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martes, 12 de julio de 2016

Víctor Barrio y loa indeseables de las redes.

La espeluznante muerte en la plaza de Teruel del torero Víctor Barrio ha desatado un alud de comentarios en las redes sociales en los que algunos indeseables -en su mayoría escondidos en el anonimato- han vomitado los más rastreros instintos de la naturaleza humana. Los más suaves se alegraban de la cogida mortal y otros usuarios enlazaban sus comentarios soeces y sangrientos en Twitter o en Facebook con las cuentas de los familiares del torero fallecido, especialmente de su mujer, la periodista Raquel Sanz.
En primer lugar, hay que decir que estos seres despreciables en absoluto representan a las personas antitaurinas. Son gamberros que saltan a las primeras de cambio por ésta o cualquier circunstancia -un accidente, una lesión deportiva...,- para sacar a la luz pública lo peor de sí mismos. Lo resumía así la Guardia Civil el domingo, al escribir en la cuenta oficial de Twitter del Cuerpo: "Desear o alegrarse de la muerte de otro no es delito, pero denota mezquindad. En RRSS #respeto #DEPVíctorBarrio".
A pesar de ello, algunos usuarios han denunciado los tuits ofensivos contra Barrio y su familia a la Unidad de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil por si hubiera en ellos amenazas o vejaciones que pudieran ser constitutivos de delito. Es de esperar que los gestores de estas redes sociales presten su máxima colaboración a las Fuerzas de Seguridad para identificar a estos impresentables usuarios. Y deberían también aplicar sus políticas de seguridad para silenciar las cuentas desde las que han salido los insultos, aunque sea fácil crear otras desde las que seguir molestando. No es responsabilidad de las redes sociales, sino una cuestión de respeto y educación. Todo lo que falta a esos cobardes que prostituyen esos altavoces sociales usándolos para fines espurios.
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