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domingo, 5 de junio de 2016

¿Para qué sirve realmente la ética?

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2016

Francesc de Carreras y Adela Cortina, este sábado en Madrid.

Para la autora de Ética mínima y FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2016

Los caballos en el motor y los burros al volante

Adela Cortina y Francesc de Carreras charlan sobre política, corrupción, ética y nuevas tecnologías en un acto de EL PAÍS en la Feria del Libro de Madrid

Un soleado sábado al mediodía en el parque del Retiro, a la sombra de la Feria del Libro de Madrid: confortable contexto para escuchar algunas andanadas de lucidez. Si por algo son necesarios algunos intelectuales es por su capacidad de resumir, criticar, demoler y tranquilizar al mismo tiempo en cuestión de segundos. Y estando como estamos necesitados de tranquilidad en tiempos convulsos, venía bien escuchar ayer a Adela Cortina y a Francesc de Carreras hablar de cómo nos va y, sobre todo, de cómo nos puede ir.
Política, corrupción, ética, medios de comunicación y nuevas tecnologías fueron las cuestiones que vertebraron la mesa redonda Los retos de la civilización contemporánea protagonizada ayer en la biblioteca Eugenio Trías por la filósofa y catedrática de Ética y el jurista y catedrático de Derecho Constitucional. El encuentro fue organizado  y moderado por el periodista de este diario José Andrés Rojo.
En un momento del debate, y cuando el moderador había puesto sobre la mesa el papel de los medios de comunicación en los tiempos de las nuevas tecnologías y la llamada crisis del mediador, Adela Cortina rescató de la noche de los tiempos aquella reflexión del inolvidable/imprescindible Perich en aquel librito de cachondeos filosóficos titulado Autopista editado en 1970, y en la que decía: “dicen que la velocidad de los vehículos es cuestión de caballos en el motor pero yo creo que es cuestión de burros al volante”.

Para la autora de
 Ética mínima y ¿Para qué sirve realmente la ética?, existe una “asimetría” esencial: la que consiste en que “la globalización tecnológica no se ha visto acompañada de una globalización moral ni política que nos permita responder a los problemas”. “Gracias a los avances en las tecnologías de la comunicación por fin se ha podido hacer realidad el mundo cosmopolita que soñaron los estoicos, pero el mal uso de ellas incrementa las desigualdades”, explicó Adela Cortina.Esto, retroactiva pero definitivamente, serviría para explicar muchas de las cosas que están pasando hoy. Bien lo sabe Adela Cortina: “Lo esencial en esta sociedad de conectividad es la formación del sujeto moral y el respeto a la dignidad humana”, dijo, y añadió: “La cuestión, en efecto, es quién lleva el volante. Si es alguien que domina perfectamente internet, el uso de los últimos móviles y de las últimas tecnologías pero es alguien absolutamente inmoral, pues hará toda suerte de barbaridades”. Y de ahí lo de los caballos y los burros.
Ambos coincidieron en señalar el deterioro del interés por las humanidades y el progresivo ninguneo administrativo y gubernamental de su enseñanza como una lacra. Así lo ve el catedrático de la Autónoma de Barcelona: “El conocimiento cultural va desapareciendo. Un ejemplo es que la filosofía se ha convertido en una materia optativa en la enseñanza secundaria, y eso es grave. Estamos en una crisis cultural en la que no hay respuesta alguna por parte de los intelectuales y de los universitarios”. Y Adela Cortina remachó: “Un país que quiere ser desarrollado tiene que cuidar las humanidades como a la niña de sus ojos, porque el desarrollo humano no es el PIB… también lo son la cultura y la dignidad”.
Otra coincidencia entre ambos: la ola social de indignación que cundió a raíz del 15-M no solo fue comprensible, sino que “tenía que haber llegado antes si uno se fija en los índices de paro juvenil que había, etcétera” (Cortina). Pero en contra de lo que opinan algunos, dijo De Carreras, “el parlamento español sí que está legitimado, porque fue elegido por todos nosotros, y la democracia es sobre todo controles, las elecciones son un control… lo que pasa es que los políticos han perdido credibilidad porque se ha generalizado el político corrupto”.




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