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jueves, 4 de agosto de 2016

La política jibarizada de la ridícula izquierda asusta al presente y futuro de los españoles.

Nadie teme de su pasado, en cambio nadie es fiel a su futuro. Mientras el PP, el PSOE y Ciudadanos siguen engatillados en la política jibarizada de sus personalismos y sus partidismos, se ha producido en España una de las situaciones más graves desde el año 1492. El Parlamento de Cataluña ha puesto en marcha un meditado proceso de secesión que atenta contra la Constitución y contra la Historia. Tras cinco largos siglos de unidad nacional, corresponde a todos los españoles, y entre ellos a los catalanes, decidir sobre el futuro de Cataluña o de cualquier otra región española. ¿Dónde empieza y dónde concluye el derecho de autodeterminación? ¿Puede declarar su independencia Murcia, Logroño, Cartagena o Torrelodones? La Constitución de 1978 es abierta. En su artículo 168 señala el camino a seguir: se necesitan dos tercios del Congreso y dos tercios del Senado, nuevas elecciones y otra vez dos tercios de ambas cámaras. Y a continuación referéndum nacional para que decidan todos los ciudadanos españoles, libres e iguales ante la ley.
Lo que quiere una parte de la clase política catalana es mandar más. Y por supuesto taponar las corrupciones que corroen a sectores dirigentes especialmente sensibles. Por eso están pilotando un proceso de secesionismo que hasta ahora no ha tenido la debida respuesta. Ciudadanos aparte, ni el PSOE ni el PP han sabido responder al órdago secesionista que exige una política de Estado a corto, medio y largo plazo con copiosos presupuestos y una hoja de ruta clara y sin fisuras.
Esta España desvencijada y sin aliento no puede desbaratar el desafío del Parlamento catalán ni tampoco lo que se prepara para los próximos meses aprovechando la debilidad de un Gobierno fragilizado por los personalismos y los intereses particulares de los grandes partidos políticos. La España asqueada contempla con desprecio creciente lo que está ocurriendo en nuestra nación desde hace siete meses. Frente a uno de los mayores desafíos de los últimos cinco siglos contra el ser de nuestra nación, los dirigentes del Partido Popular, del PSOE y de Ciudadanos siguen anclados en la incertidumbre y el cinismo, como si el ombligo de España estuviera concentrado en sus ambiciones personales y en sus vanidades desbocadas. No se puede ser más irresponsable. España se despedaza y ahí están los señores Rajoy, Sánchez y Rivera dirimiendo naderías y espumas artificiales mientras los secesionistas catalanes, entre el reír de Oriol Junqueras y el rosmar deAda Colau, se frotan las manos y se aprovechan de la debilidad del Gobierno de la nación.
La investidura es ya, en estos momentos, una cuestión menor. PP, PSOE y Ciudadanos tienen el deber histórico de ponerse de acuerdo para enfrentarse, con la debida fortaleza, al desafío del presidente catalán y sus cómplices. Solo desde la unidad de los partidos constitucionalistas se podrá combatir el reto del secesionismo. Si las cosas continúan por el camino emprendido no quedará más remedio en muy poco tiempo que aplicar el artículo 155 de la Constitución con la suspensión total o parcial de la Autonomía de Cataluña. Decisión de semejante calibre solo se puede tomar desde la unidad de los partidos constitucionalistas que parecen jugar a los galgos y los podencos mientras el lobo del secesionismo aúlla ya entre los tobillos de España.
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