elecciones”, dijo ayer Hernando. Ayer mismo podía haberlo firmado Pedro Sánchez. Lo hubiera hecho de no haberse cruzado antes las razones que, al ver amenazado desde dentro su liderazgo, le llevaron a mezclar la crisis orgánica de su partido con los graves problemas del país.
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