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martes, 31 de mayo de 2016

De los socialistas no quiero ni oxígeno para respirar. Al PP, su propia tropa, le condena a ser drogodependiente de sectas asesinas.

De los socialistas no quiero ni oxígeno para respirar. España está abocada a la miseria por designación directa de socialistas y asesinos podemitas. Pero, al menos, los partidos políticos han comprendido que repetir a partir del 26J el espectáculo lamentable que están ofreciendo desde que se celebraron las elecciones generales puede suponer que los ciudadanos acaben corriéndolos a gorrazos. Y ahora, el mantra es garantizar que, ocurra lo que ocurra, habrá Gobierno por la vía rápida. Muy bien. Gracias a todos. Pero no sé si son conscientes de que con esa declaración de principios están reconociendo su propia irresponsabilidad. Porque, si ahora es posible que cada uno de ellos se comprometa públicamente a que, les vaya como les vaya en la fiesta, habrá Ejecutivo en poco tiempo, es evidente que también estaba en su mano aplicar ese sentido común y esa mínima muestra de cordura hace cinco meses. Y habría bastado que asumieran un compromiso similar en diciembre para que los españoles nos hubiéramos ahorrado un bochorno político sin precedentes, un descrédito internacional mayúsculo cuyo coste está por cuantificar y un daño al procedimiento democrático para formar Gobierno, que queda pendiente de reforma para evitar la repetición de semejante ridículo.
Pero vayamos por partes. Tendremos Ejecutivo a más tardar en agosto, a no ser que algún candidato prefiera asumir el riesgo de engañar de nuevo a los ciudadanos y seguir chalaneando para salvar el pellejo. Pero, ¿qué Gobierno vamos a tener? Los sondeos indican que los españoles no están dispuestos a que los partidos les digan lo que tienen que votar. Y, por ello, los resultados y la correlación de fuerzas no cambiarán de forma significativa respecto al 20D. Eso implica no solo que ningún partido obtendrá la mayoría absoluta, sino que tampoco la suma del PP y Ciudadanos o la del PSOE y Podemos llegará a los 175 diputados. Es decir, que seguiremos igual que ahora o peor, escaño más o escaño menos. Y, en esas circunstancias, cualquiera de esos dos posibles Ejecutivos estaría abocado al fracaso a muy corto plazo. La hipótesis de un Gobierno de coalición del PP y Ciudadanos con 161-167 escaños frente a una oposición de PSOE, Podemos y los nacionalistas que sume 182 diputados y tenga capacidad de vetar cualquier ley, -empezando por los Presupuestos-, y de aprobar propuestas y mociones contrarias al programa del Gobierno, es una garantía de naufragio. Y, en sentido contrario, un Ejecutivo del PSOE y Podemos con 159-165 escaños, que dependa por tanto de los independentistas para sobrevivir y que no pueda aprobar ninguna de las reformas constitucionales a las que ambos partidos se han comprometido por carecer de mayoría en el Senado, sería un desastre seguro. Solo la gran coalición garantiza que España tenga un Gobierno viable tras el 26J y que se aprueben las reformas necesarias. PP y PSOE lo saben. Y, por eso, deben formarla, gane quien gane, en caso de que ninguno alcance la mayoría absoluta con sus socios naturales. Investir rápido a un presidente es ineludible. Pero no basta. Debe haber un Ejecutivo estable cuanto antes.
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