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domingo, 15 de mayo de 2016

PSOE, Ciudadanos y Podemos han preparado otro bloqueo político para España y esta no puede.

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Es incuestionable que el  Partido Popular el 26J logrará entre 152/56 escaños. El PNV y CC como ya han anticipado se abstendrán. Esta situación obligaría al triunvirato a aliarse con el resto del mapa electoral y tampoco conseguirían nada, no veo a la CUP dándole el voto a los socios de Albert Rivera. O sea, nuevas elecciones.  Pero vamos a ser pragmáticos en lo que se puede para hacer cábalas. De ninguna de las maneras se  puede permitir ni los chantajes que tratan de condicionar sus modelos y liderazgos, ni la hipótesis de un PSOE que, manipulando a su antojo el dogmático pesetero de Albert Rivera, quiere que Sánchez presida una gran coalición (PSOE + Ciudadanos + abstención del Partido Popular), o un simple desalojo de Mariano Rajoy (PSOE + Ciudadanos + el voto regalado de Podemos), que tendrían como base una insolvente coalición de perdedores. ¡DE PENA¡
Y la lógica de un posible Gobierno progresista asiste a Unidos Podemos (UP), ya sea porque la maniobra firmada por Iglesias y Garzón les produzca el deseado sorpasso, o porque la coyunda de socialistas, populistas, nacionalistas, animalistas, verdes, comunistas, independentistas, colausistas, carmenistas, anovistas, confluencistas y mareas solo se puede hacer y controlar desde Podemos. Otras hipótesis, como un ejecutivo centrista apoyado por PSOE y Ciudadanos y soportado con resignación cristiana por todos los demás, solo tienen la escasa gracia del mal menor, y no son realistas. Por eso deberíamos reconocer que, tras el largo combate librado contra el bipartidismo imperfecto, que hizo la transición y gobernó España durante 38 años, hemos desembocado en una polarización entre casta y populismo que, además de exhibir todos los achaques atribuidos al bipartidismo, tiene que lidiar con la dramática y gaseosa inestabilidad del polo izquierdo. Es lo que se llama «salir de Guatemala para ir a Guatepeor».

Es evidente que nada de esto debería extrañarnos, ni ser tenido por apocalíptico, porque es lo mismo que, tras el 20D, bloqueó la política española. Así que -¡insistiré otra vez!- nos quedan solo dos soluciones. Que los electores polaricemos el voto en la misma medida en que los partidos polarizan su oferta, y hagamos un gobierno de mayorías zurcidas del PP o de Podemos. O que, rota la alianza utópica y excluyente de Pedro Sánchez con Albert Rivera, se acepte que el debate posterior al 26J debe hacerse desde la inteligencia y el posibilismo y no desde el iluminismo oportunista.
Si nos atenemos a otra de las payasadas de Sánchez y Rivera -que ahora compiten también por las reliquias de Adolfo Suárez-, no presagia nada bueno. Sus discursos, si se escudriñan con serenidad y una buena lupa, se resumen en «si no me dan lo que quiero, lloro y pataleo, y me apunto al bloqueo». Y eso significa que si una parte significativa de los electores vuelve a picar en los anzuelos del buenismo, el funambulismo y el postureo de Sánchez y Rivera, como anuncian las encuestas, estamos abocados a unas terceras elecciones. Y una advertencia: la mejor manera de forzar las terceras votaciones es creer que son imposibles. Porque la idea de que «lo que no puede ser no puede ser y además es imposible» está en la base más honda de todos los conflictos.
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