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viernes, 6 de mayo de 2016

El Papa Francisco es jefe de Estado de uno de los países más poderosos del mundo: El Vaticano. SUS MENSAJES.

Los mensajes del Papa del fin del mundo

El mundo católico tiene un nuevo Papa y el ascenso del arzobispo argentino Jorge Mario Bergoglio parece estar lleno de significados que trascienden lo religioso y que van hacia lo político. Después de todo, el nuevo Papa Francisco es jefe de Estado de uno de los países más poderosos del mundo: El Vaticano.
Más poderosos porque las decisiones tomadas en ese pequeño Estado de menos de mil habitantes -amurallado y soberano desde 1929 gracias a los Pactos de Letrán- influyen en la vida de más de 1.2 mil millones de personas que en el mundo se identifican como católicas, de acuerdo con un estudio del Foro Pew para la religión y la vida pública.
Por ello precisamente no debiera sorprender a nadie el que el pequeño Estado del Vaticano haya reunido a cientos de mandatarios del todo el mundo para acudir a la asunción del pontificado de Francisco.
Los mensajes que mandaron los 115 cardenales que eligieron al primer Papa latinoamericano pueden ser múltiples, pero me detengo en los que me interesan más. El primero de ellos es el de la procedencia del Papa: el sur global.
Desde hace ya varias décadas, América Latina tiene el mayor número de católicos en el mundo: unos 485 millones de fieles en el 2010, de acuerdo con el reporte citado anteriormente. Hoy, Latinoamérica concentra el 43 por ciento del total de católicos y es en África, otra región del sur, donde se ha registrado el mayor incremento de fieles católicos, que apenas en 1970 eran unos 45 millones y que en 2012 superaban los 132 millones de personas, de acuerdo con el World Christian Database. Los católicos están hoy en el sur y tal vez por ello el mismo Bergoglio haya admitido que sus colegas fueron a buscar un Papa "hasta el fin del mundo".
El colegio cardenalicio parece reconocer esa realidad geográfica y material para su iglesia. Los fieles del norte global, los de Europa y América del Norte, están cambiando su fe católica por una cristiana, más progresista y menos conservadora, o dejando de creer, en gran parte por los escándalos de pederastia que se han registrado en todo el mundo y que han tenido eco sobre todo en esa parte del mundo que habla inglés.
La elección de un Papa argentino, que además se ha caracterizado por ser "sencillo, humilde, que tomaba el metro de Buenos Aires, que no tenía cocinero ni chofer y que vivía en un modesto departamento como arzobispo" es un buen mensaje mediático para contrarrestar la imagen de una iglesia católica ostentosa, alejada de los fieles, con arzobispos que llegan a eventos en BMW, como Carlos Aguiar, el de Tlalnepantla; con cardenales que viven en casas lujosas con albercas, como Juan Sandoval, según relata un perfil escrito por Sanjuana Martínez.
Por ello, gran parte de la catolicidad latinoamericana está de plácemes por la elección del Papa latinoamericano y por el hecho que éste empieza ya a mandar mensajes de humildad: se desplazó en autobús con los cardenales en lugar de auto oficial y quiere dejar la "era del carnaval" de las prendas papales ostentosas de lado.
Sin embargo, el otro mensaje político que manda la elección del nuevo Papa es el que más preocupa a los sectores progresistas del catolicismo y es que si alguien representa la oposición de la Iglesia católica -en ocasiones abiertamente intolerante y homofóbica- en contra de los avances en el reconocimiento de los derechos de las personas lésbico-gays-bisexuales-transgénero (LGBT) es precisamente Bergoglio.
En la ola mundial que se registra en torno al reconocimiento público de los matrimonios entre parejas del mismo sexo, Argentina representa precisamente uno de los avances más importantes por varias razones.
En primer lugar, porque ahí fue la presidencia la que impulsó el tema en el legislativo. En segundo, porque la presidenta se enfrentó abiertamente a Bergoglio (y le ganó) en este tema que el entonces arzobispo bonaerense había llamado "una guerra de Dios", según reportó el diario La Nación. En tercer lugar, porque Argentina se convirtió en el segundo país predominantemente católico en aprobar el matrimonio universal a nivel nacional, después de España.
El mensaje entonces es claro: la iglesia no reformará parte de su "razón de iglesia", como la llama Mario Arriagada en el portal de Nexos y, por el contrario, elige a un soldado del matrimonio tradicional, el único que reconoce la iglesia fundada irónicamente por un profeta que cuentan -y creen los creyentes- fue hijo de una madre virgen y soltera y que además nació fuera del matrimonio.
Si bien era casi imposible que el colegio cardenalicio eligiera a un Papa progresista, a un küngiano reformador con respecto al tema de la inclusión de los fieles LGBT- algo que ya se ha hecho en otras iglesias cristianas- lo cierto es que la elección de Bergoglio manda un mensaje perverso, desalentador y que mantiene las puertas de la iglesia cerradas a la diversidad sexual, a la educación sexual para combatir el VIH y al empoderamiento de la mujer, que está reconocido como uno de los temas que ayudan al desarrollo de las sociedades con menos recursos económicos.
Bergoglio es Papa. La iglesia no se renueva y en los países latinoamericanos donde se impulse el tema del matrimonio gay, los activistas LGBT tendrán seguramente a una iglesia más visceral y más dura en contra de los temas de su agenda. Que la Diosa nos agarre confesados.
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