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miércoles, 25 de mayo de 2016

Te lo contaría y, al final, te lo contaré.con credibilidad y confianza.

Es tal la información basura de la blogosfera que el público exige

credibilidad y confianza.


La prensa tradicional ha muerto, sentenciaron algunos especialistas, cuando el portal TMZ.com se anticipó a los grandes diarios e informó al mundo el fallecimiento de Michael Jackson en 2009. No obstante, el caso mismo de Michael Jackson revela que este aparente desplazamiento es más complejo de lo que parece. El mundo se enteró por TMZ, pero no lo aceptó hasta que poco más tarde la página digital de Los Angeles Times confirmó la muerte, citando fuentes oficiales. Es decir, el dato fue “real” sólo cuando un medio profesional lo dio por bueno. 

En otras palabras, el sentido de oportunidad y muchas de las primicias pueden haberse desplazado tendencialmente a los sitios digitales, a Facebook y Twitter, pero la credibilidad, al menos hasta hace poco, seguía siendo atributo de las casas editoriales capaces de inspirar confianza.
Muy pronto nos dimos cuenta de que la credibilidad no bastaba. En los primeros años, los grandes diarios simplemente se dedicaron a replicar en la nube la información depositada en sus páginas. La operación seguía privilegiando la edición del día siguiente, lo cual era absurdo: publicar una información 12 horas después de recibida resultaba anacrónico y tardío frente a la inmediatez de los sitios digitales nativos. Algunos pensaron que esa batalla estaba perdida y que los diarios tendrían que reivindicarse publicando la información al día siguiente pero con mayor contexto y profundidad. El hecho de que los principales ingresos procedieran de la publicidad vertida en el papel parecía confirmar esta vocación. Por desgracia, los lectores no compartieron tal conclusión; muchos de ellos dejaron de leer periódicos. Poco a poco los editores y directivos entendieron que estaba muriendo el modelo de negocio que funcionó durante 150 años. El futuro de las grandes cabezas de la prensa sería digital o no sería ninguno. 
Hoy puede verse la revolución en marcha que tiene lugar empresas como The New York Times, The Washington Post, The Guardian o los principales diarios en América Latina. Procesos de cambios inéditos, en buena medida a partir del ensayo y error, encaminados a desarrollar una personalidad netamente digital, sin perder los atributos de calidad y credibilidad que los hicieron grandes. 
Por su parte, los diarios digitales caminan en sentido inverso. Prosperaron gracias a su ventaja comparativa explotando su sentido de oportunidad frente a los diarios tradicionales, pero han entendido que eso tampoco bastaba. Es tal la información basura de la blogosfera que el público ha terminado por exigir estándares mínimos de credibilidad y confianza. Muchos de estos diarios digitales han cerrado o se encuentran en proceso de hacerlo frente al repudio de usuarios y anunciantes. Con todo, algunos pocos en cada país han logrado sobrevivir a este proceso hasta convertirse en verdaderos protagonistas de la conversación pública y del universo informativo. 
Gracias a este proceso de convergencia de los dos sectores (medios impresos que se digitalizan y medios digitales que se profesionalizan), hoy atestiguamos un panorama híbrido en materia informativa. Una docena de diarios digitales, con redacciones y producción periodística propia, rivalizan en tráfico e impacto con la prensa tradicional. El Faro de El Salvador, Sin embargo.mx y Animal Político en México, IDL en Perú, La Silla Vacía en Colombia, Elmostrador en Chile, Plazapública y Nómada en Guatemala, Ojopúblico en Perú, entre otros, se han vuelto referentes en sus respectivas comunidades.
En realidad se trata de un fenómeno mundial; tiene lugar en EE UU, España o Alemania, pero en América Latina la emergencia de estos sitios ha resultado clave porque subsana las carencias de una prensa que, salvo honrosas excepciones, ha mostrado una vocación oficialista o una vergonzante complicidad con las élites políticas y empresariales. Muchos de los diarios digitales citados arriba constituyen no sólo una voz fresca; son también referencias imprescindibles para entender realidades ocultas e información que, como dice Ojo público, otros no te quieren contar.
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