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martes, 17 de mayo de 2016

MACGUFFIN Para estar guapa hay que sufrir.

MACGUFFIN

Para estar guapa hay que sufrir

Puede que sea algo más de nuestras abuelas que de nuestras madres, pero tengo recuerdos de infancia de escuchar por casa aquello de que “para estar guapa hay que sufrir”. Y a pesar de aquella cosa de los metrosexuales que suena ya demodé, la dictadura de la imagen ha perseguido y persigue con especial inquina a las mujeres. Porque un día llega DiCaprio y dice que lo que mola es estar ‘fofisano’ –bueno, no es que lo diga DiCaprio, pero todos sabemos cómo va esto-, haciendo un favor a media humanidad. ¿Y la otra media? No. La otra media –un poco más del 50 por ciento, de hecho- no tiene la suerte de que uno de sus referentes coja unos kilos y, en lugar de en diana de dardos envenenados, se convierta en tendencia. No caerá esa breva. 

El nuevo término para que podamos seguir clasificando a las personas en base a su talla y aspecto –¿qué haríamos sin ellos?- lleva ya un año con nosotros. Fue en mayo de 2015 cuando unas fotos del recientemente oscarizado actor paseando por la playa pusieron de manifiesto que la curva de la felicidad no tiene porqué estar reñida con lo sexy –en ellos; en la tripa de la novia se podía rallar queso-. Sólo unos días después de aquellas instantáneas, se inauguraba el festival de Cannes con una paradoja mayúscula, muestra del doblemoralismo que se cuela en absolutamente todos los rincones del ahora: dentro de la sala, la cinta de apertura, Carol, un canto a la libertad sexual femenina; fuera, alguna que otra invitada a la que no dejaron acceder al pase por no llevar zapatos de tacón. Un año después, los protagonistas de la alfombra roja de la actual edición de Cannes han sido los pies descalzos de Julia Roberts. Y ya hay quien ha hablado de decoro, de etiqueta y de los esmóquines que tienen que llevar, también por normas de la organización, los hombres. De momento, las pajaritas sólo causan daños físicos si a alguien se le va la mano con el nudo.

La guerra a los tacones, a la que se sumaron Susan Sarandon o Kristen Stewart en el festival que se desarrolla en la ciudad francesa, podría parecer –que, si vamos a la raíz, no lo es- superfluo o insignificante. ¡Pero si no tenemos Gobierno! ¿Qué hacemos hablando de calzado? Pero resulta que apenas unos días antes de que ‘la novia de América’ luciera juanetes –probablemente causados por años de tacones- sin perder un ápice de glamour, se conocía el caso de Nicola Thorp, una británica de 27 años que fue despedida el pasado mes de diciembre en su primer día de trabajo como recepcionista en una empresa de Londres por no acudir a su puesto con zapatos de tacón. La joven ha impulsado a través de Internet una campaña de recogida de firmas, que ya supera las 200.000, para que el Parlamento británico revise una ley que permite a las empresas exigir ese tipo de condiciones a sus empleadas. Sí, al parecer esa ley inglesa existe. Y hay empresas que la aplican. Crucemos los dedos, porque huir de la hecatombe del ‘Brexit’ subida en 8 centímetros de tacón no debe de ser fácil. 

No nos quejaremos muy alto, que tanto en Reino Unido como en España, las mujeres podemos votar y tener las cuentas y las casas a nuestro nombre. Pero lo cierto es que estamos bastante equivocados si pensamos en la igualdad de género como una conquista, y de cuando en cuando, aunque España esté paralizada en lo político o Reino Unido vote si coge su sombrero y se va de Europa, no está de más recordarlo.
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