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miércoles, 20 de julio de 2016

Albert Rivera, dos opciones a elegir. La misera corrupción del PSOE o la prosperidad con transparencia del PP, eligió esta última.

En mi caso hubiese elegido igual que el líder de Ciudadanos. 
Hay periodistas que cobran por ser de derechas  y amparan a los otros bigasrdos. Mariano Rajoy amaneció acariciado, casi acunado, por los medios informativos. Casi todos veían un insólito pacto con los nacionalistas que le mantendría en el poder. El motivo es que habían aparecido en el Congreso diez papeletas de voto de padre desconocido que respaldaban a uno de sus candidatos a la Mesa de la Cámara. ¡Son de los nacionalistas!, exclamaron los investigadores. El único nacionalista dispuesto a hablar fue el catalán señor Homs, que está a punto de pedir una prueba del ADN para demostrar que no es suya la paternidad; pero, como dijo que «las votaciones son secretas», dejó abierto el campo de la sospecha.
Estando en esa celebración del hombre del que se llegó a decir que «también habla catalán en la intimidad», apareció Ciudadanos y lo soltó: no entrará en un acuerdo en el que estén quienes quieren romper España. Si hay ese pacto, ellos votarán no a Rajoy. Fin de la fiesta informativa. Vuelta a donde estábamos, que es la dificultad de construir una mayoría para la investidura. Otra vez el indicador de carretera que señala «Terceras elecciones». Otra vez la presión sobre el Partido Socialista para que se abstenga e impida tan penosa solución. Y otra vez la presión sobre Ciudadanos para que vote sí y el PSOE no se pueda negar. Seguimos en Malagón.
Harto de tanto diente de sierra y de tanto juego con la estabilidad del país, me niego a cualquier especulación de futuro. Hace unos días escribí que «a día de hoy» estamos en la repetición de urnas, y no hay indicios de mejora. Es más: el PSOE no solo no cambia su actitud de rechazo, sino que ayer madrugó para presentar quince iniciativas de cambios legales y de derogación de leyes emblemáticas del PP. ¿Cómo puede ahora abstenerse si le rechazan esas propuestas? Cada día se pone todo un poco más difícil. La apelación de Rajoy a que le dejen gobernar y desaparezca el bloqueo es digna de todo respaldo, pero suena como un grito en el desierto.
Y las lecciones políticas. Si es cierto que los nacionalistas votaron a un candidato del PP, ¿por qué lo niegan? Si sellaron algún acuerdo con el PP, ¿por qué no lo reconocen? ¿Resulta vergonzante entenderse con la fuerza política mayoritaria? Si todo ha sido una jugada del PSOE, como sostiene alguna tesis aunque cueste creerlo, ¿qué pretende y qué ganaría con esa solemne gamberrada? Estamos, seguimos, ante una situación que sería cómica si no fuese dramática para los intereses generales del país. Deja un diagnóstico de vetos y rechazos pesimista para la gobernación actual y futura porque condena a España a una terrible disyuntiva: o mayorías absolutas o caos. Y es la última aportación a la desconfianza y al cansancio de la sociedad.
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