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martes, 24 de mayo de 2016

Sería el colmo que votar socialismo fuese el equivalente a votar Popular.



Empiezan a caer encuestas electorales, y ocurre lo previsible: el interés de las urnas de junio no está en quién será el ganador, sino en quién quedará de segundo. Parece que la victoria será del PP y hay pelea por la segunda plaza entre el PSOE, actual titular, y la coalición Unidos Podemos, aspirante con fuerza. Mientras ambos dirimen su contienda, el señor Rajoy y sus equipos se divierten viéndolos luchar por los despojos. Está claro que, si Pedro Sánchez deja de ser aspirante a la presidencia del Gobierno y Pablo Iglesias se conforma con situarse en el número dos del podio, el PP ganará con cierta comodidad. Cuestión distinta es que encuentre con quién pactar, porque la mayoría que le otorgan los sondeos sigue siendo tan exigua como la obtenida el 20 de diciembre y no hace falta recordar cómo terminó el experimento.
El Partido Socialista, aunque lo sobrepasen los comunistas, será el eje de la política futura. Se enfrenta a tres posibilidades, obtenga los resultados que obtenga el 26 de junio. Si queda de segundo, deberá optar entre la gran coalición que le ofrecerá Rajoy o volver a intentar la mayoría de izquierdas que hasta ahora no pudo liderar. Si queda de tercero, quizá corte la cabeza de Pedro Sánchez la misma noche electoral, pero tendrá que decidir entre apoyar a Unidos Podemos, como le está ofreciendo Iglesias, o apoyar a la derecha, que sería lo más vergonzante. La posibilidad tercera es que gane las elecciones o sufra una derrota total, pero ninguna de esas opciones parece realista a fecha de hoy.
Intrigante panorama, sobre todo para votantes de izquierdas: tienen a su ideología dividida, sin saber cuál será el voto más útil. Por si esa fuese poca desgracia, ahora no saben qué votarán si votan socialista. Si hacen caso a algunos de sus líderes, como el presidente de Aragón, estarán votando a un partido que no descarta apoyar a Rajoy. Si hacen caso a Pedro Sánchez, no apoyarán esa gran coalición, pero no tienen claro cuál será el destino final de su voto. Y si temen que votar PSOE sea llevar a Podemos al Gobierno, es legítimo que piensen que eso supondrá enterrar a la socialdemocracia por mucho tiempo.
Nunca los militantes y simpatizantes socialistas se enfrentaron a tan dramáticas incógnitas. Hasta ahora, con el bipartidismo, sabían que con una papeleta decidían estar en el Gobierno o en la oposición. Ahora les han cambiado las reglas de juego. Ocurre lo que jamás habían sospechado, ni en las peores pesadillas: no saben si votarán a Rajoy -el colmo del masoquismo-, a Iglesias o tirarán su voto. Hay que aclarar ese horizonte, señor Sánchez. No sea el diablo que, no sabiendo a qué parecido beneficiará su voto, terminen votando al original.
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