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martes, 10 de mayo de 2016

Hay muchos mitos falsos en torno a las madres, algunas muchas tumban a veinteañeras.

Hay muchos mitos falsos en torno a las madres, como ese de que no aguantan el ritmo nocturno de una veinteañera. Como tantos otros axiomas, todo es relativo en esta vida. Una madre desesperada, en su primera salida tras meses y meses de encierro, puede tumbar a una veinteañera, puede dejar K.O. a un novio en su despedida de soltero y, si me apuras, hasta noquear a un ángel del infierno.
A lo mejor esa madre lleva tres o seis meses o un año o dos sin salir, nunca se sabe, así que, si por fin se dispone a tomar la noche se beberá cada trago como si fuera el último de su vida. Y no es una metáfora.
Llegados a este punto, si ves a una mamá que ha estado un tiempo desaparecida y acude con cara de felicidad a la cena de empresa de Navidad o de verano o a esa reunión de viejos amigos del colegio, sal corriendo y huye antes de que sea tarde. O, si no es posible, mantente alejado.
La madre desesperada empezará tímidamente la noche con una cierta indecisión, "bueno, sí una cervecita con limón", pero acabará bebiéndose cuatro. Te pedirá dos o tres cigarrillos cada vez que salgas a fumar porque ella es una fumadora social y se beberá la botella de vino de la cena con la manida excusa de "para un día que salgo".
Si estás en ese punto de la noche en que no sabes si quedarte o irte a casa, será mejor que elijas la segunda opción, porque lo peor está por llegar. La madre desesperada se te apoltronará en la barra y deberás invitarla a la primera copa de la noche ("¡Uy, hace tanto que no bebo!"). Poco a poco, se irá mostrando de lo más animada y se irá olvidando súbitamente de los pañales, de que al niño le toca la toma de leche a las tres de la mañana o de que se dejó los purés del bebé en el maletero del coche.
En cuanto vea el más mínimo resquicio, la madre desesperada se lanzará como un chacal y tomará al asalto la pista de baile (¡"Uy, hace tanto que no bailo!"). Se pegará como una lapa al más bailongo del grupo y, aunque no conozca ninguna de las nuevas canciones, intentará dar el pego con aquellas clases de zumba que recibió hace dos años en el gimnasio.
Pero no se conformará con eso. La madre desesperada acudirá insistentemente a dar la chapa al disc-jockey para que le ponga las canciones de toda la vida, Los Secretos, Hombres G, Camilo Sesto, Alaska y Dinarama o Nacha Pop. Aunque el pinchadiscos luzca su cara de póquer y la ignore por completo, ella no desfallecerá porque todos sabemos lo perseverante que puede ser una madre.
A las dos de la mañana, la madre desesperada ya habrá olvidado por completo todas sus responsabilidades y habrá dejado abandonado en el bolso el sentimiento de culpa. Se sentirá joven, ya irá por la quinta copa y hasta le sonará algún tema de los que retumban en la pista. "Ah, esta canción la conozco, es de Meghan Trainor'.
A las tres de la mañana, la madre desesperada estará ya muy achispada e incluso se permitirá el lujo de tontear con el becario recién llegado a la empresa. Aunque vayan a cerrar el local y tenga la oportunidad de acometer una retirada digna, desechará por completo esta posibilidad.
La madre desesperada insistirá en ir a un after porque para un día que sale está obligada a quemar la noche. De nada le valen las caras de compromiso de sus compis o las incipientes miradas reprobatorias.
Si finalmente el grupo recala en el Toni 2, la madre desesperada comprobará con decepción que no es un bar para bailar sino para cantar. El chasco inicial durará medio nanosegundo porque enseguida se lanzará como una posesa hacia el pianista a quien pedirá esa canción de Pimpinela que tanto le gustaba y empezaba así: "¿Quien es? Soy yo. ¿Qué vienes a buscar? A ti..."
La madre desesperada comenzará a cantar a dúo el dichoso tema de Pimpinela con un tuno desconocido ante el bochorno de sus compañeros, que, cuales Judas, negarán conocerla. Cuatro o cinco gallos después, la madre desesperada estará a punto de liarse con el tuno hasta que una mano amiga le intentará hacer entrar en razón. El tuno pondrá cara de enfado porque ya la tenía en el bote y amenazará con cantar la de "Triste y sola, sola se queda Fonseca...", el tema que siempre utiliza cuando las cosas le van mal.
A estas alturas de la noche, ya te dije que te tenías que haber ido a casa hace horas y así no hubieses tenido que presenciar tan lamentable espectáculo. Todavía tendrás tiempo de meter a la madre desesperada en un taxi rumbo a su feliz hogar.
Al llegar a su casa, después de haber metido la llave en dos puertas equivocadas, la madre desesperada todavía tendrá tiempo de echar la pota en el salón ante la estupefacción de sus dos retoños que, a las 7.30 de la mañana, ya estarán levantados viendo 'Dora, la exploradora' en el televisor.
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