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lunes, 27 de junio de 2016

Los nacionalistas no admiten la singularidad electiva del ciudadano


Los nacionalistas quieren reformar la Constitución para institucionalizar las diferencias de grupo

Un hombre lleva un mapa de España mientras camina por una calle en Barcelona


Un hombre lleva un mapa de España mientras camina por una calle en Barcelona FRANCISCO SECO / AP 

¿Son ustedes singulares? Yo sólo a ratos, pero no estoy dispuesto a renunciar a ese privilegio. Ya sé que en el ejercicio de mi singularidad a veces elijo parecerme a unos y en ocasiones prefiero ser como otros, pero rarísimas veces –si es que alguna- logro ser distinto a todos los demás. Y sin embargo esa singularidad oscilante (que con tanta penetración irónica retrató Montaigne), esa autoinvención de originalidad intermitente que la mayoría de las veces se acoge a un modelo cultural común, es lo más propio y personal de mi vida, mi fundamental derecho democrático. Un derecho que comparto por igual con ustedes, mis conciudadanos, singulares todos.
Los nacionalistas no admiten esta singularidad electiva de cada ciudadano. Para ellos, las singularidades deben venir en paquetes tamaño familiar, establecidos por territorios o genealogías, donde cada individuo sólo puede singularizarse según la identidad que le ha tocado en suerte. Quieren reformar la Constitución para institucionalizar las diferencias de grupo, de modo que nadie pueda ser singular allí donde no le toca, por muy ciudadano que sea del Estado de Derecho y por tanto igual a todos los demás. Hay nacionalistas low cost, en raciones de menú infantil, que no quieren separarse de momento y se conforman con establecer su singularidad territorial inaccesible a los otros. Los más envalentonados por la desidia gubernamental piden ya el banquete completo con café, copa y puro independentista. El resto de los ciudadanos, a j… o sea a fastidiarse con que mutilen sus derechos, so pena de ser considerados fascistas si plantan cara a tal matonismo identitario. Serán tratados como extranjeros y de la peor clase imaginable, según Astérix: “No tengo nada contra los extranjeros. Mis mejores amigos son extranjeros. Pero lo que pasa es que este extranjero es de aquí”.
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