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viernes, 12 de agosto de 2016

Podemos pierde su identidad en Galicia y el PSOE cambia a sus candidatos.


Villares será el candidato y buscarán una fórmula para unas primarias conjuntas

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En Marea y Podemos Galicia apuraron las negociaciones hasta el último minuto que permitía una coalición para acabar pactando una integración que les permita sumar sus votos en las urnas en las próximas autonómicas y tratar de liderar así la oposición o el gobierno alternativo al PP. Salvo una pequeña parte de la formación morada, que reclamó desde hace semanas acudir en solitario a las elecciones, todo el entorno político, desde los líderes hasta las bases, clamaban por un acuerdo que se enquistó el último fin de semana de julio.
Las respectivas direcciones han forzado hasta el límite para ponerse de acuerdo y evitar un escenario inédito en la izquierda y el nacionalismo gallego, con cuatro partidos con posibilidades de obtener representación, amén del Partido Popular y Ciudadanos. El objetivo era relativamente sencillo y las posiciones de salida, razonables: En Marea quería que Podemos se integrara en su partido instrumental diluyendo su marca como han hecho otras formaciones tras una asamblea constituyente celebrada a finales de julio en la que los tres alcaldes y promotores -Noriega, Ferreiro y Suárez - insistieron en superar modelos de concurrencia basados en coaliciones. En ese momento ya sabían que en la casa de al lado, Podemos Galicia, las bases estaban optando entre presentarse en solitario o ir en una alianza electoral similar a En Comú Podem, una coalición en toda regla. Salió lo segundo, y ahí marcó la línea roja la dirección de Podemos Galicia, avalada por sus militantes y la dirección de Madrid, deseosa aparentemente de «confluir».
Con esta situación de partida, la lógica negociadora invitaba a pensar que En Marea tendría que ceder aunque fuera a regañadientes y dar por buena la fórmula jurídica catalana, mientras que Podemos aceptaría algunas exigencias, entre ellas no poner en cuestión al líder «de consenso» -Luís Villares- que llevaba varios meses cocinando la cúpula de las mareas y, entre otras cuestiones, flexibilizar los procesos internos para acoplar candidaturas y votaciones a partir de un censo común. Podemos, con Pablo Echenique y Carolina Bescansa a la cabeza, aceptaron esas peticiones, y finalmente entregaron la cuchara de la integración cuando el acercamiento se daba casi por imposible.
Finalmente las mareas suman a un notable valor a su «espazo de unidade popular en pé de igualdade». Para sellar una negociación siempre hay que buscar salidas airosas para todas las partes, pero los alcaldes fueron tibios durante las al afirmar que solo se «pechaba» la puerta a una coalición, porque que la llave de la integración para las autonómicas quedaba debajo del felpudo.
Podemos Galicia no quiso dilatar más la situación. Desde la medianoche ha iniciado la recomposición de su agenda para adaptar los tiempos, cerrar el proceso de candidaturas de forma conjunta y, por fin, empezar a hablar de política con Luís Villares como candidato «de consenso» impuesto por las cúpulas de las mareas.
Pablo Iglesias, como sea

Cuando quedaban pocos minutos para la medianoche Pablo Iglesias envió un mensaje por una red social que invitaba a pensar en el acuerdo: «No hay nada por encima de la unidad cuando nos jugamos el cambio en Galicia. Podemos estará con En Marea sea cual sea la fórmula». A continuación, Xulio Ferreiro, que ha sido el más duro con la formación morada en las últimas semanas, agradecía la altura de miras de su colega, al tiempo que el madrileño agradecía el esfuerzo de Pablo Echenique y Carolina Bescansa, que acudieron a apoyar a Carmen Santos, secretaria xeral de Podemos en Galicia, que desde hoy mismo se encontrará un complejo panorama interno al saltarse el mandato de las bases de ir en coalición.

Los nacionalistas fueron un muro mientras que EU mostró su tibieza

Las negociaciones con Podemos no han sido del todo infructuosas. Han servido, entre otras cosas, para medir quién está vivo dentro de la marea y quién no, y Esquerda Unida (EU) se apunta por pasiva al segundo grupo. El tradicional partido, que tiene representación en la coordinadora a través de su secretario de Organización, Rubén Pérez, se ha quedado achicado por el protagonismo de los tres alcaldes, y tampoco ha mojado en el debate del candidato, capitalizado por Beiras y Villares, más identificables con el ala nacionalista del órgano instrumental. En la negociación, su papel fue prácticamente anecdótico, de seguidismo con los regidores y el ala nacionalista, que se comportó como un muro ante una delegación de Podemos que, a la postre, pagó cara la inexperiencia en política. Es, de alguna manera, el ADN de los que mamaron las confrontaciones internas del BNG.
La situación es muy delicada ahora para Esquerda Unida, por cuanto la fuerza de sus candidaturas se diluye con la aparición de Podemos y la influencia evidente del sector nacionalista.
La cúpula de Izquierda Unida también queda en evidencia. Su coordinador federal ha contribuido a la ceremonia de confusión de las últimas semanas al defender dos fórmulas radicalmente distintas para Galicia y el País Vasco. Alberto Garzón, en la misma rueda de prensa, llegó a criticar a Podemos por «obcecarse» con la fórmula jurídica en las negociaciones mientras en la otra comunidad pactaba una coalición tradicional.

En Marea inscribe fuera de plazo en la Xunta Electoral a su representante

En Marea inscribió ayer a su representante ante la Xunta Electoral, dos días después de que acabase el plazo para dicho trámite. Luís Villares, candidato de la formación, mantiene que todo procedimiento administrativo habilita 10 días para subsanar errores, por lo que cuenta con que sea admitido. Añade Villares que En Marea no recibió la certificación como partido hasta el miércoles, lo que motivó el retraso. 
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