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jueves, 16 de junio de 2016

La política de pactos del PSOE hace que Podemos se apodere del socialismo.

Los resultados de las generales de diciembre, que sellaron el acta de defunción del bipartidismo, y el mapa electoral que dibujan los últimos sondeos corroboran la necesidad de pactos entre las fuerzas políticas para formar Gobierno. De ahí que las posibles alianzas se hayan convertido en un asunto central de la campaña. Y de ahí las especulaciones sobre cuál será la posición del PSOE si de nuevo tiene la llave de la gobernabilidad.
El coordinador económico socialista, Jordi Sevilla, se convirtió ayer en el protagonista de la actualidad política, ya que, a través de su perfil de Twitter, el ex ministro de Administraciones Públicas, defendió que, 'para evitar terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario'. Fuentes cercanas a su persona precisaron que lo que Sevilla quiso decir es que el PSOE dejaría gobernar al PP si éste gana las elecciones y si las listas de Sánchez son superadas por Podemos.
Esto es lo que piensa un amplio sector del partido, en el que figuran dirigentes históricos como Felipe González y algunos barones con importante peso político. Pero, con independencia de cualquier hipótesis sobre lo que ocurrirá después del 26 de junio, lo cierto es que el debate suscitado por el comentario de Sevilla es consecuencia directa tanto de la ambigüedad mantenida por Pedro Sánchez sobre la política de alianzas como de las luchas internas que gangrenan la campaña socialista. Durante los últimos días se ha visualizado con claridad la sima que separa a la facción más moderada del PSOE, partidaria de enfatizar las diferencias con el populismo, con aquella que sí es partidaria de tender puentes con Podemos. Así, mientras Susana Díaz subrayó ayer que 'Iglesias y Podemos no son de fiar', la cabeza de lista de los socialistas por Barcelona, Meritxell Batet, invitó a la formación morada a 'olvidarse' del referéndum en Cataluña para desbloquear un futuro pacto.
Sánchez fue audaz aceptando el encargo del Rey para someterse a la investidura. El gesto le permitió liderar la agenda durante varias semanas, pero su empeño por forjar una triple entente imposible con Podemos y Ciudadanos ha generado una honda frustración entre las bases. El propio secretario general del PSOE admitió recientemente el 'desánimo' entre la militancia del partido, fruto de su investidura fallida y de la batalla entre Ferraz y los barones.
Si Unidos Podemos rubricara el sorpasso, el PSOE se vería abocado a una crisis sin precedentes que, con toda probabilidad, generaría una renovación generacional y una exigencia de refundación. Pero, más allá de cuestiones orgánicas, el riesgo de implosión en el PSOE acarrearía unas consecuencias nefastas para la gobernabilidad del país, teniendo en cuenta que significaría la confirmación de la izquierda radical como alternativa al centroderecha.
Desde Unidos Podemos no dudaron ayer en saltar a la yugular de los socialistas para volver a recordar que ahora el voto útil de la izquierda son ellos. Alberto Garzón aseguró que la propuesta de Sevilla le 'aterra' porque deja la puerta abierta a gobernar al PP si el PSOE pasa a ser la tercera fuerza política.
Todavía ello está por dilucidar porque existe una tercera parte de los votantes que no ha decidido la papeleta que va a introducir en las urnas y porque posiblemente existe un sufragio oculto que no aflora en las encuestas y que podría beneficiar al PSOE.
Sea la segunda o la tercera fuerza con más apoyo electoral, el dilema de Sánchez es diabólico porque tendrá que optar por dejar gobernar al PP mediante la abstención o buscar una alianza con Podemos. La tercera alternativa sería forzar unas terceras elecciones, lo que parece impensable por las nefastas consecuencias que tendría esa decisión para el país. A ello se suma que está por ver si los barones le dejarían gestionar los pactos en caso de unos resultados peores que los de diciembre.
Buena parte de estas incógnitas quedarán despejadas la noche del 26 de junio, en la que no sólo Pedro Sánchez se juega su futuro como líder del partido sino que además el PSOE arriesga su hegemonía durante 40 años como principal fuerza de la izquierda. Todo lo que suceda a partir de esa fecha dependerá de la respuesta a estas incertidumbres.
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