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sábado, 14 de mayo de 2016

Otra campaña electoral costosa y vana.

Tengo un disgusto terrible. Y no es por que nos espere otra campaña electoral, que también. Tampoco por las agoreras predicciones meteorológicas y sus anuncios/amenazas de un fin de semana más frío que Siberia en pleno diciembre. No. Mi disgusto se lo debo a la desaparición de los billetes de 500 euros. A ver qué hacemos ahora. Ya imagino la algarabía en las fábricas de carretillas, con direcciones y plantillas encantadas pensando en miles, millones de ciudadanos llevando sus ahorros de un lado a otro a cuestas. Los billetes de 500 dejan de imprimirse en 2018 pero siguen siendo de curso legal. Y eso que según Mario Draghi «es un instrumento para actividades ilegales». Vale. Pero como una cosa es lo que opina el Banco Central Europeo y otra lo que dicta el Bundesbank, aquí no ha pasado nada. Ya se sabe que hablar de dinero es una ordinariez y, además, hay que tenerlo. El resto son brindis al sol (hoy saludos, que todos somos yoguis; algunos incluso compis). Más o menos como el anuncio de que el billete de 500 dejará de imprimirse. Los amigos del ‘black’ tienen que estar temblando. Como usted y yo, o más. Tirando de refranero clásico de los felices tiempos preTwitter: tanto da que da lo mismo.
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