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domingo, 14 de agosto de 2016

Italia, otro enfermo económico de la UE

La plaza donde está la entrada a la sede central del Monte dei Paschi di Siena
La plaza donde está la entrada a la sede central del Monte dei Paschi di Siena REUTERS
Italia concentra la mayor parte de las dudas respecto a la recuperación europea yse ha convertido en el centro de las preocupaciones, porque una recaída del país podría tener consecuencias letales para el conjunto de la Unión. Se trata del tercer país más importante de la zona euro, pero su economía se ha estancado después de meses de leve mejora y los datos publicados por el Eurostat son peores de lo esperado. El país transalpino afronta serios problemas de endeudamiento público y de morosidad bancaria, a lo que se suma la posibilidad de una nueva crisis política en otoño, cuando se celebrará un referéndum que podría terminar con la renuncia del primer ministro, Matteo Renzi, quien ha prometido que dimitirá si su reforma de la Constitución no obtiene el apoyo de las urnas.
Entre los meses de abril y junio, la economía italiana ha registrado un crecimiento cero que incluso ha superado los peores pronósticos, que apuntaban a un mínimo 0,15% de avance (frente al 0,3% esperado por el Gobierno). La razón principal del estancamiento está en la industria, que retrocedió un 0,4% en junio con respecto a mayo y un 1% frente al año anterior.
El crecimiento ha sido de un modesto 0,7% respecto al año pasado, cifra que contrasta con el 3,2% de España. En Italia, es preocupante ver cómo la demanda nacional se contrae y solo las exportaciones son el principal motivo de que las cifras no sean todavía peores. Con este panorama, el Gobierno ya se plantea rebajar las perspectivas de crecimiento tanto para este año como para 2017, según adelantan los dios locales. El diario económico Il Sole 24 Ore publica que el crecimiento del país será del 0,6% para final de año, es decir, la mitad de lo previsto por el Gobierno el Lo ha reconocido el viceministro de Economía, Enrico Morando: "No hay duda de que, basándonos en estos datos, parece difícil conseguir el objetivo de crecimiento que habíamos fijado para el 2016, del 1,2%". Sin embargo, Morando justifica que la situación de la economía italiana depende en gran parte "del contexto internacional, que es cada vez más incierto".
A la falta de crecimiento se suman los problemas del sistema bancario, que podrían provocar en Italia una tormenta perfecta. El Fondo Monetario Internacional puso el mes pasado el foco sobre la banca italiana, porque las entidades transalpinas acaparan créditos morosos por valor de 360.000 millones (el 22% del PIB del país), que supone un tercio de todos los de la zona euro. "El contagio regional y global puede ser significativo dado el peso sistémico de Italia", advertía el FMI.
El endeudamiento público es el tercero de los grandes aspectos que más preocupan en Bruselas sobre Italia, el país más endeudado de Europa tras Grecia —más del 132% del PIB—. Esta cifra tenderá a empeorar si no llega el crecimiento.
El estancamiento de la economía italiana ha supuesto "una ducha de agua fría sobre el Gobierno de Renzi, que confiaba en encontrar nuevos recursos para asignar a pensiones y a inversiones y que esperaba buenas cifras para poder con ellas convencer a la Unión Europea de otorgar una mayor flexibilidad en las cuentas públicas", afirma el diario Repubblica.
La deriva del país dependerá, en gran medida, de su primer ministro, Matteo Renzi. Los expertos ya dan por hecho que harán falta nuevas reformas estructurales. "En un contexto económico internacional que se ha complicado, Italia confirma sus dificultades a largo plazo. No hay alternativa a una política económica con reformas estructurales y la recuperación de la competitividad, perjudicada tras años de timidez", explica Andrea Goldstein, director general de la consultora Nomisma.
El analista Nicola Saldutti opina que "es evidente que será necesaria una iniciativa común" y alerta de que, con este escenario, se abre una cuestión política, porque los partidos de la oposición acusan a Renzi de no lograr la recuperación del país. Todo podría estallar si Renzi dimitiera en otoño y se desencadenara una crisis política que termine con el poco habitual periodo de estabilidad que vive el país desde hace más de dos años.
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