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domingo, 28 de agosto de 2016

Bikini, burkini o Burka con agujero de TopLess.

El tribunal francés se equivocó.

Resultado de imagen de Bikinis o burkas

La asimetría con la que hablamos de los deportistas es llamativa: de ellos destacamos sus virtudes deportivas. De ellas, su aspecto físico, edad o estado civil

Fuera de las pistas, el deporte más comentado estos Juegos Olímpicos es el machismo. El enfrentamiento entre los equipos femeninos de vóley playa de Egipto y Alemania desató la discusión biquini versus burka. ¿No es el uniforme corto y ceñido de las alemanas tan machista como el burka? Y, en general, la asimetría con la que hablamos de las, y los, deportistas es tristemente llamativa. De ellos destacamos sus virtudes deportivas. De ellas, su aspecto físico, edad o estado civil. De Corea a EE UU, la prensa del mundo teóricamente desarrollado viene llena de artículos denigrantes. Que si ha ganado medalla “la mujer de fulanito” o que si la tal campeona “está buscando novio”. Tampoco se libran algunos periodistas españoles y sus análisis de las “deportistas más sexis de los Juegos”.
Para explicar este machismo, recurrimos a chivos expiatorios. Primero, la organización de los Juegos Olímpicos, siempre una propicia encarnación del mal. Cuando, en realidad, los Juegos son uno de los pocos eventos deportivos donde las mujeres son tratadas con un mínimo de dignidad. El 45% de los atletas olímpicos en Río son mujeres. Comparemos esa cifra con el porcentaje de atención que los deportes femeninos obtienen en otras esferas. Cualquier día del año, para cualquier sección de deportes de cualquier medio de comunicación de cualquier país del mundo, las mujeres deportistas apenas existen.
Con lo que, y aquí vamos al segundo chivo expiatorio, no podemos cargar contra los periodistas. Reprobemos sus comentarios estúpidos. Pero no son más sexistas que los de un espectador, o tuitero, medio. Reprobemos que no dediquen más tiempo a alabar las gestas deportivas femeninas. Pero los responsables somos quienes centramos el 95% de nuestro interés deportivo cotidiano en competiciones masculinas. Somos nosotros quienes asociamos deporte con hombres.
Ese es el problema de fondo. Y donde ponen esfuerzo las sociedades más avanzadas en la lucha por la igualdad de género. Que, de la escuela al telediario, haya un equilibrio de género y las mujeres no sean tratadas como cheerleaders
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