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martes, 24 de mayo de 2016

Lo de Pedro Sánchez es para llorar: "Crear un impuesto para financiar las pensiones"

En más de una ocasión he escrito que Pedro Sánchez es imposible que sea economista. Aunque en la complutense todo es posible. Mariano Rajoy califica de «auténtico disparate» la propuesta de Pedro Sánchez de crear un impuesto específico para financiar las pensiones. No le falta razón en un sentido: hay que ser verdaderamente iluso para prometer subidas de impuestos en plena precampaña electoral. El cuestionado líder del PSOE todavía no aprendió a distinguir la jerga preelectoral del crudo lenguaje del BOE. Confunde la anestesia con la cirugía. A la gente hay que engatusarla antes de suministrarle el aceite de ricino.
El pueblo no solo te quiere por popular -adjetivo referido a pueblo, no a gaviota- hay que saber decir las cosas. Sáenz de Santamaría lo ha bordado: «Nuestro modelo es financiar las pensiones con la creación de empleo». Exacto. Creamos trabajo y, a la vez que extirpamos el principal tumor de España, reclutamos una legión de nuevos cotizantes que, al modo del Séptimo de Caballería, vendrá al rescate de nuestros pensionistas. Lo entienden hasta los alumnos de primaria. Lástima que la hermosa teoría haya embarrancado en la escollera de la realidad. En cuatro años de Gobierno popular -adjetivo relativo a gaviota, no a pueblo-, el déficit de la Seguridad Social se multiplicó por 34. Los números rojos pasaron de 487 millones en el 2011 a 16.707 millones el año pasado.
Pero hay algo que pocos dicen y todos obvian: cómo se financian actualmente las pensiones. Aparte del saqueo del fondo de reserva, próximo a extinguirse, el grueso del dinero que perciben los jubilados procede -¿aún?- de las cotizaciones sociales. ¿Y qué son estas sino un impuesto? El impuesto más duro de todos, porque penaliza nuestro bien más escaso: el trabajo. Un impuesto escasamente equitativo, porque recae sobre todo en las empresas intensivas en mano de obra. Y un impuesto ambivalente desde el punto de vista de la competitividad: por un lado la mejora, a costa del empleo, porque incentiva la sustitución del trabajo por máquinas; por otra parte, la perjudica, ya que, al ser las cuotas más elevadas que en los países competidores, encarece los productos españoles en los mercados.
¿Es un«auténtico disparate» la propuesta de trasladar la sobrecarga de las pensiones a otros impuestos, con el fin de evitar la bancarrota del sistema? ¿Existe alguna otra opción? Sí la hay, pero Mariano Rajoy se cuidará de mencionarla antes del 26J, porque no es tan iluso como Sánchez: rebajar las pensiones actuales. ¿De qué otro saco, si no, pretende extraer los 8.000 millones que Bruselas le exige recortar al próximo Gobierno? ¿O tal vez, llegado el caso, se propone cometer el «auténtico disparate» de subir los impuestos? Con Rajoy, que ha demostrado gran pericia para convertir en antónimos lo que se dice antes y lo que se hace después, nunca se sabe. Bien es cierto, dicho sea en su descargo, que tampoco los demás se quedan atrás. Ya lo decía Bertrand Russell: «La humanidad tiene una moral doble: una, que predica y no practica, y otra, que practica pero no predica».
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