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sábado, 30 de julio de 2016

La docta dictadura es el único antídoto que carnea la torpe democracia. Hombre de la esquina (Borges)

Hoy que el Papa Francisco está clausurando, se DESPIDE LA XXXI JMJ CON UNA MULTITUDINARIA MISA EN CRACOVIA con su acertado vaticinio de que confía a los jóvenes el objetivo de construir una "nueva humanidad" Y después de nombrar a Panamá para los siguientes encuentros de la juventud. El Papa cree que la democracia no puede sacar adelante un proceso humanitario justo y digno. 

El vientre de la Lujanera es una plaza soleada y sus pechos “dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos”. El Corralero, la boca aindiada y la chalina baya, se enfrenta en la taberna con el Pegador, al que respaldan el hembraje y los bolaceros. La Lujanera, el personaje de Borges, le entrega a su hombre el cuchillo cachicuerno. Al ver que el Pegador permanece con el rabo entre las piernas, él erecto, el Corralero proclama: “De asco, no te mato”.

Si la remora socio/política de Albert Rivera contribuye con sus veladuras a encender la hoguera de unas terceras elecciones o a facilitar el disparate de un Gobierno de Frente Popular, la España asqueada le carnea sin piedad. En solo seis meses ha perdido el 20% de sus diputados. En una tercera elección durante el rencoroso otoño, si se le considera responsable de ella, podría quedar disuelto. Ni siquiera como fórmula táctica para terminar cediendo a cambio de cargos suculentos, debe continuar Ciudadanos con la pantomima de la abstención en lugar de adelantar el sí que despejaría la situación. Son ya muchos los que aseguran que Albert Rivera es un cajetilla.

Los partidos políticos en una democracia plena -no corrompida por ellos mismos- son los cauces para solucionar los problemas de la nación. En España se han convertido en un problema en sí mismos en lugar de ser una solución. Las encuestas más solventes sitúan a los partidos políticos en el tercer puesto entre los diez problemas más graves que agobian al pueblo. El espectáculo que están dando a la ciudadanía es de vergüenza ajena. Sobre el interés general, arrumbado en el zaquizamí de la política, predomina el personalismo, el partidismo, los intereses espúreos de capillitas y campanarios. La España asqueada contempla con desprecio creciente a los prepotentes, a los mambrullos y a los garleros de una clase política en la que predomina, sobre la alarmante corrupción, la mediocridad.

Ya hace años que el español de clase media y baja -ya todos son baja-, sangra hasta la hemorragia por unos impuestos casi confiscatorios, le resulta insoportable la voracidad, la prepotencia y la vulgaridad de la mayoría de sus líderes políticos. La España asqueada que desprecia a la clase política está a punto de explotar.

Es justa y necesaria, la crítica a los partidos políticos en el primer tercio del siglo XX, como he recordado en alguna ocasión, se tradujo en el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia, el estalinismo en Rusia, el franquismo en España, el salazarismo en Portugal… Cualquier forma de dictadura o totalitarismo es mucho peor que lo que tenemos. No se trata de suprimir los partidos políticos o los sindicatos. Se trata de regenerarlos, de democratizarlos, de exigir que se pongan al servicio del interés general en lugar de dedicarse a satisfacer ambiciones de clase o de casta con escandalosa atención a parientes, amiguetes y paniaguados. Los dirigentes políticos han obligado a apretarse el cinturón a empresas, instituciones y particulares, a todos menos a los partidos que siguen entregados al cínico despilfarro.

Rajoy, en fin, no debería olvidar, ahora que vive su luna de hiel, lo que aconteció en la esquina rosada de Jorge Luis Borges cuando el Corralero, jayán fuerte y bermejo, salió de la taberna, enhiesto y bien apretado a la Lujanera, mientras sonaba la milonga “linda al ñudo de la noche”.
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