Sigue el blog por EMAIL. Seguir por EMAIL

lunes, 23 de mayo de 2016

Si no gana las elecciones 26J el PP, todo va a ser muy difícil en España, peor que en Grecia y Venezuela..

En Caso de que las elecciones del 26 de Junio -26J- se cierran con un resultado razonable, que permita formar Gobierno con toda normalidad, y que no nos conduzca a una revisión populista de las políticas públicas y del sistema, la tarea que se nos viene encima será muy difícil de cumplir. Pero si insistimos en el bloqueo, o si la salida se hace a la desesperada, la situación será dramática. En este momento no lo vemos así, porque incluso se percibe cierto optimismo renovador. Pero esta confianza irresponsable solo surge de la banalidad discursiva de la campaña, en la que todos los problemas importantes están aparcados, mientras la actualidad se reduce al postureo de los partidos, a la guerra de banderas verdaderas y falsas y a las mil soluciones facilonas y utópicas que integran los programas de gobierno.
Pero al día siguiente de las elecciones habrá que afrontar los temas más complejos y urgentes que fueron aparcados primero por la crisis y después por el marujeo que rodeó la investidura. Y entre ellos están un pacto de financiación autonómica que, carente de recursos para la continuidad, y con todos los consensos quemados por el debate soberanista, se vislumbra prácticamente imposible. Un recorte multimillonario próximo a los 10.000 millones de euros, que volverá a activar la protesta y la demagogia y sumirá en el descrédito al nuevo Gobierno. Una revisión del pacto de Toledo, que, calentada por la propuesta del PSOE para financiar las pensiones con impuestos, apunta a la ruptura total del modelo y a un igualitarismo de las prestaciones imposible de financiar.
También habrá que afrontar las consecuencias de unas elecciones enfocadas sobre la hipótesis de fuertes expansiones del gasto, de grave reducción de los incentivos laborales y desde la ilusa pretensión de que hay gastos -ahora llamados derechos- que deben estar radicalmente excluidos del ajuste presupuestario, y que afectan al 65 % del presupuesto consolidado del Estado (educación, sanidad, desempleo, coberturas sociales, salarios de dignidad y vivienda). Y también habrá que prever un presupuesto extraordinario de reposición de servicios y obra pública que, afectados por los recortes anteriores, necesitan una urgente intervención para no mermar la economía productiva. Y para redondearlo todo, Josep Borrell, fichado por Sánchez como gurú de la nueva etapa, acaba de plantear la necesidad de aumentar sustancialmente el gasto de defensa.
Lo malo es que esta tarea, que por sí misma ya frisa la irrealidad, puede quedar encomendada a un Gobierno de cada partido en el que se integren, además, veinte sensibilidades. Y por eso espero que el día de las votaciones haya papeletas que, si no apuntan hacia una clara alternativa de izquierda o de derecha, nos quemen en la mano. Porque si nos entregamos al optimismo y al ya se verá, no tendremos solución.
Publicar un comentario