Sigue el blog por EMAIL. Seguir por EMAIL

sábado, 16 de julio de 2016

EL GATO DE SCHRÖDINGER sigue vivito y cojeando.

DOMINGO. Lviv (Ucrania). Desayuno en el comedor del hotel mirando tras los cristales la lluvia que azota las casas de enfrente, casas de ese estilo austriaco que se encuentra en toda la Europa del difunto Imperio, arquitectura como una declaración de solidez, orden y rigor desmentida por los cataclismos de la historia. Se cae a pedazos el revoque de las fachadas cuarteadas y del mástil pende una bandera empapada y sucia como si la lluvia cayese impregnada de hollín. Es la bandera azul y amarilla de Ucrania, un país que fue polaco, austrohúngaro, soviético. Por la radio hablan del funeral del barítono Wassyl Slipak (Lviv, 1974), que abandonó la ópera de París, donde vivía desde 1996, y se alistó como voluntario en el séptimo batallón del grupo paramilitar ultranacionalista Pravy Sektor (Sector Derecho) para combatir por Ucrania en el Este del país. El otro día lo abatió un francotirador en el pueblo de Luhanské, a 50 kilómetros de Donetsk. Tenía 40 años. Hoy mismo, esta noche, podría estar en París, cantando su ópera preferida, el Fausto de Gounod...
Del Este van llegando a Lviv ataúdes y familias de refugiados. Por los altavoces después de las noticias suena Dean Martin alias Mister Cool.
MARTES. Sobre la entropía -la ley que rige la vida y la deriva universal, la ley del deterioro y de la fatalidad- y sobre la muerte, las victorias son raras, pero ocurren. En algunos casos es posible vencer al tiempo y recobrar los atributos de la juventud, que es donde reside 'toda la belleza del mundo'. He sido testigo de casos asombrosos. Una operación de cataratas, que para los cirujanos oculistas es casi una rutina, obtiene resultados que en los Evangelios estaban reservados a los fabulosos milagros de Jesús. A Carlos, y a tantos como él que andaban reventados todo el día, con la hepatitis C destruyéndoles el hígado, condenados a una permanente minusvalía y una muerte temprana, las nuevas (y caras) antivirales los han dejado como nuevos. ¡Han recobrado literalmente la juventud!
La literatura también convoca fuerzas capaces de vencer a la misma muerte: en el mito de Orfeo y Eurídice, la música. En ¿Quién se ha llevado a Doruntine?, novela de Kadaré inspirada en una balada medieval albanesa, la solemne promesa de un joven caballero de que bastará con que su hermana le invoque para que él, allá donde esté y cueste lo que cueste, corra a buscarla, le hace volver de la tumba en una fantasmal cabalgata sobre su lápida convertida en corcel. En El ojo de Nabokov la sola fuerza de la imaginación mantiene en vida al protagonista muerto. En el relato de Bioy Casares En memoria de Paulina los celos de un marido le hacen volver de ultratumba para espiar los romances de su alegre viuda. Etcétera. Es verdad que la palabra dada, la imaginación o los celos, en determinadas proporciones, llevadas a ciertos extremos... son fuerzas capaces de cualquier cosa.
MIÉRCOLES. De vuelta en Barcelona, me encuentro con el notario José Manuel de Ellegarri en el ascensor. '¿Qué, señor Ellegarri? ¿Van las cosas mejor? ¿Se escritura? ¿Se escritura?'. Responde que las cosas se están moviendo un poquito. Pregunto: '¿Pero un poquito más que en el 2012, o un poquito más que en el 2008?' No lo puede cuantificar exactamente, dice, pero 'la gente ha hecho ya sus reajustes. La gente quiere hacer cosas. Quiere tirar adelante, comprar el piso, montar una empresa aunque corriendo algún riesgo. Al fin y al cabo vivir es arriesgarse'.
Es un notario un poco filosófico. 'Además', añade, 'el hecho de que no tengamos Gobierno, ayuda'. ¿Cómo es eso, no debería ser al contrario, no debería la interinidad generar más incertidumbre y temor? Según el señor notario 'sin Gobierno no hay leyes nuevas en el horizonte; y piense que para los negocios la estabilidad legislativa es muy estimulante. El saber que no vienen sorpresas'. Ya, ¿pero a medio plazo?... Pero hemos llegado a su piso, y Don José Manuel sale encogiéndose de hombros como diciendo no soy el oráculo de Delfos.
JUEVES. Según un dicho catalán qui no té feina, el gat pentina (quien no tiene trabajo, peina al gato). La pugnaz inquisición de los jueces López y Espejel contra el concejal del ayuntamiento de Madrid Guillermo Zapata (han reabierto tres veces, tres, la causa por el tuit o chistecito desgraciado sobre Irene Villa, hasta imponer la apertura del juicio) es la apoteosis de la justicia como quisquillosidad. Es el espacio basura o residual de la actividad jurídica: la secuela estéril que dejan inmensos esfuerzos particulares y recursos públicos; por un lado dos jóvenes aplicados que estudian Derecho, superan oposiciones muy difíciles, suben en el escalafón, se asientan en la Audiencia Nacional y... y entonces, a instancias nada menos que de Manos Limpias, se movilizan jueces, fiscalía, policías, secretarios, ujieres, taquígrafos, etcétera, en torno al tuit del año 2011 en el que sus señorías cifran a saber qué quintaesencias rigurosas.
¡Cuánto dinero, tiempo y energía dilapidados! Cuánto papeleo y electricidad. Es la Casa desolada de Dickens, en garbancero. Esto en un país lacerado por la crisis, asqueado por el despilfarro público y donde la justicia es más lenta que el caballo del malo, lo que ya de por sí la desacredita sin necesidad de que los magistrados López y Espejel, contra el criterio del juez instructor y de la fiscalía, insistan tres veces, tres, en lo menudísimo, en lo insignificante, en lo trivial, en el grado cero de la ley como si fuese el rompeolas de la Justicia y del respeto a las víctimas, a las que por cierto tanta insistencia instrumentaliza. Así es como se desacreditan las instituciones más altas y las causas más nobles caen antipáticas.
Publicar un comentario