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lunes, 30 de noviembre de 2015

CAMINO DE SANTIAGO, ruta Jacobea


 CAMINO DE SANTIAGO - RUTA JACOBEA
En el siglo XI, España construyó una de las columnas vertebrales de Europa: el Camino de Santiago, que como centro espiritual es una de las grandes aportaciones españolas a Europa y a la Cristiandad. Convertida en ruta de tránsito de peregrinos llegados de todas partes de Europa, por ella pasaron gentes ilustres y eruditas, incluidos reyes, obispos, nobles y artistas.
Fue además un flujo de corrientes culturales y artísticas como el arte Románico y el Gótico, generalizado en toda la Cristiandad medieval, y el arte Mudéjar más característico de la España islámica.
La Ruta Jacobea ha alcanzado múltiples reconocimientos internacionales: en 1987, el Consejo de Europa lo distinguió como Primer Itinerario Cultural Europeo; en 1993, fue considerada Patrimonio Universal de la Humanidad, por la UNESCO; y ya en el siglo XXI, fue certificado como Gran Itinerario Cultural Europeo.


Según Goethe “Europa nace de la peregrinación”. Dante escribió que “sólo merecían el nombre de peregrinos los que viajaban a Compostela, los que viajaban a Roma serían romeros, y a Jerusalén palmeros”.

El principal difusor del hallazgo de los restos del apóstol Santiago en un monte de Compostela fue Carlomagno, faro de la Cristiandad occidental y aliado de Alfonso IIde Asturias. La Corte de Aquisgrán estuvo fomentando una auténtica reconstrucción del Imperio romano de Occidente, no sólo militar, sino también en el terreno religioso y cultural. Muchas representaciones pictóricas francesas de la época se atribuyeron, falsamente, al monarca franco como autor del hallazgo.

Gracias a la Corte carolingia, toda Europa se enteró del suceso, dando comienzo las peregrinaciones que marchaban en dirección oeste siguiendo la estela de estrellas de la Vía Láctea. Surgía así el Camino francés, el más utilizado, ya que por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años. Más tarde, tras la conquista de Zaragoza, se habilitó el ramal de Somport a Puente la Reina, quedando plenamente consolidado el Camino francés en el siglo XI.

En el año 899, otro rey asturiano, Alfonso III, consagraba a Santiago con la construcción de una nueva catedral, en el mismo emplazamiento que la anterior, pero más grande y rica.

El Islam no ignora la gran importancia religiosa y cultural de Santiago y así el caudillo Almanzor, en el año 977, organizó una expedición de saqueo contra la capital jacobea. Destruyó la catedral, llevándose las campanas, pero sin conseguir llevarse la tumba. 


La llegada del nuevo milenio abrió una etapa de desarrollo y esplendor para la Ruta Jacobea, popularizándose las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén. Entonces, Jerusalén y Roma llevaban siglos de ventaja a Santiago.


CAMINOS HISTÓRICOS DE SANTIAGO DESDE TODAS PARTES DE EUROPA
Multitudes de gentes llegaban de todas partes de Europa aportando un carácter cosmopolita a las ciudades por las que pasa el itinerario. Para ello, fue fundamental la labor de las órdenes religiosas hospitalarias. Desde el corazón de Europa, la orden de Cluny promovía las peregrinaciones. 
Mientras que Almanzor moría en 1002 y la dinastía Omeya se hundía en una Al-Ándalus que se fragmentaba en taifas, la Reconquista cristiana progresó gracias a Sancho III de Pamplona, quien conquistó y repobló Nájera y La Rioja. 
En 1073, el rey Alfonso VI y el obispo Diego Peláez promovieron la construcción de un tercer y definitivo templo, digno de la fama y grandeza del santo, un auténtico monumento arquitectónico de estilo románico. Y dos años más tarde se colocó la primera piedra de la actual catedral de Santiago de Compostela, que se levantó sobre el emplazamiento de la anterior basílica. El rey asturiano suprimió el portazgo de la entrada de Galicia “en favor de los peregrinos que desde España, Francia, Italia y Alemania se dirigen a Compostela”. 
Con el obispo Diego Gelmírez, entre los siglos XI y XII, Compostela adquirió un enorme esplendor. Consolidó la construcción de la actual catedral, trasladó la sede episcopal desde Iria Flavia y logró el arzobispado de Roma.



CATEDRAL DE SANTIAGO PUNTO FINAL DEL CAMINO

A comienzos del siglo XII, tuvo lugar el viaje diplomático a Santiago del emir Alí ben Yusuf, allí tenía la reina doña Urraca la Corte. El caudillo sarraceno preguntó: “Quién es éste a quien la multitud de los cristianos acude con tanta devoción?”. 
En 1122, el Papa Calixto II proclamó Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. El 25 de julio fue proclamado, años más tarde, el día del patrón y santo de España, gracias a la importante contribución que Santiago Matamoros realizó en las campañas de Reconquista.
En 1171, se fundó la Orden de Santiago en el monasterio gallego de Santa María de Loio, fundado para defender la fe cristiana en nombre del apóstol y proteger los caminos de asaltantes y saqueadores.

Y en 1211, se consagró definitivamente la basílica y las peregrinaciones alcanzaron su mayor auge durante este siglo XIII.

ESCULTURA DE SANTIAGO MATAMOROS
EN LA FACHADA DEL PALACIO DE LOS GUZMANES (LEÓN)
Durante la Reconquista, cuando el territorio peninsular fue ganándose al moro, las peregrinaciones abandonaron las rutas cantábricas y los reyes y condes de la Hispania cristiana promovieron el fervor jacobeo. Comprendieron que mantener el camino libre y seguro era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio. Desde Carlomagno hasta Alfonso X dictaron normas en defensa de los viajeros, obligando a los moradores de villas y burgos a darles aposento y vituallas.
Los reyes de Asturias y los de Pamplona fomentaron con dedicación el auge de la ruta, destacando el navarro Sancho III y el castellano Alfonso VI. Se implicaron en el apoyo logístico del Camino dotándole de una serie de infraestructuras: señalizando rutas, sentando calzadas, construyendo puentes, levantando hospitales y albergues.
Destacable también fue la colaboración de prelados, burgomaestres y ermitaños como San Lesmes de Burgos, Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega.
Fomentaron otros itinerarios más meridionales y, al mismo tiempo, facilitaron la repoblación de los nuevos territorios reconquistados a los árabes, fortaleciendo las inestables fronteras con nuevos colonos.

Los romeros aprovechaban las calzadas romanas que llegaban de Burdeos, entrando por Irún, Ibañeta y el valle del Ebro, pasando por Vitoria y Briviescas, camino de Astorga y Compostela.


PINTURA DE SANTIAGO MATAMOROS EN LA BATALLA DE CLAVIJO

El Camino se convirtió en una ruta militar, un camino de fe, una vía de comunicación y comercio y un flujo imparable para la expansión del cristianismo, ejerciendo una gran influencia en la vida económica y social de los reinos cristianos peninsulares. Era normal que los soberanos fomentaran la repoblación de las ciudades con francos y gentes del norte de Europa, y la fundación de barrios habitados por judíos.
La llegada de diversos grupos de artesanos y mercaderes, la mayoría francos y judíos, en diferentes lugares de la ruta provocó la fundación de núcleos urbanos o burgos. Los habitantes de estas ciudades dedicadas al comercio recibieron importantes privilegios mediante los fueros municipales, dando origen a una próspera burguesía, que protagonizó diversas revueltas contra el poder de los señores feudales a lo largo del Camino. Entre los extranjeros podían encontrase santiaguistas, que habían utilizado el viaje para comerciar y al regreso se instalaron en la ciudad que les parecía más conveniente.
La Ruta Jacobea impulsó durante los siglos XI y XII una renovación económica de gran importancia para península Ibérica al promover el comercio del norte cristiano con Flandes, Francia e Inglaterra, y crear un espacio de producción orientado al consumo de visitantes y de intercambio entre la España musulmana y Europa cristiana.


Como explica Yves Bottineau: “el origen de las relaciones entre la repoblación del camino y el peregrinaje se encuentra en parte en la importancia económica de este último”.
Mientras los mercaderes acudían atraídos por los santiaguistas que demandan ciertos artículos, la población del norte de España experimentaba un considerable aumento; y estas dos circunstancias convirtieron al camino en la gran ruta comercial del norte peninsular. 
En el transcurso de los siglos XI y XII, los reinos cristianos hispánicos pasaban de una economía agrícola rudimentaria a una fase de comercio bastante activo con países de Europa. De Francia, Flandes e Inglaterra llegaban al sur de los Pirineos sobre todo lanas, mientras que pieles, caballos y trigo constituían las principales exportaciones de España. Comerciantes gallegos operaron incluso en las ferias de Champagne.
A partir del siglo XIII, esta actividad comercial empezó a utilizar los mismos caminos que empleaban los peregrinos en Navarra, Guipúzcoa o bien los del mar. Los mercaderes españoles establecidos en Brujas a principios del siglo XV poseían un sello en el que figuraba la imagen de Santiago y la inscripción: “Sello de la Nación Española”. Algunos viajeros del norte de Europa llegaban por barco a Galicia, que conocían con el nombre de Jakobsland, desembarcando en sus rías.


A lo largo del camino se establecieron importantes mercados: los lunes en Sahagún, los martes en Pamplona y Jaca, los miércoles en León, los jueves en Estella, en Burgos una feria franca que duraba quince días.
En el mismo Santiago, el gran número de peregrinos planteaba problemas de alojamiento, abastecimiento y seguridad. Según la Historia Compostelana, en 1130 una importante expedición comercial procedente de Inglaterra desembarcó en Padrón; el valor de las mercancías se elevaba a 22.000 marcos de plata. El arzobispo Diego Gelmírez organizó un grupo armado para proteger el convoy de los ataques de nobles gallegos que querían apoderarse del cargamento. También reaccionó contra la subida abusiva de precios y en 1133 reglamentó los precios de los alimentos, calzado, caballos y cera. Por otra parte, los cambistas de moneda exigían, a menudo, tasas abusivas.
Como testimonio del floreciente comercio de los puertos marítimos de Padrón o La Coruña hacia Inglaterra, Irlanda, Noruega o Francia destaca el de Chaucer, autor de los Cuentos de Canterbury, quien dejó escrito que los mercaderes aventureros de Bristol y el gremio de vinateros de Londres generaban fortunas con la importación de vinos y la exportación de paños, al tiempo que utilizaban sus barcos para el transporte de peregrinos. Y William Wey, un peregrino inglés del siglo XV, pudo contar ochenta y cuatro barcos de peregrinos de todas las naciones del norte en el puerto de La Coruña.

La vinculación entre los reinos cristianos de la península Ibérica con los reinos europeos permitió la circulación de corrientes de pensamiento y movimientos literarios y artísticos. La comunicación se dio también a la inversa y, gracias al Camino, la Europa cristiana pudo enriquecerse con la aportación cultural hispánica.
Los peregrinos llegados de todas partes de Europa convirtieron al Camino en un catalizador para el desarrollo artístico, social y económico. Por otra parte, la Monarquía carolingia incluyó en su Renacimiento el culto a Santiago, sentando las bases de la Europa Medieval. La literatura y las representaciones iconográficas medievales de la Corte de Aquisgrán concedían al emperador Carlomagno un importante papel en el descubrimiento del santo sepulcro.
La consolidación del Camino durante los siglos XI y XII coincidió con el máximo desarrollo del Arte románico, primer estilo artístico unitario y común de la Cristiandad europea de la Edad Media, acorde con la unificación de la liturgia que entonces demanda la Iglesia. Los intercambios culturales surgidos de la peregrinación provocaron que este movimiento artístico, con sus variantes regionales, se extendiera por toda Europa.
Los dos focos difusores del románico fueron la abadía y Orden del Cluny, en el centro de Francia, y la iglesia de Lombardía, en el norte de Italia. El arte cluniacense se difundió por los territorios del Camino francés, mientras que elrománico lombardo tuvo una gran implantación en el Reino de Aragón y en los valles pirenaicos de los Condados catalanes. La liturgia romana se fue imponiendo sobre la hispánica, y el estilo mozárabe fue vencido por las nuevas corrientes europeas.
Las antiguas construcciones cristianas de techumbre de madera y reducidas dimensiones se transformaron en otras más resistentes y monumentales. En la Hispania cristiana desaparecía el eclecticismo imperante hasta ese momento, que mezclaba detalles bizantinos con influencias locales, paleocristianas o godas. Aunque sí se siguió cultivando algún componente local como los arcos fajones.
CATEDRAL ROMÁNICA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

El templo románico se caracterizaba por la utilización de la planta de cruz latina, provista de cimborrios y ábsides. Su característica fundamental es la sencillez, el purismo en sus líneas y formas, que sirven como afirmación del poder político y espiritual.
La catedral fue la gran creación del arte románico. Tomando sus fundamentos arquitectónicos de las basílicas romanas y bizantinas, los arquitectos ingeniaron un edifico de gruesos muros y potentes columnas. Las catedrales de peregrinación del Camino francés fueron 7: Jaca, Pamplona, Santo Domingo de la Calzada,Burgos, León, Astorga y Santiago de Compostela, originalmente construidas en estilo románico. De estas siete, las de Pamplona, Logroño, Burgos y León, fueron reconvertidas en templos de estilo gótico y renacentista.

El románico de peregrinación se materializó brillantemente en lugares como Leyre, Jaca, Frómista, León y Santiago.


IGLESIA ROMÁNICA DE FRÓMISTA
En el siglo XIII, la ruta jacobea se convertía en una vía de recepción de un estilo mucho más impresionante: el Arte gótico. Surgido del románico, y con los mismos planteamientos y símbolos, creó un nuevo espacio arquitectónico, un novedoso lenguaje plástico de espectacular belleza.
También se construyó una arquitectura civil complementaria a la religiosa, gracias a la donación de los peregrinos y la acción de los nuevos colonos y mercaderes, compuesta por barrios, puentes, hospederías y hospitales, que desarrollaron los burgos medievales. Al mismo tiempo, el románico hispánico recibió la influencia mudéjar, por ello, el románico europeo conoció elementos musulmanes que se transmitieron desde la península Ibérica.

Los motivos andalusíes se extendieron por las iglesias de Aquitania, Auvernia o Borgoña mientras el mozárabe de los beatos se refleja en las iluminaciones de los monasterios del suroeste de Francia, y muchos de los cantares de gesta (ciclo de Carlomagno y de Roldán) reprodujeron el ambiente exaltado de las peregrinaciones y las cruzadas peninsulares del siglo XII.



CATEDRAL GÓTICA DE BURGOS
Grupos y escuelas de canteros, maestros de obras, pintores y escultores, maestros de obras, todos caminaban guiados por la Vía Láctea en ambos sentidos; solicitados por obispos y reyes, tomaban de ambos lados del Pirineo nuevos hallazgos técnicos y decorativos.
Como ha descrito el historiador francés Marcel Durliat: “El camino no se limitó a transmitir a España fuentes de inspiración procedentes del exterior, sino que llevó a su vez, a Francia, influencia del arte musulmán, bien sea directamente o por la mediación del arte mozárabe”.
Otro erudito francés, Emile Mâle, en 1927 sostuvo que el modelo de iglesia de peregrinación, citado a la de San Martín de Tours, pasó los Pirineos desde Francia, pero fue inmediatamente sustituido por su acuñación en Santiago. Además subrayó la influencia en Francia de algunos elementos decorativos islámicos a través del Camino.
Cuatro años antes, el norteamericano Kingsley Porter había destacado el papel decisivo de la arquitectura de Santiago en el románico francés, contribuyendo a ello los peregrinos lombardos.

Catedral gótica de León
Grupos y escuelas de canteros, maestros de obras, pintores y escultores, maestros de obras, todos caminaban guiados por la Vía Láctea en ambos sentidos; solicitados por obispos y reyes, tomaban de ambos lados del Pirineo nuevos hallazgos técnicos y decorativos.
Como ha descrito el historiador francés Marcel Durliat: “El camino no se limitó a transmitir a España fuentes de inspiración procedentes del exterior, sino que llevó a su vez, a Francia, influencia del arte musulmán, bien sea directamente o por la mediación del arte mozárabe”.
Otro erudito francés, Emile Mâle, en 1927 sostuvo que el modelo de iglesia de peregrinación, citado a la de San Martín de Tours, pasó los Pirineos desde Francia, pero fue inmediatamente sustituido por su acuñación en Santiago. Además subrayó la influencia en Francia de algunos elementos decorativos islámicos a través del Camino.

Cuatro años antes, el norteamericano Kingsley Porter había destacado el papel decisivo de la arquitectura de Santiago en el románico francés, contribuyendo a ello los peregrinos lombardos.

Por el Camino de Santiago han pasado gentes ilustres que han ocupado un nombre en la Historia de Europa, incluidos reyes, obispos y nobles que hacían las jornadas a caballo.
Algunos miembros de casas reales fueron: Matilde, hija del rey de Inglaterra Enrique I en 1125; Guillermo X, duque de Aquitania, en 1137; Alfonso VII, rey de Castilla en 1138; el rey Luis VII de Francia, casado con una hija de Alfonso VII, en 1154;Santa Isabel de Portugal, en 1325; Eduardo I de Inglaterra, Juan de Brienne, rey de Jerusalén; la princesa sueca Ingrid; etc.
El primer peregrino ilustre del que hay constancia fue Godescalco, obispo de Le Puy-Velay. En el año 950, recorrió el camino desde Aquitania con su corte y sus caballeros, pues en aquella época ser obispo más que un servicio eclesiástico era un título nobiliario. Inició un camino en dos direcciones por donde viajaba el arte, la cultura, la cristiandad, las tradiciones, los conocimientos, las mercancías y la leyenda.
Nueve años más tarde lo hizo el abad de Santa Cecilia de Montserrat, Cesáreo. También Hugo de Vermandois, arzobispo de Reims, que no pudo tomar posesión de su sede. En el mismo siglo, el marqués de Gothia, Raimundo II, muere asesinado en el trayecto. Como explica Yves Bottineau: “la boga del peregrinaje se vio atenuada por los peligros que entrañaban los caminos”.
Simeón de Armenia, un santo ermitaño, fue el primer peregrino oriental del que se tiene noticia, en la décima centuria. Desde Escandinavia también acuden reyes, nobles y altos eclesiásticos, como por ejemplo el rey Sigurd en 1108, llamado desde entonces el peregrino a Jerusalén, o el conde Rognvald el Santo en 1151. En 1180 llegó un familiar del obispo sueco Eskil, y al año siguiente un clérigo danés, Absalón. Desde las islas británicas, el primer peregrino conocido en llegar fue el mercader Gondric de Finchale, en 1102. Desde Dantzig llegó un grupo en 1378.
Según el Romancero castellano, Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como Cid Campeador, uno de los grandes héroes de la Reconquista, fue uno de los ilustres peregrinos que llegaron a Compostela a postrarse ante el apóstol Santiago.
En el año 1100, el obispo Gelmírez escribió la Historia Compostelana. Esta contiene un significativo paisaje de un embajador del emir Aliben, yusuf de Córdoba: “¿Quién es ese personaje tan grande e ilustre para que los cristianos se dirijan a él desde detrás de los Pirineos, y más lejos? Es tas grande la multitud de los van y vienen que apenas dejan libre la calzada hacia Occidente”.
Guillermo IX de Aquitania cayó muerto ante el altar del Apóstol, después de haber recibido la comunión en 1137.
Cuando se consagró la monumental catedral compostelana en abril de 1211, a la ceremonia asistió el rey Alfonso IX bajo cuya soberanía estaba el territorio gallego.
En 1172, a su vuelta de Santiago, el duque Felipe de Flandes jugó su papel en la reconciliación entre Enrique II de Inglaterra y Luis VII de Francia.
Años más tarde, en 1293 Dante escribió en su Libro de la Vita Nuova: “no se entiende por peregrino sino al que va hacia Santiago o vuelve de ahí”.
Un documento de 1312 detalla cómo el francés Yves Lebreton cumplió los requisitos de la peregrinación por delegación a nombre de la condesa de Artois.
Una reina peregrina, santa Isabel de Portugal, la mujer del rey trovador Dionís, sería una de las iniciantes de un itinerario secundario, el llamado Camino portugués, en 1325.
El santo Francisco de Asís fue ejemplo entre las turbulentas masas, dejándolo escrito en su crónica: “Per la sua devozione andó a San Giacome di Galizia”.
En 1510 peregrinó Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán por sus victorias contra los franceses en Italia. Del metal de una armadura que donó se hizo la lámpara que alumbra la imagen del Apóstol a la que es costumbre abrazar.
Felipe II de España, poderoso monarca que llegó a gobernar, en la segunda mitad del siglo XVI, un extenso Imperio que daba la vuelta al mundo, recorrió la Ruta Jacobea.


PLACA CONMEMORATIVA DEL PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS

A partir de los años sesenta del siglo XX, comenzaba a revitalizase el Camino y las peregrinaciones a Compostela resurgieron durante el último cuarto de siglo. Fue el Renacimiento de un camino milenario.
En 1962, se fundaron en París y en Estella, las dos primeras asociaciones y cofradías de amigos del Camino de Santiago, cuya labor de promoción e información al viajante es fundamental en su resurgimiento. Ese mismo año, la Ruta fue considerada conjunto histórico-artístico por el Estado español.
En 1965, Elías Valiña, párroco de la villa de O Cebreiro, en Lugo, realizó una tesis doctoral sobre el Camino de Santiago, dando comienzo una labor de recuperación de esta ruta, promovida principalmente por las asociaciones. Valpiña restauró el Hospital y Santuario de Santa María del Cebreiro para renovar la tradicional acogida al peregrino, y terminó señalizando el Camino desde los Pirineos, tramo a tramo, con las útiles flechas amarillas. Su Guía del Camino se ha convertido en la referencia fundamental del peregrino durante aquellos años.
En 1976, recogieron la Compostelana 31 peregrinos, que acreditaron haber realizado, al menos, cien kilómetros a pie, en bicicleta o en cabalgadura.
También influyo la promoción turística organizada desde las administraciones públicas y las visitas del Papa Juan Pablo II.
Conocido también como Ruta Jacobea, ha alcanzado múltiples reconocimientos internacionales. El Consejo de Europa lo distinguió como Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987.
En 1993, Año Santo Jacobeo, la Ruta fue considerada Patrimonio Universal de la Humanidad, por la UNESCO.
Ya en el siglo XXI, el Camino de Santiago fue certificado como Gran Itinerario Cultural Europeo y recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2004. Reconocimientos que contribuyen a aumentar el número de peregrinos anualmente, pero también es incuestionable que la ruta jacobea se ha ganado su prestigio actual gracias a su valor eminentemente espiritual, justamente en una sociedad cada vez más materialista.
La situación de Santiago de Compostela en el extremo noroccidental de la península Ibérica y la de ésta en el sur occidental de Europa ha hecho que, a lo largo de los siglos, las populosas peregrinaciones a la ciudad de Santiago hayan forjado un rico patrimonio artístico y cultural a lo largo y ancho de toda la geografía Española, enriquecido por un entorno natural de extraordinario valor paisajístico y ecológico.
La Ruta Jacobea atrae al visitante por la riqueza de sus múltiples facetas: espiritual, artística, cultural, histórica, paisajística o deportiva.

Desde 2009, más de 150.000 personas realizaron el camino de Santiago a pie, en bicicleta o a caballo, cifra que aumenta cada Año Jacobeo. El 65% de los peregrinos son extranjeros, siendo Alemania, Italia, Francia y Portugal las principales naciones emisoras de peregrinos, tras los cuales se ubican otros países como Estados Unidos y Canadá. En cuanto a España, la mayor movilización está a cargo de madrileños, catalanes, andaluces y valencianos.


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