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viernes, 17 de junio de 2016

La Izquierda de México muy dividida.



Las elecciones del pasado 5 de junio cambiaron de manera radical el panorama electoral en el país. Hubo varios resultados interesantes en este proceso: la sorprendente cantidad de gubernaturas que ganó el PAN (7 de las 12 gubernaturas en juego, 3 de ellas en alianza con el PRD); el rápido ascenso de Morena a tercera fuerza política del país (desbancando al PRD); así como el elevado número de alternancias en los gobiernos estatales (8, de las cuales 3 pasaron del PRI al PAN, 3 que pasaron del PRI a la coalición PAN-PRD y 2 que pasaron de la coalición PAN-PRD al PRI). Esto último, por cierto, implicó que finalmente hubiera alternancia en 4 entidades en las que jamás había ocurrido esto: Quintana Roo, Durango, Tamaulipas y Veracruz.
Además de estos resultados, que ya han sido ampliamente comentados en los medios, quisiera enfatizar algunos resultados de las elecciones que me parecen relevantes y que considero que han sido parcialmente soslayados en la mayoría de los análisis postelectorales que he visto. En primer lugar, la enorme magnitud del retroceso del PRI y sus aliados en estas elecciones. En mi opinión, este retroceso no ha sido correctamente valorado, en buena medida porque ha quedado relativamente escondido detrás de su triunfo en cinco entidades. En realidad, cuando se revisan con cuidado las cifras de esta jornada electoral, nos encontramos con que el PRI y compañía perdieron intención de voto de manera generalizada, inclusive en aquellas entidades en las que ganaron la gubernatura. En Tlaxcala, por ejemplo, el PRI y sus aliados pasaron de tener una votación de 46.5% en la elección a gobernador de 2010, a tener únicamente el 32.5% de la votación en 2016, es decir, una pérdida de 14 puntos porcentuales. En Oaxaca, por citar otro caso en donde ganó el PRI, su pérdida de votación fue de casi 10 puntos porcentuales, ya que pasaron de tener el 41.9% en 2010 a sólo el 32% en este año. En promedio, en aquellas entidades en donde perdió el PRI, su votación se redujo en casi 14 puntos porcentuales entre 2010 y 2016, mientras que en aquellos estados en donde ganaron la gubernatura su pérdida promedio fue de poco más de 8 puntos porcentuales. En su conjunto, la pérdida de votos para el PRI fue cercana a 12 puntos porcentuales en estas elecciones con respecto a las elecciones de 2010. Este resultado, de repetirse y generalizarse en 2018, pondría al PRI fuera de cualquier posibilidad de competir por la Presidencia. Haciendo una extrapolación simple, si el PRI triunfó en 2012 con 38% de la votación emitida, en 2018 podría obtener apenas poco más del 26%, lo cual claramente sería insuficiente para ganar la Presidencia.
Ahora bien, ¿por qué pudo el PRI recuperar algunas gubernaturas a pesar de la disminución en su votación? La respuesta es muy simple: por la división de la izquierda. Así es, ya es bien sabido que si la izquierda hubiera presentado candidaturas comunes en estas elecciones, los resultados habrían sido muy distintos. En particular, la izquierda habría podido triunfar en cuatro entidades en donde la votación por partidos identificados con esta posición aumentó de manera significativa: Tlaxcala, Zacatecas, Oaxaca y Veracruz. Así, si la izquierda hubiese ido unida, la noticia al día siguiente de la elección no habrían sido los siete triunfos del PAN, sino la derrota del PRI en diez entidades, 6 de ellas frente al PAN (o quizá menos, porque no es obvio que habrían obtenido Quintana Roo en ausencia de la alianza con el PRD) y 4 de ellas frente a la izquierda. En ese escenario, los únicos estados en los que seguramente habría logrado ganar el PRI habrían sido Hidalgo y Sinaloa y sería mucho más evidente la magnitud del colapso del PRI. Sin embargo, el hubiera no existe y la izquierda, a pesar de haber logrado avances significativos en su votación en muchos estados, no pudo capitalizar esta situación en forma de gubernaturas. En cualquier caso, la lección de las elecciones de 2016 está allí para quien quiera verla: la izquierda unida no necesariamente habría sido vencida.
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