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domingo, 29 de mayo de 2016

Destruir el PSOE es justo lo que están haciendo su líder.

Con toda seguridad Julio Cortázar hubiera querido añadir al inclasificable Manual de instrucciones que incluyó en una de sus obras más geniales (Historias de cronopios y de famas) las que un partido debería seguir para que no quedase de él piedra sobre piedra podría haber tomado al PSOE como ejemplo. Y así, junto a sus instrucciones para llorar, cantar, matar hormigas en Roma o subir una escalera, el argentino habría inmortalizado la reciente historia socialista. ¿Cómo el mismo partido que gobernó con mayoría absoluta España, varias de sus Comunidades y muchos de sus grandes ayuntamientos se ha convertido en lo que es hoy? ¿Cómo ha pasado a ser tercera o cuarta fuerza en territorios locales o autonómicos donde fue durante mucho tiempo la primera? ¿Cómo, en fin, se ha deteriorado hasta el punto de que el desafío del PSOE el 26J no sea el de ganar sino el de conservar la segunda posición? Responder esas preguntas es sin duda complejísimo, pues la socialdemocracia atraviesa una crisis de identidad en toda Europa, pero los socialistas españoles se han refugiado en ella para no dar ni un paso en la indispensable explicación de por qué están al borde del abismo. Explicación que pasa por tres ejes esenciales: su fuerte problema de liderazgo, ligado a un devastador cainismo interno; su incapacidad para construir un discurso propio que les permita distinguirse de la extrema izquierda y los nacionalismos; y su disparatada política de alianzas, que los ha convertido en gregarios de fuerzas antisistema que aspiran a arrasarlos.
Todo ello se refleja en el PSdeG que celebró ayer sus primarias para elegir candidato a la presidencia de la Xunta: la ausencia de un verdadero liderazgo; la confusión entre su discurso de oposición y el de sus adversarios electorales por la izquierda, nacionalista y no nacionalista; y la política de apoyo a las Mareas, que ha roto ya al partido en dos. Tanto que la única diferencia puertas afuera entre los discursos de Méndez y Leiceaga se ha centrado en qué deberían hacer los socialistas si pierden en las autonómicas la segunda posición: mientras Méndez proclamaba que «facilitar un gobierno de En Marea sería una catástrofe para Galicia», Leiceaga daba a entender que, llegado el caso, apoyaría tal opción. ¿Pueden esas dos posiciones antagónicas sobre un tema central de la política gallega convivir en un partido? Eso es lo que a partir de hoy podremos comprobar, tras la victoria de ayer de Leiceaga en las primarias: si de darse el sorpassoen un parlamento gallego sin mayoría absoluta del PP (solo o con Ciudadanos) dará el gobierno a quienes habrían enviado al PSdeG a las tinieblas de la tercera posición; y si esa decisión, que entregaría a los socialistas atados de pies y manos a sus principales adversarios, no abrirá un cisma en el partido, que acabaría por romper lo que lleva mucho tiempo unido solo con hilvanes.
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