Sigue el blog por EMAIL. Seguir por EMAIL

jueves, 12 de mayo de 2016

Los socialistas se han quedado sin dos de los principales elementos que dan cohesión a un proyecto político: el discurso y el poder

 
La muerte de los cuerpos comienza por su descomposición en partes. En ese proceso lleva ya un tiempo el PSOE. Desde que Zapatero pisoteó la tradición socialdemócrata con sus recortes y el partido perdió las elecciones del 2011, los socialistas se han quedado sin dos de los principales elementos que dan cohesión a un proyecto político: el discurso y el poder. Al diluirse el pegamento que los mantenía unidos, el partido se ha ido fragmentando progresivamente hasta acabar en lo que es ahora: un reino de taifas, cada uno con su caudillo, más preocupado por mantener su pequeña parcela de poder en su territorio que por el proyecto común. Y si para mantener su corona necesitan pactar con el diablo no lo dudan ni un segundo, aunque después le impidan hacer lo mismo a su líder, como ocurrió en las negociaciones de Pedro Sánchez para la investidura. Y es que los mayores obstáculos los encuentra el candidato socialista en su propio partido, cuyos barones lo torpedean una y otra vez. El exilio interno de Sánchez y el filibusterismo de sus dirigentes territoriales amenazan al PSOE. Porque el 26J se juegan algo más que estar o no en el Gobierno, se juegan su supervivencia y el futuro de la izquierda. Porque no es una lucha PSOE-Podemos, es una lucha entre una izquierda de raíces populistas iberoamericanas y una izquierda socialdemócrata, profundamente europeísta, abierta, plural y transformadora. Eso es lo que está en juego y que gane una u otra será responsabilidad histórica de los líderes y barones del PSOE.
Publicar un comentario