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sábado, 4 de junio de 2016

Encuesta electoral 05-06: El PP TENDRÁ MAYORÍA ABSOLUTA. -No bebo- El PSOE lo admite y se le ha ofrecido.


Por tu bien y por el  bien de España vota al PP, al final va a ser cuestión de décimas. El que Podemos suba en votos nos favorece. Si podemos sube un punto supondría 1/0 escaños que se los arrebata al PSOE. El que el PP suba una décima supone 3/4 diputados más. Si C´s pierde, como es previsible, Un punto perdería 7/8 diputados que irínçan  íntegros al PP. 
Su alianza con IU le impulsa a situarse como segunda fuerza política con el 23,7% de los sufragios y 80 diputados (Cosa esta bastante improbable)
Los socialistas se desploman, logran sólo el 20,3% y se quedan en 77 parlamentarios............No con el 20.3% de los votas no superan los 65 diputados. 
El PP sube hasta el 31% y suma con C's 167 escaños, a nueve de la mayoría absoluta que pueden salir de los 5 que perdería C´s y los 7/8 del PNV
Desbordar. Ese es el objetivo que persigue la nueva alianza de izquierdas Unidos Podemos y el que, a juzgar por las encuestas, lo tiene al alcance de la mano. 
 El sorpasso al PSOE está aquí. La coalición que encabeza Pablo Iglesias, con el 23,7% de los sufragios, figura ya como segunda fuerza política a 7,3 puntos del PP que, con un 31% de los votos y 130 escaños, volvería a ser el partido ganador de los comicios.
Los grandes damnificados del 26-J según estos resultados serán los socialistas. Su peor pesadilla adquiere tintes funestos porque, si bien su pérdida en porcentaje de votos respecto a las elecciones del 20-D es de 1,7 puntos, el descalabro en el número de diputados que se le atribuiría, y que a la postre es la clave para ejercer poder, sería imponente: el PSOE lograría 77 escaños, 13 menos que los que ha ocupado en la minilegislatura fallida y, sobre todo, tres menos que su rival en la izquierda: Unidos Podemos, la alianza del partido emergente de Pablo Iglesias y la IU de Alberto Garzón, que alcanzaría los 80 diputados, nueve más de los que sumaron ambas fuerzas el 20-D.
Ciudadanos, el partido que lidera Albert Rivera, tampoco revalidaría su cuota en el Congreso. Si bien sus pérdidas parecen asumibles. De hecho, lograría una décima más en porcentaje de voto que el 20-D -14% frente a 13,9%-, pero en esta ocasión sólo lograría 37 escaños frente a los 40 que consiguió entonces.
Son las cosas de la Ley D'Hondt y de la distribución del llamado último escaño en cada una de las circunscripciones. La fusión por absorción de Podemos e Izquierda Unida no alcanza en votos la suma que lograron cada uno de los dos partidos por separado, pero sí les impulsa lo suficiente como para rentabilizar un buen número de papeletas que en los pasados comicios resultaron inútiles para conseguir un diputado.
Podemos y sus confluencias lograron el 20-D un 20,7% de los sufragios y eso les proporcionó 69 escaños en el Congreso. IU, por su parte, obtuvo el 3,7% de los votos y dos escaños. Juntarse tras las elecciones habría supuesto representar al 24,4% de los votantes con un total de 71 escaños. Ahora, con su alianza preelectoral, el porcentaje de votos que alcanzarían sería del 23,7%, pero sus puestos en la Cámara Baja saltarían hasta los 80. Con este rédito en diputados, Unidos Podemos se colocaría como segunda fuerza política robándole al PSOE la hegemonía de la izquierda.
De cumplirse estos pronósticos, las consecuencias, de puertas adentro, en el Partido Socialista serán fulminantes. Baste recordar que el liderazgo de Pedro Sánchez siempre ha estado sometido a vaivenes y que el último aviso le llegó hace apenas unas semanas cuando la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, advirtió públicamente de que el único resultado aceptable sería ganar. Probablemente la baronesa del sur no se refería tanto a lograr la victoria absoluta batiendo al PP como a impedir el descenso a la segunda división cediendo el liderazgo de la izquierda a Pablo Iglesias. Y precisamente esto es lo que auguran en las últimas semanas los más variados sondeos. El de Sigma Dos para EL MUNDO pone al PSOE incluso al borde de bajar de la barrera psicológica del 20% de los votos.
La encuesta viene a confirmar también el ascenso claro del Partido Popular, que revalidaría la primera plaza en el panorama político. Superaría la barrera del 30% por un punto -en las elecciones del pasado diciembre se quedó en el 28,7%- y ello le permitiría añadir a su grupo parlamentario siete escaños más, hasta los 130.
Con este resultado seguiría situado a años luz de la mayoría absoluta (176 escaños), de manera que sólo llevando a término la gran coalición (PP más PSOE) acariciada por Rajoy sería posible formar un Gobierno sólido.La segunda opción que se abriría ante los populares pasaría por alcanzar un pacto con Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, y añadir así 37 diputados a sus 130. La suma de ambos -167 diputados- no alcanzaría el listón necesario y se quedaría a nueve de la mayoría absoluta. Una cifra que habría que intentar mejorar mediante concesiones a partidos menores. Por ejemplo, el PNV y Coalición Canaria.
Una vez alcanzada la cifra de 170 escaños resulta difícil imaginar que el PSOE llegara a tumbar la posibilidad de formar Gobierno votando no a la investidura del líder del PP. La responsabilidad que tendrían que asumir los socialistas bloqueando la gobernabilidad en esas circunstancias sería enorme.
La vía para desembarrancar la situación por la izquierda se presenta, con los resultados que ofrece el sondeo, prácticamente imposible. Unidos Podemos y PSOE sumarían 157 escaños, a 19 de la mayoría absoluta y cuatro menos que en diciembre. Para llegar a la meta tendrían que conseguir el apoyo de todas las fuerzas independentistas y nacionalistas.
La posibilidad de conformar un trío PSOE-Ciudadanos-Podemos, como intentó Pedro Sánchez tras el 20-D, no tiene ningún viso de hacerse realidad. Los partidos que encabezan Albert Rivera y el tándem Pablo Iglesias-Alberto Garzón son, y así se declaran ellos mismos, políticamente incompatibles.
La fórmula Unidos Podemos se demuestra así como un experimento de éxito, sobre todo para la parte que lidera Iglesias, puesto que ha conseguido superar con creces el bache en el que tras las elecciones del 20-D se iba paulatinamente hundiendo.
Si en el sondeo realizado por EL MUNDO en febrero ya se apreciaba un descenso de dos puntos respecto al resultado que había obtenido en diciembre, y en la encuesta de abril la caída se acentuaba y llegaba a ser de cuatro puntos, a finales de ese mismo mes, cuando ya comenzaban los contactos con IU para consagrar el sumatorio, cambió de tendencia e inició un ascenso que en poco más de mes y medio le ha llevado a brillar en las proyecciones demoscópicas.
El PSOE, por su parte, parece no haber sido capaz de atraer hacia sí a los votantes de IU a los que no convence la idea de enganchar su destino político al tren de Podemos. Y no sólo: comparando los resultados que ofrece el sondeo para el 26-J con los que consiguió el pasado 20-D, todo indica que el suelo histórico de votantes socialistas empieza a resquebrajarse.
Esta impresión se confirma a la vista de las ganas que dicen tener los simpatizantes del PSOE por ir a votar. Un 51% asegura que su interés es menor que el que tenía ante la cita del 20-D. Los socialistas son los votantes que menos entusiasmo demuestran, seguidos de los de C's.
En cuanto al partido de Albert Rivera cabe señalar, contemplando toda la serie de encuestas, su volatilidad. Probablemente fruto de sus escarceos pactistas con el socialismo. Su pico más alto en intención de voto lo logró a primeros de abril. A partir de ahí, cuando empezó a confirmarse que no había posibilidad de formar Gobierno, la formación naranja empezó a desinflarse. Ahora, cuando apenas faltan 20 días para la cita con las urnas, regresa a un nivel casi idéntico al que logró en diciembre.
En general, el sondeo de Sigma Dos viene a confirmar la sensación de hartazgo de la ciudadanía ante un nuevo examen electoral. Casi la mitad de los votantes -un 42,6%- asegura tener menos interés en estos comicios que el que tuvo en los de diciembre. Sólo uno de cada cuatro -el 25,7%- afirma tener más ganas que entonces. Los simpatizantes de PP y Podemos son los que se muestran menos desmovilizados; quizá son los que sienten la sonrisa del destino.
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