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viernes, 27 de mayo de 2016

La Reina Sofía, vida y obra en un monólogo de Victoria Salvador

El Teatro Español estrena un retrato descarnado y muy personal sobre la madre del Rey, en un monólogo que interpreta Victoria Salvador


Victoria Salvador, en el ensayo el pasado jueves de ‘Sofía’ 

el cine y el teatro entran a saco en las entrañas de la monarquía, con pelíccomo The Queen, en la que la actriz Helen Mirren se puso en la piel de Isabel II, en España todavía son casos aislados. Alguna serie de televisión y poco más. “Somos todavía una sociedad inmadura”, asegura Ignacio García May (Madrid, 1965), que ha realizado a lo largo de muchos meses una exhaustiva investigación objetiva en torno a doña Sofía, además de estar en contacto con sus personas más íntimas. “Tenemos un problema serio que aparece constantemente no solo con los Reyes, sino con nuestra propia historia. Parece que no somos capaces de sentarnos y poner los datos sobre la mesa y no las opiniones. La idea del montaje era romper el tabú, abrir un camino, desacralizar algo que parecía sagrado”, añade el autor y director, que advierte que lo que se va a encontrar el espectador es “una ficción” basada en hechos reales. “Lo verdaderamente grande de una obra como esta es que no fuera polémica. Me gustaría vivir en un país donde estrenar una obra sobre una reina no generase ningún tipo de interés más allá del normal”.
El rey Juan Carlos I y la reina Sofía en el 70 cumpleaños del rey sueco Carlos Gustavo.
"No te metas en ese jardín, nunca salen bien”, le advertían a Juan Carlos Pérez de la Fuente, entonces al frente del Teatro Español, cuando decidió encargar a Ignacio García May una obra dramatúrgica sobre la reina Sofía. “Es una mujer de silencios, muy teatral en el sentido más hermoso de la palabra, y creo que la sociedad española siente hacia ella algo especial”, explica hoy Pérez de la Fuente a cuatro días del estreno en la sala pequeña del Español de Sofía, un retrato descarnado y muy personal sobre la madre de Felipe VI, en un monólogo que interpreta Victoria Salvador.





García May tuvo claro desde un primer momento que él no podía hablar en nombre de la Reina, que el monólogo no podía hacerse en primera persona —“no me parecía justo desde el punto de vista no político, sino dramatúrgico”—, por lo que se decidió por la segunda persona con lo que se da voz a diversos personajes. Es, a veces, la reina Sofía y sus confesiones descarnadas, pero también su madre Federica, o los ciudadanos de a pie que la van interrogando.
“Mi intención era encontrar al ser humano que hay detrás de tantos títulos. Al final, una madre es una madre con corona y sin corona”, asegura el director. No solo una madre, sino también una mujer que sufre las infidelidades de su marido, aunque sea rey. Sofía, que comienza una lluviosa mañana de enero con el anuncio de la muerte del rey Juan Carlos —“así se deben morir los reyes, con lluvia y en enero”—, es toda una confesión a tumba abierta , en la que no se da la espalda a los asuntos más turbios del reinado de Juan Carlos I. Se dice de ella misma que es una mujer que ha tenido que practicar muchas veces “el arte del olvido”, pero aquí en la obra no olvida y sus recuerdos van surgiendo pavorosos y crueles, también algunos felices y glamurosos.
La reina Sofia asiste a la jura de bandera de los nuevos guardias reales el 13 de mayo en Madrid.

No solo se habla abiertamente de la presencia de la “rubia” Corinna en las cercanías de la familia —“hace mucho que me dejaron de afectar esas cosas”—, sino también de mirar hacia otro lado “ante ciertas maniobras de Juanito”, o de la “culpabilidad” de su hija Cristina en el caso Nóos. Tras confesar la amargura por la “destrucción pública de un hijo”, habla de la tristeza por tener que “citarse a escondidas” con la infanta Cristina o la de ocultarse para jugar con sus nietos y del dolor ante el enfrentamiento de sus hijos. “Felipe es tu obra maestra. Cristina es tu calvario, pero también la has criado tú”, le dice esa segunda persona que habla en la obra. No se ocultan tampoco las críticas por tanto viaje a Londres, por esos rumores sobre amantes músicos de la propia Reina y su desapego al pueblo español por parte de “una mujer de acero”, que nunca fue una “princesa mimada”, que sufrió de niña los bombardeos del Ejército alemán y que vivió un destierro prematuro.
García May ha entrado en la vida de la reina Sofía como lo hizo el pintor Antonio López con su famoso retrato de la familia real. “He mirado sin juzgar”, dice. Ahora solo falta que la propia reina emérita asista a su confesión dramatúrgica. “Yo tengo la teoría de que le gustaría la obra, pero también pienso que es muy difícil para una persona, más siendo reina, ver tu vida sobre un escenario”.
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