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sábado, 24 de septiembre de 2016

‘El modo en que la gente nos mira ha cambiado’: las musulmanas francesas ante la discriminación

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Saima Ashraf, de 39 años, en el Barking Town Hall de Londres, donde ocupa un puesto de liderazgo en el gobierno local. En Francia, una mujer con velo nunca lo habría logrado. Credit
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La tormenta generada por la prohibición del burkini en más de 30 localidades turísticas de Francia ha ahogado la voz de las mujeres musulmanas para las que se diseñó ese traje de baño especial. The New York Times las ha escuchado y ha recibido más de 1000 comentarios de Francia, Bélgica y otros países, que van mucho más allá del burkini.
El resultado es un retrato de la vida de una mujer musulmana, que use velo o no, en Europa, en lugares donde el terrorismo pone a la gente y sus opiniones al borde. Han utilizado docenas de veces un término francés, combat (combate), para hablar de su vida diaria.
“Durante años, hemos tenido que acostumbrarnos a malas miradas y comentarios”, escribió Taslima Amar, de 30 años, que es profesora en Pantin, un barrio a las afueras de París. “Me han pedido que me vaya a casa, pero estoy en casa”. Amar y su marido quieren irse de Francia.
Laurie Abouzeir, de 32 años, estaba planeando abrir un negocio cuidando niños en su casa en Toulouse, en el sur de Francia, porque eso le permitiría trabajar llevando su velo, algo prohibido en algunos lugares de trabajo.
Muchas mujeres escribieron que el sentimiento contra los musulmanes se ha intensificado después del ataque contra la revista Charlie Hebdo en París en enero de 2015. Después llegaron los atentados de Bruselas, París y Niza.
Estos son algunos de los comentarios recibidos. Han sido editados y condensados y traducidos del francés.
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Dina Srouji es una estudiante en la Universidad de Gante en Bélgica. 
Credit
Gael Turine 

Dina Srouji, 23 años, Lebbeke, Bélgica. Estudiante y reportera en la Universidad de Gante.

“Cuando salió lo del burkini, me puse contenta por mi hermana que estaba de vacaciones y por fin podría jugar con los niños en la playa en vez de quedarse sentada a la sombra. Al principio de todo el drama, pensé ‘No les hagas caso, Dina, son solo un par de personas con la mente cerrada que no tienen nada mejor que hacer que odiar a los demás’. Pero el extremo al que se llegó! ¿De verdad? Pensé que Europa no era así. ¿Cómo es posible que en una sociedad moderna, tomar el sol desnudo sea aceptado pero ir a la playa vestida no?”

Hajer Zennou, 27 años, Lion, Francia. Diseñadora.

(Se refiere a la mujer rodeada por policías por llevar burkini en una playa) “Esto me recuerda a los primeros días de secundaria, cuando Francia prohibió el velo en las escuelas. Un profesor me obligó a quitarme el pañuelo delante de todos los demás. Me sentí humillada. Y hoy vuelvo a sentirme con el corazón roto. Vi a esa mujer, forzada a quitarse la ropa delante de todos y pensé, ¿Cuando terminará esto?

Charlotte Monnier, 23, Toulouse, Francia. Estudiante de arquitectura.

“Me siento insultada, literalmente escupida, cada día en el metro, en el bus, en la escuela. Aunque yo nunca haya insultado ni escupido a nadie. Soy musulmana. Y pienso seriamente en irme a vivir a otro país, donde las miradas de la gente no me hagan llorar cada noche en la cama”.

Samia Fekih, 36 años, París. Gestora de proyectos digitales.

“Tengo miedo de que un día me obliguen a llevar una media luna amarilla en la ropa como un día los judíos tuvieron que llevar la estrella de David”.
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Assia Boukhelifa, francesa de padres argelinos estudia ciencias políticas en Lille, Francia.
Credit
Ed Alcock 

Assia Boukhelifa, 22 años, Lille, Francia. Estudiante.

“Me parece loco que los franceses pretendan estar descubriendo el Islam y nos hablen de integración cuando estamos en la tercera o cuarta generación de musulmanes de origen norteafricano que vive en Francia”.

Hadjira Skoundri, 22 años, Toulouse, Francia. Auxiliar administrativa en un municipio.

“Tenía curiosidad por saber si en las ciudades en las que se prohibió ir a la playa con el burkini, los perros podían nadar. La respuesta era sí. Me escandaliza que los perros tengan más derechos que una mujer con velo”.

Ennaji Loubna, 30 años, Perpignan, Francia. Estudía un máster en Sociología.

“Soy una de las mujeres que viste el traje de baño de cuerpo completo. Solía estar acostumbrada a ver como otros disfrutaban del baño. Como mucho me metía en el agua con mi ropa de calle, lo que es totalmente antipráctico. Esta pieza de tela rompe mis cadenas”.

Sarah Nahal, 24 años, Grenoble, Francia. Estudiante de economía.

“Como joven musulmana, ya no me siento segura, pienso en irme al Reino Unido, donde puedo trabajar y vivir con normalidad. Y eso me pone triste porque amo mi país, Francia”.

Nadia Benabdelkader, 25 años, Roubaix, Francia. Estudiante.

“Mi padre vive en Francia desde los 8 años y ha trabajado desde los 14, pero pese a todo, no es suficiente para que Francia nos vea como ciudadanos, porque mi velo les molesta. ¿Qué podemos hacer? Asumir valor y luchar con lo que tenemos a mano: conocimiento, diplomas y voluntad”
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