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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nunca fue independentista Artur Mas que muy pronto vivirá de Grifols en Canadá.

Definitivamente ha perdido el escaño 63 (Última hora)
Por boca de las buenas lenguas se deja oír que cuando Artur Mas empezó a pisar el acelerador del proceso soberanista su mujer le dijo en una comida entre amigos: «Pero Arturo, nosotros no somos indepes, ¿verdad?». La evolución política del líder convergente ha sido vertiginosa. En el 2011 avisaba de la fractura que podrían generar las posturas secesionistas y aseguraba en un plató de televisión que no se podía avanzar «con una sociedad dividida». Sin embargo, en una de las entrevistas previas a las últimas elecciones catalanas, extraía una conclusión curiosa del referendo escocés: «Los escoceses perdieron». Ya no le preocupan las brechas. Es más, se presta sin complejos a ese juego perverso de tomar la parte por el todo. Puestos a consultar y a aplicar esta democracia radical de la revolución en las urnas, quizás los vecinos de lugares como Hospitalet, la segunda ciudad de Cataluña, o los de Salou, segunda población con más turismo de la comunidad, también deberían hacer sus propias consultas. Porque allí ganó Ciutadans. Como escribió un articulista catalán el lunes: «¡Visca Tarragona Lliure!» Pero seguro que algún pope defendería que aquella esquina es indivisible.


Es irónico que la CUP le recuerde los resultados de la votación al gran frente independentista. Es grave que Mas y Junqueras no tomen en consideración al 52,2 % de votantes que no apoyaron ni a Junts pel Sí ni a la CUP. Es absurdo que Rajoy actúe como si aquí no hubiera pasado nada. Y es increíble que los políticos no hayan hecho lo que se les supone, verdadera política. Discuten sobre los resultados como si una foto finish pudiera resolverlo todo. Como si los otros no importaran. Y los otros, de un lado o de otro, son la mitad.
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