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jueves, 7 de julio de 2016

Rajoy manda a Pedro Sánchez a correr los Sanfermines. Igual no regresa..Un toro....


Más allá de la crisis del PSOE, que no es pequeña, el problema de España es que Pedro Sánchez se siente burlado y humillado, y que no tiene el sosiego necesario para tomar decisiones que van más allá del momento presente y de su interés personal. Y por eso se está metiendo en un peligroso juego al gato y el ratón en el que nuevamente se va a dar de bruces contra la puñetera realidad.
Lo que humilla a Sánchez es un resultado doblemente adverso que convierte en infantil su discurso del cambio y hace ridícula su enfermiza obsesión con un Rajoy que, descrito por el propio Sánchez como vago, indecente, sin atractivo personal, corrupto, sañudo y mentiroso, le gana siempre por la mano. En circunstancias tales, cualquier derrotado aborda su infortunio magnificando al ganador y haciendo épica su derrota. Pero el reconcome de Sánchez le impide hacer cosa tan lógica y tan fácil, por lo que no puede evitar el sentirse humillado por el candidato más débil de la historia. Y lo que le hace sentirse burlado es que, habiendo ideado la cabriola de la investidura fallida, con gran regocijo de sus palmeros, no supo calibrar los efectos del «paso palabra» que le planteaba Rajoy, que en solo dos tiempos, y prácticamente sin pestañear, lo hizo comparecer, derrotado y sin discurso, a las elecciones de junio.
La lógica de partido sería, en este caso, pedir un armisticio. Dejar gobernar al ganador en medio de fuertes controles, y dedicar los esfuerzos a rectificar posiciones y reorganizar huestes para dentro de cuatro años. Pero el reconcome personal de Sánchez le impide ser inteligente y generoso, y, creyéndose dueño de una lección duramente aprendida, quiere propinarle a Rajoy el mismo desgaste que Rajoy usó con él. Y con este fin se va a sentar en la solera de su puerta hasta ver pasar el cadáver de su enemigo.
Por eso, porque no me gustaría que el PSOE llevase la tercera malleira, quiero descubrirle a Sánchez los dos secretos básicos del juego del ratón y el gato: que en este crudelísimo juego político los papeles no se escogen, sino que los asigna el pueblo con sus votos, por lo que Rajoy juega de gato y Sánchez de ratón; y que este juego traidor no plantea una batalla equitativa, en la que cualquiera puede ganar, sino que el gato -sin que la historia registre excepciones- siempre se come al ratón.
Mariano va a ir, creo yo, a una investidura inminente. Si gana, ya ganó. Y si pierde las dos votaciones, con sus deberes hechos, se sentará a la puerta de casa a esperar una de dos: que venga Sánchez -o su sucesora- a ofrecerle una abstención colaboradora y leal; o que unas terceras elecciones, convocadas por el empecinamiento de Sánchez, le lleven en volandas hacia la mayoría absoluta. Porque el ratón, querido Pedro, nunca se comió al gato. Y porque «crudelius est quam mori semper timere mortem».
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