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miércoles, 1 de junio de 2016

Políticamente, Los españoles, no están enfrentados, sencillamente, no se miran la cara.

Nadie duda ya que la próxima campaña estará marcada por la polarización. Sabemos también a quien beneficia y a quien perjudica, y cuál va a ser la dinámica discursiva fundamental: presentarlo todo como una elección entre dios y el diablo. Quien trate de meterse en medio será llevado por delante. A ambos polos les interesará ningunearlo, ignorarlo, desarmarlo.
Esa estrategia ya ha comenzado. De forma astuta, el señuelo de candidaturas conjuntas para el Senado del PSOE con Podemos en algunas regiones es una manera de diluir su identidad autónoma, de disolverlo en el magma de las confluencias y arrastrarlo hacia uno de los polos. Si yo fuera de Podemos o del PP estaría encantado con esa iniciativa; si fuera del PSOE no sería tan ingenuo como para caer en la trampa. Porque, seamos serios, ante esta nueva coyuntura al PSOE no le cabe otra que reivindicarse como lo que es, el único baluarte con capacidad para romper la dinámica polarizadora, para establecer un contrapeso de centro-izquierda con capacidad para arbitrar un cambio no traumático. Aunque parezca paradójico, esto solo lo conseguirá si encuentra un discurso radical, si a su vez se “polariza” en su espacio, si extrema su posición entre los extremos.
Tampoco es tan difícil. La mayoría de la población española no está tan enfrentada como puede dar a entender el griterío ensordecedor de nuestro espacio público. Y es de centro-izquierda. El PSOE goza aquí de una ventaja objetiva extraordinaria. En la última encuesta poselectoral del CIS, los encuestados ubicaban a este partido dentro del espectro izquierda-derecha en el 4,44 —prácticamente en la misma media nacional—, a Podemos-IU, en el 2,21; a Ciudadanos, en el 6,63; y al PP, en el 8,31. ¿Cómo no tratar de obtener una suculenta ventaja de este hecho afortunado?
En estos ya casi dos años de campaña electoral ininterrumpida hemos asistido más a puras estratagemas de acceso al poder que a una explicación sensata de qué es lo que harán una vez en él. Aquí tiene el PSOE su oportunidad: en el programa, un programa claro y contundente que sepa leer la radicalidad del momento, no en consignas o eslóganes vacíos. Como el Barça el próximo domingo, depende de sí mismo. Pero, ¡ay!, este es precisamente el problema.
Lo que sería su otra gran ventaja comparativa respecto a Podemos, la cohesión interna del partido frente a lo que se ha convertido en una deshilvanada coalición arcoíris, la ha perdido por el camino. Y esa es la herida en la que van a hurgar sus adversarios. Si no bajan todos a defender y suben todos a atacar habrán desperdiciado una ocasión histórica para liderar un proyecto ganador. Es curioso cómo las pequeñas miserias de partido acaban volviéndose en contra de sus grandes intereses objetivos. Los suyos y los de todos. 
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