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viernes, 16 de septiembre de 2016

Krassimira Stoyanova, la “soprano verdiana”

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Krassimira Stoyanova
Si a alguien le corresponde en la actualidad el título de “soprano verdiana” es a Krassimira Stoyanova. Su nombre viene a engrosar el listado de ilustres sopranos búlgaras como Ghena Dimitrova, Raina Kabaivanska o Anna Tomowa-Sintow. En el amplio repertorio de Stoyanova abundan los papeles fetiche, esos que identifican de inmediato a una cantante con un personaje y un compositor, pero uno la define por encima de todos: el de Desdémona. En este rol protagoniza Stoyanova, junto a Gregori Kunde, el Otello de Verdi que abre la nueva temporada del Teatro Real. Su Desdémona ya recibió los aplausos del público del Liceo barcelonés en el año 2006 bajo el mandato del que es ahora el director artístico del coliseo madrileño, Joan Matabosch. La carrera de Stoyanova se ha desarrollado principalmente en los teatros austriacos y alemanes, lejos de la resonancia mediática que ha encumbrado a otras voces y tan pronto las ha desgastado. Stoyanova ha preferido en cambio asentar y ensanchar unos medios vocales privilegiados, invertir su tiempo en el estudio cuidadoso de unos papeles que le han merecido los elogios del público y de la crítica. En su discografía, no podía faltar el Otello verdiano en dos registros: el primero, en DVD, es el testimonio audiovisual de las funciones liceístas (Opus Arte); el segundo recoge un concierto en vivo dirigido por Riccardo Muti con la Sinfónica de Chicago (CSO). También muy distinguidos son sus recitales con el sello Orfeo, en especial el dedicado a Verdi y otro centrado en la ópera eslava (Chaikovski, Rimski-Korsakov, Dvorák, Smetana…). Su Desdémona ya recibió los aplausos del público del Liceo barcelonés en el año 2006 bajo el mandato del que es ahora el director artístico del coliseo madrileño, Joan Matabosch. La carrera de Stoyanova se ha desarrollado principalmente en los teatros austriacos y alemanes, lejos de la resonancia mediática que ha encumbrado a otras voces y tan pronto las ha desgastado. Stoyanova ha preferido en cambio asentar y ensanchar unos medios vocales privilegiados, invertir su tiempo en el estudio cuidadoso de unos papeles que le han merecido los elogios del público y de la crítica. En su discografía, no podía faltar el Otello verdiano en dos registros: el primero, en DVD, es el testimonio audiovisual de las funciones liceístas (Opus Arte); el segundo recoge un concierto en vivo dirigido por Riccardo Muti con la Sinfónica de Chicago (CSO). También muy distinguidos son sus recitales con el sello Orfeo, en especial el dedicado a Verdi y otro centrado en la ópera eslava (Chaikovski, Rimski-Korsakov, Dvorák, Smetana…).
¿Cómo prepara sus personajes? 
Cada cantante pone algo de su carácter en el papel y el papel refleja a su vez el carácter del cantante, pero es fundamental conocer las intenciones del compositor. Aunque utilicemos nuestras vivencias, debemos respetar el pensamiento original del autor. La partitura, la combinación texto-música es para mí prioritaria. Si pierdes el contacto con la voluntad del autor, la interpretación se vuelve un ejercicio egocéntrico. Cuando canto, procuro ser un instrumento para Verdi, un instrumento a partir del cual Verdi puede realizar su idea. Es mi manera de entender la misión del intérprete. Busco meter esta música en mi alma, sentirla mía, hacerme cargo de estas emociones y transmitirlas al público. Y espero que la gente lo perciba. 
¿Qué dice Verdi a través de Desdémona? ¿Cuál es su clave interpretativa de este personaje? 
Verdi ha dejado muchas indicaciones sobre Desdémona, en la partitura y en sus cartas. Y por supuesto está la tragedia de Shakespeare y las fuentes de las que Shakespeare se sirvió, que relatan la historia en términos mucho más crudos de lo que hace la ópera de Verdi. Verdi en cierto modo suaviza el tema, lo “romantiza”, es menos brutal. Hace que podamos irnos a la cama más tranquilos. Desdémona es una chica sin una gran experiencia de vida, fascinada por un hombre mayor que él (Otelo podría ser su padre). Se ha casado con alguien de otra raza, un moro, y esto es un escándalo en la sociedad veneciana de aquel tiempo. Desdémona se enfrenta a una situación difícil, se ha posicionado en contra de la voluntad de su familia, que no acepta esta unión por mucho que Otelo sea un destacado general. 
Todo esto revela a una mujer fuerte, distinta de la imagen pasiva que nos transmite la tradición. 
En Verdi, Desdémona no es un personaje demasiado activo; siempre es víctima de las acciones de otros y nunca llega a enterarse realmente de lo que está ocurriendo a su alrededor. Pero no es en absoluto un personaje inerte. Al final del primer acto, la vemos ilusionada al lado del hombre al que ama. Y al principio del acto cuarto, en la Canción del sauce, está al borde del colapso psíquico. La suya es una situación horrible. Una chica recién casada que ya ve cómo su sueño de amor se rompe. Yo quiero hacer de Desdémona un personaje de carne y hueso, en tres dimensiones, una criatura viva. Una Desdémona que reacciona, enamorada, como una paloma que quiere la felicidad, que sigue su imagen de amor auténtico.

¿Cómo prepara sus personajes? 
Cada cantante pone algo de su carácter en el papel y el papel refleja a su vez el carácter del cantante, pero es fundamental conocer las intenciones del compositor. Aunque utilicemos nuestras vivencias, debemos respetar el pensamiento original del autor. La partitura, la combinación texto-música es para mí prioritaria. Si pierdes el contacto con la voluntad del autor, la interpretación se vuelve un ejercicio egocéntrico. Cuando canto, procuro ser un instrumento para Verdi, un instrumento a partir del cual Verdi puede realizar su idea. Es mi manera de entender la misión del intérprete. Busco meter esta música en mi alma, sentirla mía, hacerme cargo de estas emociones y transmitirlas al público. Y espero que la gente lo perciba. 
¿Qué dice Verdi a través de Desdémona? ¿Cuál es su clave interpretativa de este personaje? 
Verdi ha dejado muchas indicaciones sobre Desdémona, en la partitura y en sus cartas. Y por supuesto está la tragedia de Shakespeare y las fuentes de las que Shakespeare se sirvió, que relatan la historia en términos mucho más crudos de lo que hace la ópera de Verdi. Verdi en cierto modo suaviza el tema, lo “romantiza”, es menos brutal. Hace que podamos irnos a la cama más tranquilos. Desdémona es una chica sin una gran experiencia de vida, fascinada por un hombre mayor que él (Otelo podría ser su padre). Se ha casado con alguien de otra raza, un moro, y esto es un escándalo en la sociedad veneciana de aquel tiempo. Desdémona se enfrenta a una situación difícil, se ha posicionado en contra de la voluntad de su familia, que no acepta esta unión por mucho que Otelo sea un destacado general. 
Todo esto revela a una mujer fuerte, distinta de la imagen pasiva que nos transmite la tradición. 
En Verdi, Desdémona no es un personaje demasiado activo; siempre es víctima de las acciones de otros y nunca llega a enterarse realmente de lo que está ocurriendo a su alrededor. Pero no es en absoluto un personaje inerte. Al final del primer acto, la vemos ilusionada al lado del hombre al que ama. Y al principio del acto cuarto, en la Canción del sauce, está al borde del colapso psíquico. La suya es una situación horrible. Una chica recién casada que ya ve cómo su sueño de amor se rompe. Yo quiero hacer de Desdémona un personaje de carne y hueso, en tres dimensiones, una criatura viva. Una Desdémona que reacciona, enamorada, como una paloma que quiere la felicidad, que sigue su imagen de amor auténtico. (...)
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