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lunes, 23 de mayo de 2016

Seseña en medio de ninguna parte.



Un modesto municipio de Toledo está destinado a ocupar un lugar privilegiado en la lista negra de los topónimos capaces de resumir los desastres de toda una época

Yo estudié Geografía e Historia. Los alumnos de primero nos quejábamos de la forzosa asociación de ambas disciplinas, pero entendimos muy pronto la relevancia que aportan las coordenadas espaciales al conocimiento de los hechos históricos. Así, un modesto municipio de Toledo está destinado a ocupar un lugar privilegiado en la lista negra de los topónimos capaces de resumir los desastres de toda una época. En el futuro, la cultura del boom inmobiliario no se entenderá sin Seseña. La del pelotazo, tampoco. El incendio del vertedero de neumáticos declarado ilegal en 2003, que siguió acumulando toneladas de goma gracias a diversas triquiñuelas legales y a la culpable indiferencia de las autoridades que lo toleraron, pone el broche final a una historia nefasta. Ahora, lo único importante es que las víctimas del Pocero puedan volver a sus casas. Pero mañana será imprescindible determinar las responsabilidades políticas, administrativas e incluso jurídicas que han desembocado en una emergencia medioambiental largamente anunciada por los expertos. Seseña ya tiene bastante desgracia con la turbia historia del Quiñón, alucinante megaurbanización sin servicios en medio de ninguna parte. No deberíamos tolerar que se convierta, además, en un ejemplo proverbial de la España de la impunidad que ha sucedido directamente, sin escalas, a la España de la corrupción. Los lazos que vinculan ambos fenómenos son demasiado íntimos como para que aceptemos sin más la bonita historia de entre todos la mataron y ella sola se murió con la que ya pretenden escurrir el bulto las Administraciones responsables de lo que ha pasado. Sólo falta que digan que lo sienten mucho, como el organizador de la fiesta del Madrid Arena.

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