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viernes, 17 de junio de 2016

Pedro Sánchez confiesa en La Voz de Galicia que «no habrá gran coalición», si Albert Rivera se suelta la melena y asegura que no dará su voto a Rajoy, y si Pablo Iglesias no parece que esté por tender puentes a la derecha, al señor Rajoy solo le quedan dos posibilidades teóricas: o retirarse o ganar el día 26 con mayoría absoluta. Retirarse no quiere, según manifiesta cada vez que se le pregunta. Que se lo imponga un partido de cuarenta diputados no le parece lógico ni democrático. Y en el Partido Popular no existe ningún clima de rebelión contra su presidente, al menos de forma visible, salvo que consideremos rebelión las críticas del señor Aznar y las punzadas de dirigentes aislados, como la señora Aguirre.
Descartada, pues, la vía de la renuncia o de la dimisión forzada, si el PP quiere mantener el Gobierno solo le queda la mayoría absoluta o un número tan alto de diputados que resulte innoble e indecente arrebatarle el poder. Y eso es lo que nadie acaba de ver. Las encuestas que hacen los partidos para su consumo interno siguen siendo machaconas en sus pronósticos de resultados: el PP no consigue rebasar el 30 por ciento de la intención de voto, Podemos continúa de segundo con un 25 por ciento, el PSOE sigue perdiendo diez escaños y Ciudadanos se mantiene. Esto parece una foto fija en la que solo cambian la hora del día y el día del mes.
Y expuestas estas cábalas, viene la gran pregunta: ¿de eso se habla en la campaña electoral? Sí, señores: de eso se habla. Solo el señor Rajoy ofrece alguna novedad programática en sus discursos, aunque sea para descubrir la emoción que le produce un campo de alcachofas. Solo Pablo Iglesias hace juegos malabares con la ideología, y lo último que hizo fue definir a Podemos como «la fuerza política de la ley y el orden», que es el emblema y lo que caracteriza a todas las derechas del mundo. Y Sánchez y Rivera están permanentemente en los juegos de coaliciones y pactos porque ahí es donde los hemos puesto los periodistas.
¡Qué poco me gusta este panorama! Estamos igual que antes de convocar las elecciones. ¿Qué digo igual? Estamos peor. Antes había, por lo menos, un pacto entre el PSOE y Ciudadanos, y ahora no tenemos ni eso. Como las encuestas acierten, el día 26 nos encontraremos ante un mapa político desolador, sin socios para hacer un Gobierno ni ideas sobre las que construir un programa común. Ese es el destino que anuncian las declaraciones que se repiten cada tarde en mítines y en conversaciones con los periodistas: mucho cálculo de efectos de las urnas, muchas especulaciones de pactos imposibles y poco más. A eso se está reduciendo la campaña. Nadie recuerda tanto vacío de ideas cuando está en juego el poder.
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