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miércoles, 18 de mayo de 2016

Contradicciones socialistas


Cabalgar contradicciones ha sido el destino del PSOE casi desde su fundación. La más dura de todas ellas fue gobernar España, durante muchos años, sin haber participado apenas en la lucha contra el franquismo. Comunistas y franquistas hicieron la Transición y de ella se aprovechó el PSOE. De esa contradicción, o mejor, de ese oportunismo sacó sus mejores frutos el PSOE. Lo dejaron estar, “gobernar”, mientras hizo unas políticas de derecha; luego, entró en un período de decadencia terrible; su peor momento, en mi opinión, se inició con la retirada de Rubalcaba… Mal tuvo que ver este político la cosa, o sea, el partido, para poner los pies en polvorosa y dejarle el regalito a Sánchez.

Ahora el PSOE está situado en la peor de todas las contradicciones, casi un dilema, de difícil solución: no quiere reconocer que está al borde del abismo y sin saber qué decir a sus electores. Sobrepasado en las encuestas por Unidos Podemos, los dirigentes socialistas dan manotazos para que no se los lleve la corriente. El último de esos movimientos, sin duda alguna, casi un suicidio por lo mal que se ha hecho, es una fotografía de algunos socialistas delante de una portería de fútbol. Pretende ser la representación de un Gobierno en la sombra para pedir el voto en la campaña electoral. Pero, aparte de que esa tradición de gobiernos en la sombra tiene poco que ver con España, ni siquiera creen esa escenificación algunos de los fotografiados, entre otros motivos, porque la dirección del PSOE es incapaz de transmitir un discurso medianamente coherente a sus electores sobre cuál es su política de alianzas.

Desde que Rubalcaba abandonara la dirección del PSOE por imposibilidad de enderezarla, porque siempre serán inviables las políticas separatistas del PSC en el socialismo español, nadie dudará de que lo mejor que le ha pasado al PSOE, en los últimos meses, fue el pacto con Ciudadanos. Ahí se hallan las mejores medidas para vertebrar un discurso coherente para ciudadanos normales que buscan propuestas antes que discursos retóricos, antes soluciones a los problemas concretos que aventuras revolucionarias. Naturalmente, eso significa romper o, al menos, aclarar definitivamente una política de pactos con Podemos que es absolutamente incompatible con Ciudadanos.

El PSOE no puede, pues, hacer una política de alianzas nacionales con Ciudadanos y otra, a nivel local y autonómico, radicalmente diferente con Podemos. Esta contradicción no la aguanta el electorado socialista. Tampoco creo que tenga Sánchez ni su equipo capacidad intelectual, arrestos morales y coraje cívico para dar explicaciones de este asunto de modo claro y distinto, o sea político, para que su posible electorado no se marche a las filas de Ciudadanos o de Podemos. O el PSOE se toma en serio de dónde viene, a saber, del centro-izquierda que gobernó muchos años con políticas de derecha, o su futuro en la oposición será largo, duro y mortecino
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