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martes, 28 de junio de 2016

Rivera, Sánchez e Iglesias, aun no se han enterado que son excrementos sólidos de la política.

Los perderos que aspiran a presidir el Gobierno de España y que nunca presidirán, aún no han captado la honda, la realidad de las urnas y así lo demuestran las cosas que empezaron a decir  la misma noche del 26J y siguen tozudos como mulas.

El jefe de Ciudadanos, Albert Rivera no ha entendido que su problema no es la ley electoral, aunque puede que esta vez le ha perjudicado. Su problema es su ideología marxista. Rivera es un comunista disfrazado.  Ya saben,…. estos son mis principios... Sin ir más lejos, ayer mismo negó que vaya a vetar a Rajoy, y hace medio año aún decía que jamás entraría en un Gobierno que no estuviera presidido por él. Presume de dirigir el único partido verdaderamente español, pero conoce poco España.
Al líder socialista, Pedro Sánchez, que se ha salvado de milagro –de momento-, no ha hecho ni hará autocrítica. La culpa de que el PSOE haya obtenido el peor resultado de su historia es del PP, por inflar la burbuja de Podemos, y de Podemos, por no votarle en marzo. Si le dejan, volverá a intentar configurar un Gobierno sin apoyos, porque cada semana que pasa es tiempo ganado. Sobre todo después de que Susana, la Reina del Sur, también se haya estrellado.


El gurripato de Pablo Iglesias por fin ha descubierto que los experimentos de laboratorio no siempre salen bien en campo abierto. En política, y menos en la izquierda, dos y dos no son cuatro. La vieja parroquia de Izquierda Unida no ha pasado por el círculo de Podemos y entre Garzón e Iglesias han dejado a la izquierda más desunida de lo que siempre ha estado. Su diagnóstico de la situación, atinado hace dos años, ya es moneda común. Y en cambio sus recetas siguen siendo de parvulitos. El batacazo, un millón de votos menos –aún sigue buscando los votos de IU, se ha producido especialmente en las aglomeraciones urbanas en las que gobernaban sus franquicias locales, después de un año de políticas frentistas y expectativas incumplidas. La puntilla ha sido el caudillismo del líder y la constatación, cuando han empezado las curvas, de que la democracia interna era un gancho más de marketing.
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