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viernes, 23 de septiembre de 2016

Afroamericanos en un disparadero. Charlotte, en estado de emergencia

Resultado de imagen de Charlotte

De nuevo se producen disturbios en Estados Unidos por la muerte de una afroamericano a manos de la policía. Para restablecer la paz en Charlotte hace falta algo más que la Guardia Nacional.
Bueno, ahora sucede en Charlotte. Las imágenes procedentes de la mayor ciudad del estado de Carolina del Norte nos recuerdan a Ferguson, Baltimore, Cleveland, Baton Rouge o Tusla. Manifestantes, en algunas partes dispuestos a usar la violencia, concentrados en las calles de la ciudad, alborotan, saquean negocios y bombardean con piedras a los policías cercanos. Muchos están furiosos en Charlotte, porque de nuevo un policía mató a tiros a un afroamericano. Un hombre de 43 años que, según sus allegados, estaba desarmado. La policía afirma lo contrario.
La Policía debería aportar más claridad
Más claridad podrían arrojar las grabaciones existentes de una cámara policial. Sin embargo, la policía vacila en publicarlas, probablemente para no poner en peligro las investigaciones en curso. Esto podría ser conveniente legalmente, pero desde el punto de vista político es erróneo. Solo conlleva a aumentar la ya de por sí gran desconfianza hacia la Policía y el sistema judicial. Solo en los últimos siete días, el caso de Charlotte es el tercero de este tipo en los Estados Unidos. En Charlotte, cabe temer, solo se calmarán los nervios cuando se emitan las imágenes y eventualmente se sancione el comportamiento incorrecto del funcionario.
Si no, Charlotte confirmaría la narrativa extendida entre los afroamericanos: la Policía puede permitirse hacer todo lo que quiera, está por encima de la ley. Con demasiada frecuencia en los últimos años, los policías mataron a tiros a personas negras sin sufrir ninguna consecuencia penal. Una vez por falta de pruebas evidentes, otra por contradicciones entre los testigos, otra por empate en la sentencia del jurado.
La política se da un respiro
El fracaso de la justicia estadounidense no justifica sin embargo y de ninguna manera la violencia de los manifestantes. Los políticos de Carolina del Norte actuaron adecuadamente al declarar el estado de excepción y movilizar a la Guardia Nacional. Los bienes privados y públicos deben protegerse. La manifestación violenta no debe imponerse. Sin embargo, la presencia de las fuerzas de seguridad no será suficiente para devolver la tranquilidad a las calles de la ciudad. Con la movilización de la Guardia Nacional, la política en el mejor de los casos puede permitirse darse un respiro.

Mientras tanto, el tema de la violencia policial influye en la campaña electoral presidencial y desempeñará un papel relevante en el primer debate televisivo entre ambos candidatos. Independientemente de cual de los dos sepa sacar mejor provecho a su retórica, por un lado -Hillary Clinton quien argumenta como siempre de forma reflexiva y diferenciada, o Donald Trump, con su cantinela sobre ley y orden- eso no cambiará un mal de fondo de la sociedad estadounidense: demasiados policías en Estado Unidos actúan precipitadamente en situaciones peligrosas, irreflexivamente y sin profesionalidad.
Esto es así por muchos motivos. Entre otros, porque los policías estadounidenses en cada operación policial cuentan con que serán asesinados a tiros, porque en el país hay más armas que habitantes. Además, las comunas están en apuros: no hay dinero para una formación exhaustiva de los funcionarios. Con frecuencia trabajan con las patrullas tras tan solo un par de meses de formación, se sienten desbordados o solos cuando la situación es crítica. Entonces ocurren errores con rapidez, errores con consecuencias trágicas.
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