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viernes, 6 de mayo de 2016

La Cuba vieja y poco plural de Raúl Castro.

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A cinco años de la llegada del general Raúl Castro a la Presidencia del gobierno, Cuba muestra nuevas y muy diversas facetas.
Persiste la comunista a ultranza, anclada al pasado, que ve perder su omnipresencia con el paso de los calendarios y todavía, desde los penthouse del poder provincial, otea el futuro con algo más que desconfianza.
"Esto se derrumba. Tal como se están haciendo las cosas, la diferencia de clases es imparable. En pocos años, cuando ya no esté la generación de la Sierra, aquí del socialismo no va a quedar ni el nombre", declara un ex funcionario con cuatro décadas de militancia, quien no quiso ser identificado.
Pese a una represión de baja intensidad, sostenida tenazmente por las autoridades, en estos años se ha renovado además la Isla disidente, con una juventud descreída, radicalmente impermeable a las transformaciones socioeconómicas impulsadas desde el gobierno raulista, que reclama, sobre todo a través de los ciber-medios, un cambio de régimen político, con libertades civiles plenas, en el marco de una democracia pluripartidista.
En las filas opositoras -fragmentadas en pequeños grupos y aún con escaso apoyo popular- siguen considerando que las reformas del último quinquenio son sólo "cosméticas" y critican el ritmo lento que impone el gobierno al insuficiente programa de cambios que aplica.
Para Yoani Sánchez, la bloguera disidente más famosa de Cuba, las trasformaciones económicas de Raúl Castro forman parte de la estrategia del régimen para mantenerse en el poder, pero abrieron el apetito de los cubanos, que ahora quieren más.
Por su parte, académicos emigrados, como Arturo López, subrayan desde las universidades estadounidenses donde imparten clases la lentitud en la aplicación de las aperturas, incluida la reciente reforma migratoria y la ausencia de una política que incentive las inversiones de cubanos del exterior.
Pero entre los disidentes que viven en Cuba, también hay quienes igual que muchos otros cubanos dicen entender las dificultades del proceso transformador que afronta el país.
"Es complejo desaparecer la doble moneda, y también lo es mantener un Estado socialista que dé resultados positivos, a la vez que se reduce el enorme aparato burocrático y se facilita la ampliación de un sector productivo y comercial autónomo que funciona con herramientas del capitalismo. Eso acabará forzando los cambios políticos que la dirección del país pretende evitar", afirma el economista y ex preso político Óscar Espinosa.
Entre todas, tampoco falta la nación reformista, que se aferra con optimismo a lo que perciben como la primera posibilidad real de sanear los logros sociales conquistados por sus abuelos y mantenidos por sus padres a base de mucho sacrificio personal y colectivo, subidos al tren del desarrollo económico, en una sociedad cada vez más abierta.
Es el caso del escritor y periodista Leonardo Padura, para quien Raúl Castro ha puesto en movimiento el engranaje estructural socialista cubano buscando lo que más necesita el país: "institucionalidad, control financiero, aumento de la productividad, eficiencia económica, autosuficiencia en la producción de ciertos rubros, cambios en la política de empleo, modificaciones en la propiedad".
En las calles de La Habana, la mayoría de los ciudadanos consultados opinan que las transformaciones socioeconómicas no han parado desde que el hermano de Fidel Castro asumió en 2008 la Presidencia con el propósito explícito de eliminar, primero el exceso de prohibiciones absurdas que soportaban los cubanos, y luego aplicar los profundos cambios estructurales, imprescindibles para salvar del derrumbe al socialismo criollo.
"Cómo pasa el tiempo", comenta Maritza Vila, una profesionista habanera nacida el 1o. de enero de 1959, mismo día que se anunciaba al mundo el triunfo de la revolución cubana, liderada por el entonces abogado treintañero llamado Fidel Castro.
"Parece que aquí siempre hubiéramos podido alojarnos en los hoteles, contratar personalmente nuestro celular, abrir negocios propios, comprar y vender casas y carros, salir y entrar libremente del país.
"Pero esos son cambios muy importantes y nuevos que debemos al giro tomado por el gobierno en los últimos cinco años", dice la economista, recordando aquel primer discurso de Raúl Castro en el que advirtió a sus votantes de la imperiosa necesidad de realizar cambios estructurales para salvar el sistema del desastre.
Las reformas administrativas primero, y las estructurales -mucho más complejas-, después.
"Así lo hizo y lo sigue haciendo. Quien no vea cuántas puertas se nos han abierto a los cubanos en estos cinco años está ciego", opina Maritza. Y como ella, se expresan muchos que en su día dieron el visto bueno, con reservas, a las reformas, y ya hace años que las utilizan para su beneficio y han cambiado su realidad cotidiana.
A estas alturas, pocos dudan de que Raúl Castro ha facilitado la expansión de una Cuba disímil, nunca vista en medio siglo de socialismo de corte soviético, y que esa pluralidad no tendrá marcha atrás, por más que la apertura política siga brillando por su ausencia, tal como intenta el gobierno.
El general, según los ciudadanos consultados, pretende actualizar el modelo socialista criollo para hacerlo viable, y sabe que el tiempo corre en su contra, por lo que no se puede permitir errores. En este sentido, y luego de realizar experiencias piloto en distintas provincias, Raúl Castro también ha impulsado el arrendamiento de espacios comerciales públicos a privados, las cooperativas urbanas, los servicios de pequeños empresarios particulares a empresas del Estado, y la inversión extranjera.
Por último, pero no menos importante, se cree que Castro cuenta con un "plan B" por si el presidente Hugo Chávez abandona la arena política debido a su grave enfermedad y Cuba pierde los 100 mil barriles diarios que Venezuela le surte a precios preferenciales.
Además, se prevé que en su próxima y última legislatura seguirá ahondando la aproximación Estado-Jerarquía católica cubana, una institución que al parecer el general respeta y escucha.
Con la mediación de la cúpula católica nacional, el mandatario aceptó vaciar las cárceles de opositores pacíficos, presos políticos cuya existencia fue negada durante décadas, considerados por las autoridades isleñas como asalariados de potencias extranjeras para derrocar el sistema.
Analistas consultados sobre la primera etapa presidencial de Raúl Castro, opinan que el general y su gobierno parecen haber ganado adeptos y credibilidad en gran parte de la población, gracias a las medidas aplicadas hasta el momento.
"Aunque son insuficientes, no se puede decir que no hubo cambios a mejor en estos años, sobre todo en el terreno económico", afirma Raysel Morales, un joven informático, libertario y crítico.
"Además Raúl no divaga. Es claro y conciso; un político raro, porque habla lo justo y lo que dice se parece bastante a lo que hace", opina Morales, para quien el mandatario dirige su Ejecutivo con manu militari y es tan pragmático en sus discursos como en su forma de administrar el país.
El economista Carmelo Mesa también considera que las reformas administrativas implementadas en Cuba han tenido efectos positivos.
Desde la universidad de Pittsburgh, el autor del libro Cuba en la Era de Raúl Castro: Reformas Económico-Sociales y sus efectos (Colibrí, 2012), destaca como logros conseguidos por el Ejecutivo raulista: la reducción del aparato fusionando varios ministerios y entidades estatales; los avances en detectar, frenar y sancionar a centenares de funcionarios corruptos, y cierta apertura a la crítica dentro de los parámetros socialistas, con algunas facetas de glasnost.
También la posibilidad de que cualquier cubano se aloje en hoteles para turistas si puede pagarlos; la cancelación de deudas estatales a campesinos privados; la apertura a negocios privados; la compraventa de vivienda y autos; el usufructo de tierras a los granjeros particulares; la reducción de subvenciones estatales, protegiendo a las capas más necesitadas, y el recorte de los gastos sociales incosteables.
No obstante, los próximos retos son enormes.
"Con el diseño y magnitud actual, las reformas podrían lograr mejoras modestas, pero mientras no se resuelva el disenso en la dirigencia para expandirlas y profundizarlas, y se derrote la obstrucción burocrática, no se conseguirá resolver los problemas económicos y sociales primordiales, advierte Mesa.
Ahora, a punto de ser reelegido -nadie aquí lo duda- para su segundo y último periodo como gobernante, Raúl Castro tendrá que remover el sistema desde sus cimientos sin que éste se le derrumbe.
Y para ello debe reformar la legislación vigente; abrir el mercado mayorista para abastecer a la nueva y pujante IP local; lograr el incremento de la producción de alimentos, bienes y servicios; el aumento de las exportaciones, y un crecimiento económico sostenido que permita elevar el cuestionable bienestar social de la mayoría ciudadana.
El mandatario, de 81 años, debe timonear una complicada transición en la que cambie lo que debe ser cambiado, sin que salte por los aires el sistema. Y sólo dispone de cinco años para hacerlo.
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