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domingo, 25 de septiembre de 2016

Nuñez Feijoo, un presidente elegido por la gente

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Durante toda la campaña electoral, los partidos de izquierda convirtieron a Feijoo en el eje de su estrategia. Dibujaron a un político maquiavélico que desde que se levanta hasta que se acuesta se dedica a estropear Galicia. Nos hablaron de una especie de enemigo público número uno, un demonio capaz de hacer trizas la sanidad pública; de echar de Galicia a miles y miles de jóvenes a los que primero les robó el futuro; de acabar con el empleo digno; de llenar las colas del paro y de la beneficencia; de destrozar el idioma gallego y de fomentar la corrupción y desahuciar familias con niños. El Feijoo que nos ha descrito la izquierda gallega es una especie de Robin Hood malo y enloquecido, que se lo quita todo a los pobres para dárselo a los ricos. Alguien que, llevado al absurdo, sería capaz de robarle un caramelo a un pequeño solo por el placer de verlo llorar.
Definitivamente, En Marea, PSdeG y BNG se han enfrentado al forajido Feijoo como aquel superhéroe lucha contra el villano para proteger a la gente, otra de las claves de la izquierda: a xente. Hasta tal punto, que han hecho una nueva definición de este vocablo, convirtiéndolo en un «grupo de personas de izquierda al que hay que rescatar del secuestro de la derecha». Porque parece ser que en la derecha no hay gente, que los 670.000 votos que recibió Feijoo proceden de seres extraños, que también roban los caramelos a los niños o que, en el mejor de los casos, son unos ignorantes erráticos a quienes les ha seducido este flautista de Hamelín y mala persona que gobierna la Xunta desde el 2009.
La estrategia no le ha salido nada bien a los partidos de izquierda. A unos les ha ido peor que a otros, pero en su objetivo de echar de la Xunta a Feijoo, han fracasado todos. Y han contribuido de forma decisiva, convirtiendo al presidente en un gran líder (malo, pero grande). Han magnificado de tal forma su figura que en cada insulto y en cada ataque que le han lanzado, ellos se han ido empequeñeciendo, porque siempre pusieron la enorme figura de Feijoo por delante de las suyas propias y de sus respectivas políticas. Fue una estrategia de perdedores que les ha llevado a una derrota por todo lo alto.
Y, en algún caso, fue una estrategia de malos perdedores. Las declaraciones de Manuel Barreiro, coordinador de campaña de En Marea, reflejan un déficit democrático importantísimo en un grupo que se ha convertido en la segunda fuerza política de Galicia. Su tono, sus amenazas al partido que ha sido elegido por cerca del cincuenta por ciento de los votantes gallegos, producen rechazo y, por qué no decirlo, hasta temor.
Pero ni el enfurruñamiento del tal Barreiro empañó ayer la gran victoria de Feijoo. Porque no solo revalidó su mayoría absoluta, sino que lo ha hecho con unos enemigos feroces, y con el enorme lastre que su partido lleva sobre sí con la corrupción y con la enorme crisis que se ha vivido en este país. Feijoo ha triunfado contra todos y contra todo porque ha sido votado por mucha, pero que mucha, gente de Galicia.
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