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martes, 16 de agosto de 2016

El sexo ocasional no convence a las mujeres


La prueba del algodón que demuestra que no estamos tan sexualmente liberados como creemos es el sexo ocasional. Mientras exista la parejita todo va bien, podemos entender y aceptar casi todo, lanzarnos a explorar los misterios de la carne y hacer el triple salto mortal sin red. El problema empieza cuando hablamos de relaciones con extraños y sin día después. Entonces retrocedemos décadas, en las que las diferentes biologías de mujeres y hombres marcaban, inexorablemente, sus comportamientos en una tipología fácilmente predecible. Es muy probable que el sexo ocasional solo sea productivo para los fabricantes de preservativos pero no para una sociedad que busca hijos o vínculos a los que poder engatusar con una idea de felicidad dominguera, traducible en servicios y productos disponibles para su venta. El sexo ocasional es el outsider de la sexualidad. Los millennials lo saben, aunque sea inconscientemente, y se embarcan en relaciones de pareja, aunque éstas duren menos que un contrato basura, pero la mayoría optan por tener novios, no ligues, ni amantes, ni rollos de una noche.
Todavía abunda la literatura y los estudios que pretenden demostrar que el sexo esporádico no solo puede traernos una ETS, si no somos precavidos, sino consecuencias psicológicas indeseadas, especialmente a las mujeres cuya naturaleza no parece haber sido diseñada para el fuck and go. La psicóloga Anne Campbell, de la Universidad de Durham, Reino Unido, realizó un estudio con 1.743 hombres y mujeres que habían mantenido sexo esporádico de una sola noche. Cuando se les preguntó si habían disfrutado, el 80% de los varones respondió afirmativamente, pero esta proporción descendía al 54% en el caso de las féminas. Muchas de ellas experimentaron sentimientos de culpa, se sentían utilizadas, mientras otras expresaban su deseo de que la relación fuese más allá de un solo encuentro.
Respecto al tema de alcanzar el orgasmo, todos sabemos que las mujeres estamos en franca desventaja. Según una investigación llevada a cabo por la socióloga Paula England, de la Universidad de Nueva York, que siguió la vida sexual de 24.000 estudiantes durante un periodo de 5 años; las mujeres solo alcanzan el orgasmo en un 40% de sus encuentros esporádicos, mientras que en los hombres esta proporción se duplica hasta el 80%. Pero si lo hacen con sus parejas, las féminas llegan al clímax un 75% de las veces.
Cuando parecía que las mujeres no servíamos para los encuentros fugaces otro estudio, publicado en 2014 en Social Psychological & Personality Science, esta vez por parte de Zhana Vrangalova, profesora de psicología y experta en sexualidad de la Universidad de Nueva York, llegaba a la conclusión de que el sexo sin ataduras podía ser una buena herramienta para aumentar nuestra satisfacción, autoestima y reducir los niveles de estrés, ansiedad y depresión. El quid de la cuestión parece ser, según esta psicóloga, en tener o no tener lo que ella llama “sociosexualidad”, una actitud que viene determinada por la motivación que uno tenga hacia este tipo de encuentros, sumado a experiencias pasadas. Aquellos con una baja sociosexualidad estarán, sin embargo, más inclinados a las relaciones estables. Vrangalova monitoreó a 370 estudiantes durante nueve meses sobre sus sentimientos, ideas, nivel de deseo y comportamientos respecto al sexo, especialmente al esporádico. El 42% de aquellos que mantenía una actitud más abierta se definieron como sociosexuales y mostraban una mayor autoestima y menos tendencia a la depresión que los poco favorables a enredarse en las sábanas con alguien que no fuera su pareja.
Vrangalova cree que todavía existen muchos fantasmas respecto al sexo casual y que pocos reconocen tenerlo abiertamente, especialmente las mujeres, por temor a ser tachadas como fáciles o porque esto repercuta en la posibilidad de encontrar pareja estable. Para desestigmatizar al sexo de una sola noche esta experta ha creado la web The Casual Sex Project, en la que personas anónimas cuentan sus experiencias en este terreno, las buenas, malas, feas, hermosas, surrealistas, divertidas o tristes. Como la vida misma.
Revolcones sin efectos secundarios
Cualquier mortal con dos dedos de frente sabe que la seguridad en el sexo entre extraños es primordial y el preservativo imprescindible e innegociable. No hay que fiarse de las apariencias, los malos, los virus y las enfermedades de trasmisión sexual no vienen ya en formato desaliñado, sucio y con tatuajes en los bíceps. Se han modernizado y han adoptado todos los looks posibles, incluidos los menos sospechosos. Según Ana Yáñez, psicóloga, sexóloga y directora del Instituto Clínico Extremeño de Sexología –en Mérida-, “la mayor parte de la gente utiliza el preservativo en la penetración pero todavía hay una gran número de personas que no se lo pone para el sexo oral y esto es indispensable, tanto en hombres como mujeres. Existen unos parches de silicona para el cunnilingus pero, si no se tienen a mano, se puede utilizar un preservativo cortándolo por la mitad”.
Las consecuencias psicológicas del sexo sin amor son, para muchos, las peores. El preservativo protege nuestras mucosas pero no nuestra psique. Un artículo del Psychology Today ahondaba en la resaca anímica de esta modalidad sexual, apuntando a que no hay demasiados estudios al respecto y que la mayoría se centran en indagar si el sexo esporádico provoca o no depresión y baja autoestima. “Pocos de estos estudios buscan otras posibilidades o causas para una falta de bienestar anímico”, apuntaba el reportaje, “los sujetos pueden estar deprimidos porque han perdido el trabajo, no porque hayan tenido sexo casual y se sienten mal por ello. De hecho, la depresión o la falta de autoestima es una de las razones por las que muchos se embarcan en este tipo de relaciones, en un esfuerzo por sentirse deseados, aunque solo sea por unos breves instantes. En este caso el sexo casual es el resultado, no la causa”.
Años de historia nos han inculcado que las relaciones al margen de la pareja eran peligrosas, inmorales, jugaban con los sentimientos de las personas y eran insatisfactorias.No es de extrañar que muchos necesiten algo más de tiempo para sacudirse estos fantasmas, que ya no se disfrazan de moral sino de terapeutas psicológicos que nos tumban en un diván y nos ametrallan a preguntas existenciales sobre placer, amor, emoción, deseo, expectativas o frustración.
Según Ana Yáñez, “todo depende de la visión que tengamos de este tipo de relaciones. Generalmente, las personas que se sienten utilizadas a la mañana siguiente son aquellas con una moral más restringida o las que, en realidad, buscan una pareja estable y no acaban de encontrarla. En este tipo de relaciones siempre se habla de que hay que ser sincero con el otro/a y no darle falsas esperanzas, pero igual de importante es ser honesto con uno mismo y saber en todo momento que es algo pasajero sin, a priori, mayores consecuencias. Si esto está claro, hay muchas personas que, incluso, logran desinhibirse más que con alguien en el que hayan puesto alguna expectativa. No hay que ser perfecto, ni quedar bien, ni pasar ningún examen y esa falta de presión les permite disfrutar más”.
Además, las aventuras de una sola noche no están exentas de emociones ni sentimientos. La bondad de los extraños. “No se puede separar la emoción el placer”, apunta Yáñez, “el trabajo a realizar en este tipo de contactos es saber diferenciar entre amor y emoción. En las relaciones sexuales siempre hay afecto, pero éste es un estado temporal, pasajero y puntual. El amor lleva más tiempo y necesita de más cosas para consolidarse. Aunque también se corre el riesgo de que alguien se enganche a esta sensación y no pueda embarcarse en relaciones estables”.
Por último, en el fragor de la batalla hay que evitar ser inmortalizado/a en las redes sociales o caer en la tentación de mandar fotos al desconocido/a el día después, ya que no sabemos donde pueden acabar. Tampoco es obligatorio contárselo a los amigos en la barra del bar junto a un sol y sombra. Todos tenemos un jardín secreto. A veces, al carecer de otro público, éste es el único del que disponemos.
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