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viernes, 20 de mayo de 2016

Podemos VUELA SIN ALAS.

La posibilidad de que se produzca un cambio significativo respecto de lo que ha sido el sistema de partidos de la Transición está en el aire

La previsibilidad ha sido una de las características más destacadas, si no la que más, del sistema de partidos que se configura a partir de los resultados de las elecciones del 15 de junio de 1977. En dichas elecciones que, aunque no fueron convocadas como constituyentes, acabaron siéndolo, se prefiguró un sistema de partidos, que ha sido reafirmado en las diez siguientes elecciones constitucionales, las celebradas desde marzo de 1979 hasta noviembre de 2011.
Este sistema de partidos es el que parece que empezó a entrar en crisis con el resultado de las elecciones europeas de mayo de 2014, aunque queda todavía por ver qué ocurre a finales de año, ya que el sistema electoral para el Congreso de los Diputados y el Senado es profundamente distinto del sistema electoral para el Parlamento Europeo, las comunidades autónomas o los Ayuntamientos de más de cinco mil habitantes. Sobre esta diferencia y sobre las sorpresas que puede deparar, ya llamó la atención en este mismo periódico José Ramón Montero hace unos meses (“Podemos y el sheriff de Nottingham”, 5 de febrero).
Entrar en los Parlamentos y Ayuntamientos no es fácil, pero entrar en treinta y tantas de las circunscripciones del Congreso y en todas las del Senado es casi imposible
Me imagino que estarán reflexionando seriamente sobre ello las direcciones y los militantes de todos los partidos que en el terreno de la izquierda se están viendo obligados a diseñar una estrategia para concurrir a las elecciones generales. Entrar en el Parlamento Europeo, en los Parlamentos autónomos o en los Ayuntamientos no es fácil, pero entrar en treinta y tantas de las circunscripciones del Congreso y en todas las del Senado es casi imposible. En el Congreso y el Senado la barrera legal, que tan importante ha sido el pasado 24 de mayo, es irrelevante. Hay que multiplicar por cinco, o incluso por más, el 3% de la barrera legal para poder ocupar un escaño en el Congreso o en el Senado. Toda estrategia que no esté diseñada para alcanzar ese objetivo va a conducir a una profunda frustración no solamente a los dirigentes y militantes de los partidos, sino a sus potenciales votantes.
La posibilidad de que se produzca un cambio significativo respecto de lo que ha sido el sistema de partidos de la Transición está en el aire. Pero de eso a que dicho cambio se materialice y con qué intensidad, está por ver. Todos sabemos en qué tejado está la pelota.
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