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lunes, 6 de junio de 2016

El Panegírico de Pablo Iglesias a su secta.

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Pablo Iglesias va cumpliendo punto por punto su plan. Primero impuso el lenguaje, gracias a sus constantes apariciones en las televisiones. No le importó utilizar las más derechistas. Sus maestros le enseñaron que lo prioritario es lograr la hegemonía cultural, previa a la política. El increíble éxito de la palabra «casta» es revelador. Pero también «el régimen del 78», «los de arriba y los de abajo» o «la gente». Muchos ciudadanos, no necesariamente de izquierdas, compraron su devastador diagnóstico de la realidad. A partir de ahí tocaba ir ganando terreno políticamente. El objetivo, como atestiguan sus escritos, era y sigue siendo el sorpasso. Dicho de otro modo, minimizar y con el tiempo aniquilar al PSOE para sustituirlo. Comprobada la dificultad de que Podemos lo lograra en solitario tejió alianzas con organizaciones de izquierda que tienen en común la defensa del derecho de autodeterminación. Estuvo a punto de conseguirlo el 20D, pero le faltaron votos. ¿Qué hacer? Absorber a IU, pasando por encima de las teorías transversales de Errejón. Garzón se prestó gustoso. Pero para no asustar a los votantes con una alianza de antiguos entusiastas del chavismo y neocomunistas es preciso esconder la hoz y el martillo y cambiarla por un corazón y trocar la dureza del mensaje revolucionario con el eslogan de la sonrisa. Para completar el camuflaje, Iglesias se presenta como un político beatífico que solo mira por la gente y tiende la mano a su aliado socialista. Sabe que en este envite no va a ser presidente. El PSOE no se lo va a facilitar. Pero su plan sigue adelante. Ya lo ha dicho su gran gurú Anguita, y este no disimula: «El objetivo es a cuatro años: tener el BOE en la mano y la ciudadanía en pie de guerra». Que nadie se asuste, aclaró, «con conciencia».
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