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jueves, 30 de junio de 2016

Carta de Risto Mejide a los votantes del PP: "Me avergüenza vuestro voto"

Carta de Risto Mejide a los votantes del PP: "Me avergüenza vuestro voto"
  • "Gracias a tu voto, la corrupción y la conspiración de Estado, en vez de ser castigada, hoy resulta jaleada y premiada. Porque si eximes de penitencia al responsable último, eso es que el primer responsable eres tú"

En la noche electoral del pasado domingo,Risto Mejide ya dejó clara cual era su postura en torno a los resultados que habían deparado las urnas. Días después de la victoria de Mariano Rajoy, el publicista ha vuelto a opinar sobre lo sucedido el 26-J y lo ha hecho con una carta dirigida al votante del PP, publicada en El Periódico de Catalunya.
Mejide, que se suma así a los mensajes lanzados por Beatriz Talegón y una votante de Podemos descontenta con sus líderes, sostiene en su misiva que se avergüenza de los 7.906.185 votantes del PP porque "gracias a tu voto, la corrupción y la conspiración de Estado, en vez de ser castigada, hoy resulta jaleada y premiada. Porque si eximes de penitencia al responsable último, eso es que el primer responsable eres tú".
Mejide es contundente en sus palabras y no se corta un pelo: "Vaya por delante mi más sincera enhorabuena y mi incondicional respeto democrático hacia cada voto de un compatriota. Espero que entiendas que precisamente en eso consiste la democracia, en que puedo y debo respetarte a ti pero ni puedo ni debo compartir tu decisión. Si todos pensásemos como tú, esto se llamaría de otro modo, lamentablemente demasiado visto en la historia de este país".
Y no se queda ahí: "Espero que disfrutes mucho de tu decisión con cada nuevo juicio, con cada nueva investigación", se dirige al votante 'popular. Y añade: "Como alguien dijo, daría mi vida por tu derecho a hacerlo. Aunque eso sí, hoy tenemos el país que te mereces", para acabar concluyendo que "con tu permiso o sin él, yo y otros muchos que aún somos mayoría seguiremos intentando que se convierta también en el que nos merecemos los demás".

En Madrid, el PP, ha ganado en 170 de los 179 municipios y el PSOE dice que son con corruptos.

Siempre hay una comunidad en la que el PSOE incide más que en otras con su farsa corrupción. Esta pasadas elecciones le ha tocado el gordo a Madrid y la comunidad valenciana. No hubo día que no estuviese infestado por grabaciones escandalosas, personajes pringados en negocios turbios, complicidades entre empresarios y corporaciones municipales y un largo etcétera que llenó cientos de programas de televisión y miles de páginas impresas. Sin embargo, llegaron las elecciones del 26 de junio, el pueblo valenciano olvidó y proclamó ganador al Partido Popular, por encima de Compromís, que era todavía la novedad, representaba la exigencia ética y estaba inmaculado por su falta de poder político anterior.
Galicia ha sido otra de las comunidades asediadas por los socialistas. Las investigaciones descubrieron una corrupción transversal, con políticos locales del PP y del PSdeG implicados en los mismos casos. Y fueron especialmente notables en el Partido Socialista, que se quedó huérfano de líderes y sin candidato a la presidencia de la Xunta. Nadie se podía imaginar un peor escenario electoral. Sin embargo, en lo que afecta al PP, el voto fue claramente suyo, le renovó la confianza y anunció que el señor Núñez Feijoo puede renovar su mayoría absoluta. En lo que afecta al Partido Socialista, el prodigio ha sido relativamente mayor. Humillado y con presencia habitual en los juzgados, consiguió el sorpasso, volvió a ser la segunda fuerza regional y dejó a las Mareas en tercer lugar.
En Madrid hubo de todo. Hubo la Gürtel, que salpicó a las estructuras regionales, locales y alguna estatal del PP. Siguió la Púnica, que contaminó lo que Gürtel había dejado sin mancha. Hubo los pagos en negro de la reforma de la sede, los episodios de los ordenadores, los millones de Bárcenas. ¿Y qué ocurrió? Que la Comunidad de Madrid tiene 179 municipios y el PP ganó en 170, que se dice pronto; que en la capital la barrida del PP fue tal, que Esperanza Aguirre insinuó que Manuela Carmena tendría que dimitir. Y así, en el conjunto del país. Solo el PSOE perdió en Andalucía, donde hubo corrupción hasta institucionalizada, dos expresidentes estaban procesados y aun así ganó en tres provincias. Pero el resumen es: todos los partidos se habían conjurado para definir al PP como «el partido de la corrupción», y el mapa de España amaneció el día 27 teñido de azul PP.
Y ante ello, la pregunta eterna: ¿es que la corrupción sale gratis? En algunas regiones, sin duda. En el conjunto de España, quizá sea el motivo por el que se le retira a Rajoy la mayoría absoluta; pero la impresión es doble: o no hay un partido mejor, o la sociedad sigue perdonando los latrocinios. No sé qué dictamen es más deprimente. No sé qué diagnóstico es peor.

miércoles, 29 de junio de 2016

La democracia española aún no sale del colapso

Resultados electorales
La repetición electoral de los comicios generales el 26 de Junio arroja resultados muy similares, en lo que a las alternativas de gobierno en la Nación Española se refiere, y que aún podría conducir a un bloqueo de duración indefinida
Lunes 27 de junio de 2016, por DENAES
En el día de ayer, 26 de Junio, se repitieron las elecciones generales en España, una vez constatado que los resultados electorales del 20 D impedían la composición de un nuevo Gobierno de España que pudiera ser investido, y tras los comicios la situación vuelve a ser similar en lo que a las posibilidades de gobernabilidad se refiere: de entre los cuatro partidos en liza, la «nueva política» de Podemos y Ciudadanos y los dos partidos clásicos del bipartidismo, PSOE y PP, nadie posee una mayoría suficiente para gobernar en solitario, y ni siquiera las hipotéticas sumas dos a dos (hipotéticas, porque a la postre lo que hemos vivido desde Diciembre no es más que un trasunto de la ya añeja estrategia «todos contra el PP», el único partido parlamentario que incluye expresamente en su programa la defensa de la Nación Española) anticipan otra cosa más que la continuidad del bloqueo parlamentario en este singular ejemplo de consenso sin acuerdo, buena muestra de cómo semejante sistema no constituye ninguna expresión de una hipotética «voluntad popular», sino simplemente una forma de lo que tradicionalmente se ha denominado como aristocracia u oligarquía en su versión degenerada.
Todo ello se volverá a plasmar en cuanto comiencen las rondas de contactos previas al período de vacaciones estivales. Sin duda el Partido Popular, y en especial Mariano Rajoy, a quien todos acusan de poner freno a la presunta y cansina «regeneración democrática» con la que periodistas y partidos políticos se llenan la boca, salen más que reforzados, ganando 14 escaños y sumando así 137 en total. Ciudadanos, que pierde 8 y se queda en 32, paga el precio de su errática estrategia postelectoral, por su posicionamiento con un PSOE que, tras iniciar el recuento como en el 20 D, cerca de la centena de diputados (95 le otorgaban los primeros porcentajes de conteo), volvía a sumar un nuevo récord negativo de 85 diputados, a anotar en el debe de Pedro Sánchez, cuya trayectoria política quedará para siempre caracterizada por su doble fracaso electoral, además de por ser el único aspirante a la investidura como Presidente del Gobierno, en nuestra democracia coronada, que fue rechazado.
Por su parte, el partido no nacional Podemos, ahora coaligado con la extinta Izquierda Unida bajo la forma de Unidos Podemos, simplemente se ha quedado donde estaba, sumando a los 69 escaños logrados en el 20 D los 2 que logró Izquierda Unida, con 71 diputados en total. Se confirma así que las «grandes coaliciones» que pretenden ser llevadas a la práctica electoral suelen arrojar magros resultados, producto del rechazo que suscitan acuerdos de este tipo entre diversas facciones de los partidos afectados. No obstante, que Podemos mantenga los porcentajes de voto logrados por sus distintas confluencias, o incluso los haya acrecentado en autonomías donde el separatismo detenta el poder, como en el País Vasco o Cataluña, ganando en ambas, nos ofrece una buena muestra de cómo existen varios millones de españoles capaces de votar semejante engendro, sin importarles el menoscabo y desprecio que los líderes podemitas muestran contra la Nación Española, apostando por la vía legal del referéndum separatista allí donde las sectas sediciosas detentan el poder.
No obstante, el 26 J será recordado como el día en que se borró «la sonrisa de un país», más concretamente la de los rostros de Iglesias Turrión, Errejón, Garzón o Espinar, quienes creyendo que iban a protagonizar el tan cacareado y pedante «sorpasso», en virtud de considerarse a sí mismos como el principal exponente de la «voluntad general» (o, como diría el periodista Pedro Piqueras, «La España que queremos»), y en sus comparecencias interpretaron el resultado como los europeístas fundamentalistas interpretaron el triunfo del Sí a abandonar la Unión Europea en el reciente referéndum británico, en el Brexit: como un grave error cometido por los electores al no seguir profundizando en el cambio político que, dicen ellos, resulta ya inevitable.
Pese a que el PP podría plantearse desde una mayoría más sólida una posibilidad real de investidura, una vez que la suma de PSOE y Podemos es menor que la del 20 D (ya ni que decir de la de PSOE y Ciudadanos), y por lo tanto parece inviable que Pedro Sánchez repita intento de optar a la investidura, la constante del bloqueo parlamentario vivida durante esta primera mitad del año 2016 seguirá siendo una realidad, donde cada cual podrá considerarse a sí mismo que encarna la voluntad popular, pese a que un sistema parlamentario permite la corrupción corrupción (legal, pero corrupción) de la democracia realmente existente, donde una mayoría insuficiente como la del Partido Popular, anima a las fuerzas perdedoras a perseguir acuerdos postelectorales y a espaldas por completo del electorado, con el objetivo de presentarse como una mayoría y por lo tanto caracterizarse como la «voluntad del pueblo soberano».
Corrupción a la que hay que sumar la del «derecho a decidir» que se incluye en el programa de ese conglomerado de sectas separatistas llamado Podemos. Arrogándose la representación de un pueblo catalán, vasco, gallego, etc., al que consideran como una verdad incontrovertible, frente a un Estado, España, al que consideran «plurinacional», los podemitas subrayan como «línea roja» la celebración de diversos referéndums en esas regiones donde las sectas separatistas detentan el poder, con el objetivo oportunista de quitarles votos, pero también de asumir esos delirantes postulados como propios, creyendo a pies juntillas que esos «pueblos subyugados» son en realidad una «voluntad popular», que quiere expresarse en un referéndum para decidir su destino. Ideario que, si no fuera por la amenaza que supone para España, provocaría verdaderas risas, en tanto que nada tiene que ver con la realidad de una Nación Española o nación política de lugar alguno, como proyecto que desborda a los ciudadanos que conforman esa «voluntad general» coyunturalmente.
Desde la Fundación Denaes valoramos los resultados electorales del 26 J desde la constante del bloqueo parlamentario, lo que confirma que la incertidumbre a la hora de formar gobierno sigue manteniéndose, máxime cuando entre los partidos mayoritarios sigue figurando en tercer lugar uno de carácter no nacional, Podemos, cuyos sufragios se mantienen intactos. En consecuencia, Podemos será de nuevo un juez implacable que determine si se podrá formar ese nuevo gobierno, previa aceptación de condiciones tales como un referéndum separatista con todas las garantías legales en Cataluña, buscando con su demagogia reconducir un proceso separatista hoy en vía muerta.
Fundación Denaes, para la Defensa de la Nación Española.

Ingleses, tontos; españoles, listos.

Como veterano historiador económico, quien esto escribe tiene una profunda admiración por Inglaterra y por el Reino Unido en su conjunto. Es casi consustancial a la profesión. Los británicos inventaron tanto la economía como la historia económica; las inventaron y las hicieron. Gran Bretaña es la cuna de la Revolución industrial, de los grandes descubridores en los orígenes heroicos del desarrollo económico, de las máquinas de hilar y tejer, de las distintas versiones de la máquina de vapor, de los altos hornos al coque, del ferrocarril, de las primeras carreteras pavimentadas... Es también la cuna del parlamentarismo, de la monarquía constitucional, del liberalismo y del socialismo, del sistema fabril, de las primeras leyes de protección al trabajo, etc. Podríamos continuar en el campo de la ciencia con Newton, HalleyPriestley, HarveyBoyle, y tantos otros, pero vamos a dejarlo para no abrumar y aburrir al lector.
La sabiduría política inglesa es también proverbial: no sólo crearon elparlamentarismo, sino la hoy tan ponderada y disputada socialdemocracia (los Fabianos). Y así desde el siglo XVII hasta el XXI. Y, sin embargo, acabamos de ver a los admirados y admirables ingleses (no necesariamente a todos los británicos) meter la pata política hasta la cintura, con un primer ministro que creía que su país debía seguir en la Unión Europea y en vista de ello convocó un referéndumpara ver si el público quería salir. Y no se le ocurrió que una decisión de tal envergadura hubiera necesitado algo más que una mayoría simple; y un electorado chovinista que se dejó enardecer por las mentiras de un puñado de políticos poco escrupulosos, votó por la salida de la Unión, e inmediatamente se arrepintió y ahora quiere dar marcha atrás. Quiere que la Unión le perdone el haberle dado con la puerta en las narices. Es decir, que votó primero y pensó después. Pretty silly, dirían ellos mismos.
En España, en cambio, tenemos la opinión y la fama de ser cucos, pero superficiales, dados al arrebato y la improvisación. Yo mismo, en plena dictadura de Franco, decidí estudiar Historia Económica para mejor comprender la causa de los muchos defectos de la sociedad española, que atribuía en parte al subdesarrollo. Bueno, pues en estos días me he llevado dos sorpresas agradables. Una, la lectura del libro España en la economía mundial, del profesor Jordi Maluquer de Motes, que afirma que el PIB por habitante español nunca estuvo por debajo de la media mundial, lo cual implica que, en sus propias palabras, "el concepto de subdesarrollo no es aplicable a la economía española". No era una economía puntera, pero tampoco era subdesarrollada. No estábamos tan mal.
La segunda sorpresa ha sido el resultado de las elecciones del domingo pasado. Cuando todas las encuestas anunciaban el triunfo del populismo de Podemos, algunas incluso prediciendo un empate técnico con el Partido Popular (lo cual hubiera sido la puntilla para la Unión Europea y, por supuesto, para España, por motivos que me parecen obvios y que no voy a exponer aquí), los resultados, sin ser catastróficos para aquella formación, han demostrado que se ha estancado e incluso que se encuentra en leve retroceso. Pero, lo que es más significativo, ha quedado relegada a la irrelevancia en el tablero político resultante. Ni puede aliarse para formar gobierno, ni nadie tiene interés en hacerlo con ellos. No les queda más por ahora que lamerse las heridas, hacer examen de conciencia y tratar de sobrevivir hasta los próximos comicios. Es el Iglexit del que hablaba en estas páginas Federico Jiménez Losantos.
Además, excepto en Barcelona, donde poco parece haber cambiado, en sus feudos de Madrid, Zaragoza, Valencia y Cádiz, de los que tan ufano se mostraba en los debates Pablo Iglesias II, si bien Podemos no ha perdido escaños, ha tenido una notable sangría de votos. En definitiva, por miedo o por madurez, el elector español parece haber escuchado mi ruego también en estas páginas de no cegarse por la pasión y no seguir el ejemplo inglés. Felicito y doy las gracias a mis compatriotas. Yo imagino que la mayoría de nuestros conciudadanos de la Unión pensarán lo mismo. Después del Brexit, las elecciones españolas han sido un bálsamo.
Todo esto no significa que la distribución de escaños resultante me parezca la mejor posible. Ni mucho menos. Pero se ha evitado lo peor. Ahora el principal problema que queda planteado no es el populismo, sino el sectarismo cainita.
Es evidente que los electores españoles, aunque con menor contundencia que en diciembre, siguen rechazando el bipartidismo. En otras palabras, quieren un Gobierno de coalición o de acuerdo de legislatura. Ahora bien, la única coalición o acuerdo posible exige la colaboración de los dos grandes partidos tradicionales. Las demás posibilidades requerirían una versión u otra de los multipartitos que tan mal recuerdo han dejado y que tan inestables serían desde el inicio. Y esta gran coalición o acuerdo necesita una actitud civilizada y flexible por parte del Partido Socialista.
Para empezar, los socialistas debieran advertir que su intransigencia les ha proporcionado muy malos réditos. Estarán aliviados por el estancamiento de Podemos, pero ellos han perdido unos 150.000 votos sobre un resultado muy malo de diciembre. Han bajado cinco escaños más sobre la veintena que perdieron entonces (viniendo de la debacle de noviembre de 2011, donde perdieron 59), y en su feudo andaluz han sido vapuleados por el PP. Es como para pensar un poco a dónde les lleva esta pretendidamente virtuosa intransigencia.
Si persistieran en el virginal noli me tangere (algo pretencioso en un partido con dos ex presidentes imputados y lo que cuelga), podrían al menos ofrecer un acuerdo de legislatura basado en firmes exigencias que satisfarían más a su electorado -no hablemos del público en general- que esta reclusión estéril de doncella virtuosa: podría condicionar su abstención a una reforma de la ley electoral, de la organización de la Justicia, de la reforma de la Administración, de la Educación, a una negociación con Bruselas para aliviar un poco los tan denostados recortes, a la supresión de los aforamientos, etc. ¡Hay tantas cosas que arreglar! Y el PSOE quiere reformas, ¿no?
Además, podrían hacer pender sobre la cabeza de Rajoy la espada de Damocles del voto de censura si se saliera del camino estrecho que ellos le marcaran. Podrían ensayar este acuerdo, que en España resultaría novedoso, pero que en la Europa a la que tanto queremos parecernos es el pan nuestro de cada día. Un acuerdo que sería democrático, puesto que pondría en práctica la voluntad colectiva de los electores que, por dos veces, han votado por la coalición, y en la segunda han vuelto a castigar al PSOE por su cerrazón. Y así podría éste, con bastante legitimidad, atribuirse los éxitos del PP en las materias donde ellos hubieran impuesto sus condiciones, quitando viento a las alas podemitas.
Es evidente que la mayoría de los electores han rechazado el populismo de izquierdas y han dado un dubitativo voto de confianza al PSOE para que se comporte como un partido socialdemócrata. En esta ocasión, el electorado español ha mostrado más madurez que el inglés. A ver si por una vez el Partido Socialista español se muestra a la altura del electorado e, imitando a éste, da ejemplo al maltrecho y sectario laborismo británico.

Cuéntame pasa a Antena 3.

Los Alcántara plantean mudarse. Sienten que en TVE se ha cumplido una etapa; que en La 1 no se garantiza el futuro de la familia, ni de las nuevas generaciones, ni de las antiguas. En Antena 3 han encontrado un hogar. Sin respuestas en la cadena pública al respecto de su renovación, la productora Ganga ha sondeado el mercado en los últimos meses, hasta encontrar casa en Antena 3. Por fin, se vislumbra continuidad en Cuéntame, aunque la nueva temporada se desarrolle en la televisión privada en lugar de en la pública.
Podemos adelantar que Ganga Producciones ha alcanzado un acuerdo con Atresmedia para salvar su obra más emblemática, creada en 2001 y asentada en la parrilla tras 17 temporadas. La operación, tal y como ha podido saber este diario, ya ha llegado a conocimiento de la cadena pública, que cuenta con un plazo de un mes para ejercer -o no- su derecho de tanteo.
El nuevo acuerdo con la televisión privada será a todas luces difícil de igualar en la pública. Al margen del desembolso, cualquier condición en el contrato de tipo comercial carecería de encaje en una cadena sin publicidad, como es el caso de La 1.
Los responsables de Ganga han contactado con TVE en repetidas ocasiones en los últimos meses, con el fin de resolver la continuidad de Cuéntame. La serie, que desde 2013 estrena nueva temporada en torno al mes de enero, acostumbra a firmar su renovación una vez emitidos 8 de los 19 episodios de cada temporada. Los meses han pasado, uno tras otro. En junio, finalizada la emisión, continuaba la incertidumbre de una ficción en la que trabajan alrededor de 200 profesionales. Así, en las últimas semanas, se cerró un acuerdo entre Ganga y Atresmedia que previsiblemente privará a TVE de la ficción protagonizada por Imanol Arias y Ana Duato. El movimiento recuerda al emprendido por la productora Proamagna con el formato de entrevistas conducido por Bertín Osborne, rumbo en aquella ocasión a Mediaset. El ministerio del tiempo, tal y como han reconocido sus responsables, también ha tocado las puertas del sector.
El pasado lunes, este diario dio a conocer la auditoría interna realizada por la cadena pública sobre las tres últimas temporadas de Cuéntame. El análisis se ha puesto este miércoles sobre la mesa del comité de auditoría de la pública. Aunque este jueves se reúne el consejo de administración de RTVE, en Ganga no contaban con recibir ninguna respuesta del máximo órgano de gestión de la radiotelevisión estatal. De hecho, tras cuatro meses de espera, ya se habían resignado a esperar al último encuentro mensual del consejo de esta temporada, previsto para finales de julio. En vez de estirar las inseguridades de personal artístico y técnico, Ganga ha decidido localizar otro hogar para los Alcántara. Cuéntame se ajusta a todas luces a los criterios de programación de Antena 3, una cadena con plena confianza en la ficción seriada española.

Según los datos recogidos en la auditoría interna de Cuéntame, a los que tuvo acceso este periódico, la última temporada emitida tiene un presupuesto total, en sus 19 episodios, de 12.192.686 euros, sin incluir el IVA. El presupuesto de cada capítulo de la serie, a razón de 70 minutos cada uno, se cifra en 641.720 euros. Una hora de la serie, según los datos de la auditoría realizada por la propia RTVE, supondría un coste de 550.046 euros.
Entre las "debilidades" de control interno señaladas por esa auditoría, se repasaban algunas apariciones de marcas publicitarias "evitables", a riesgo de incurrir en "un incumplimiento del contrato y de la neutralidad comercial buscada en TVE". Detalles de ese tipo no entrañarían conflicto alguno si la serie se emitiera en un canal privado.
Fuentes conocedoras de la operación entre Ganga y Atresmedia, consultadas por este diario, destacan que el acuerdo se ha realizado en base a criterios de rentabilidad, y que, en el acuerdo, ha primado la supervivencia de la serie sobre cualquier mejora económica.
Aparentemente solucionada la continuidad de la ficción, la serie afronta aún la investigación por presunta comisión de fraude fiscal que pesa sobre los dos protagonistas, Arias -en el papel de Antonio y Duato -en el de Merche-. Entre los querellados en la causa figuran también Ana Isabel Arias, hermana del actor principal, y Miguel Ángel Bernardeau, pareja de Duato, creador de Cuéntame y administrador de Ganga, productora de la que es socio al 40%.

Las trabas que pone la mente.

Los pensamientos negativos pueden influir en nuestras emociones, haciéndonos sentir mal

Nuestras emociones muchas veces pueden influir en la forma que tenemos de actuar ante la vida. Disponer de un tipo de esquemas cognitivos u otros puede afectar negativamente en cómo percibimos el mundo que nos rodea. Razonamientos como "no podré aprobar el examen de conducir", "me he quedado sin trabajo, no volveré a encontrar otro" o "debería haber estudiado más", son afirmaciones que repetimos a menudo y que desconocemos el daño que hacen a nuestra autoestima. En Psicología este conjunto de pensamientos negativos se conoce con el nombre de distorsiones cognitivas.
Las distorsiones cognitivas son una serie dereflexiones equivocadas que nos hace interpretar los hechos erróneamente. "Se cree firmemente en ellas, a pesar de que en un análisis lógico, se vería que son absurdas", aclara José Antonio Portellano Pérez, psicólogo clínico y profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid.
A su vez, generan múltiples consecuencias negativas: alteraciones emocionales como resultado de la perjudicial creencia en los pensamientos negativos; conflictos en las relaciones con los demás debido a esas interpretaciones erróneas; o en la manera de ver la vida dando lugar a una visión simplista y negativa. Raimon Gaja Jaumeandreu, especialista en psicología clínica y fundador y director del Instituto Superior de Estudios Psicológicos, asegura que "vivir con estrés puede tener repercusiones en la salud, y cambiar estos pensamientos te permite vivir de una forma más relajada".

El problema principal es que muchas veces asumimos que nuestras ideas son verdades absolutas. Pero existe una realidad más objetiva y justa, independiente de la perspectiva de cada individuo. La equivocación se debe a que algunas personas interiorizan que las emociones que experimentan o sienten son un reflejo exacto de la realidad, y no es así. "Cualquier persona puede tener sentimientos de infravaloración o dudas acerca de sus capacidades, y en ocasiones se anticipa el fracaso, empleando esquemas de acción negativos", sostiene Portellano.
"Las personas con baja autoestima, un escaso desarrollo de sus habilidades sociales o con tendencia depresivas tienen más facilidad para desarrollar distorsiones cognitivas", explica.
A pesar de esto, no se nace con este tipo de razonamientos. "Las experiencias vitales negativas pueden provocar e incrementar la tendencia al pensamiento polarizado, del tipo 'todo' o 'nada' ", afirma. Incluso, hay individuos que no presentan estos problemas, o que los sufren en menor medida. "Todo se aprende en función de valores como la cultura, la educación, y los padres que son los que transmiten estas ideas. Existen padres más competitivos y otros más relajados, y esto se refleja en la actitud posterior de los hijos", dice Gaja.
Estas reflexiones negativas se pueden eliminar. Aunque en las personas con unas creencias arraigadas, se tardará más tiempo, ya que llevan la mayor parte de su vida conviviendo con estas reflexiones. "A un niño de 10 años se le puede convencer más rápidamente que a una persona que ya sea mayor", expone Gaja.
El 'remedio' sería la terapia cognitiva, cuyo objetivo es reeducar la mente para erradicar estas afirmaciones que el único resultado que tienen es perturbar psicológicamente a la persona. "Si en lugar de pensar en desgracias, pienso que me tocará la lotería o que ganará mi equipo, seré más feliz", sostiene.
"Vivimos en una sociedad muy exigente, cada vez más competitiva y al mismo tiempo en un momento de crisis laboral, social y de redefinición de valores", explica Portellano. Ante las situaciones de incertidumbre, aumenta el malestar psicológico, que afecta más fácilmente a las personas más vulnerables o en situación de mayor riesgo. Por ello, la misma situación uno la vive de una forma más trágica o dramática, mientras que otro la percibe de una forma más positiva. "La finalidad es hacer que estos pacientes vean el mundo de forma distinta y darles alternativas", aclara Gaja.
En estos casos, los psicólogos deben de hacer de 'traductores de la realidad'. Gaja asegura que "el 90% de nuestros pacientes vienen por problemas de pensamiento". En muchas ocasiones las preocupaciones del paciente no son reales, ya que los problemas a los que se enfrenta en su vida no son tan graves como él piensa. Otro de los motivos es la imposibilidad de algunas personas de adaptarse a los cambios en sus situaciones personales. "Muchas personas han conseguido éxitos después del fracaso. Quien fracasa más, es el que más lo intenta", afirma.
"Las distorsiones más habituales que vemos son adivinar y anticipar acontecimientos", dice. Uno de los ejemplos más comunes sería no presentarse a un examen por pensar que se va a suspender, o no ir a una cita por pronosticar que será rechazado por la otra persona. "Una distorsión muy frecuente es el pensar 'no me quieren'", expone.