Sigue el blog por EMAIL. Seguir por EMAIL

miércoles, 31 de agosto de 2016

Solo quedan cuatro alternativas para el socialistas/ podemita Sánchez.... y con todas "muere"



Resultado de imagen de pedro sánchez
No es justo que un injusto mentecato meta presión a un ilustre de la política. Decía Quevedo que donde hay poca justicia es un peligro tener razón. En el ecosistema político no suele gobernar la justicia. Son muchos los líderes que han sufrido escarnio y luego son resarcidos por la historia, y viceversa. Las circunstancias son a veces implacables con los políticos. Que se lo digan a Pedro Sánchez, situado ante uno de los dilemas más peliagudos a los que se ha enfrentado un secretario general socialista en los últimos años.
Pedro el cruel/Sánchez puede que tenga razón. No es justo. No es justo para él perder las elecciones y no poder ejercer de jefe de la oposición, como sería lógico, máxime cuando podría hacerlo frente a un gobierno en minoría. La vocación del PSOE es gobernar o erigirse en alternativa y, por tanto, propiciar que su principal rival se perpetúe en el poder va contra su propia naturaleza.
A todo hay que añadir que Mariano Rajoy no se lo ha puesto fácil. Desde el principio, el presidente popular no se entendió con Sánchez, a quien considera inconsistente y un producto de marketing. Rajoy echa de menos a Alfredo Pérez Rubalcaba. No ha podido reprimirse en el uso de la burla ante el actual dirigente socialista, algo que no habría hecho con el anterior. Así que es comprensible que Sánchez se resista a “regalarle” a Rajoy cuatro años más en la Moncloa. Por si fuera poco, el PP le amenaza con unas elecciones el día de Navidad.
Nunca ha sido justo ganar unas primarias en el seno de su partido y tener que mirar constantemente por encima del hombro por si un compañero decide apuñalarle a la primera de cambio. Ni lo es que los primeros en presionar a Sánchez para que se ate la soga al cuello dando la presidencia a Rajoy sean precisamente todos sus predecesores, empezando por José Luis Rodríguez Zapatero, Rubalcaba o Felipe González.
Por si fuera poca desdicha para el socialista, la posibilidad de intentar un gobierno con Unidos Podemos está vedada, ya que en el PSOE –y en eso el consenso interno es amplio– no están dispuestos a pactar con ERC y la antigua CDC con el referéndum catalán como condición. Esa vía está cerrada.
Sánchez ha consumido un mes exigiendo a Rajoy que se presentara a la investidura. A partir de mañana, ambos se dedicarán al duelo del País Vasco y Galicia, ya que esas elecciones serán muy influyentes. Pero en octubre llegará la hora de la verdad.
Colocado entre la espada y la pared, Sánchez tendrá entonces cuatro opciones como mínimo:
La primera consiste en sucumbir a las presiones y prestar una “abstención patriótica” de sus diputados para que gobierne Rajoy. Después de todo lo dicho, el bochorno sería mayúsculo.
La segunda es aceptar unas terceras elecciones, en cuyo caso debe de estar muy seguro de que el resultado le será propicio. Si no es así, su final político está cantado.
La tercera estriba en recuperar la idea de una investidura de Rajoy apoyada por Ciudadanos, PNV (tras las elecciones vascas), Coalición Canaria y el voto del único diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, elegido en las listas del PSOE, pero que no milita en este partido y está adscrito en el grupo mixto. En el fondo, sería una derrota de Sánchez, pero atenuada.
La cuarta comporta elecciones, pero permitiría a Sánchez responsabilizar a Rajoy. Se trata de exigir la cabeza del líder del PP para desbloquear la legislatura. Aunque pueda haber alguno en el partido que lo desee, es muy improbable que los populares se sometan a esa condición. Sánchez se sacudiría la carga de las elecciones, pero Rajoy afrontaría esos comicios como un plebiscito sobre su persona.
Todas las opciones pasan por una decisión de Sánchez. Todas son desagradables y arriesgadas para su futuro. Todas pueden ser injustas bajo su punto de vista. Pero en política no siempre triunfa la justicia.
Publicar un comentario