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martes, 22 de septiembre de 2015

Las diez plagas de Egipto arrasarán Cataluña de pecadores si sus gentes optan por seguir al satanizado Artur Mas y a sus lacayos

Luis María Linde,  gobernador del Banco de España ha sacado a pasear el espíritu del corralito. Si Cataluña se independiza, ya sabe lo que le espera. Lo mismo que ocurrió a la Argentina del 2011 o a la Grecia del 2015: ahorros bloqueados, bancos cerrados a cal y canto, interminables colas ante los cajeros, cobro de pensiones a cuentagotas... Linde, siguiendo la estela de ministros y adláteres, apela a la estrategia del miedo para frenar la deriva independentista de Cataluña. Las diez plagas de Egipto arrasarán aquel país de pecadores si sus gentes optan por seguir al mesías Artur Mas y a sus lacayos.

No descarto un escenario como el descrito por el gobernador del Banco de España. La propia Generalitat lo admitía en uno de los informes que encargó en el año 2013: existe riesgo de corralito en caso de secesión. La proclamación unilateral de independencia provocaría, al menos inicialmente, una masiva fuga de capital financiero y la salida automática del euro. El nuevo Estado no recibiría financiación del Banco Central Europeo y las nuevas autoridades se verían obligadas a decretar el control de capitales. El corralito estaría servido.

Lo que yo le discuto a Luis María Linde no es lo que sucedería «en caso de», sino la dudosa eficacia de ondear la bandera del miedo para restar adeptos al soberanismo catalán. Creo que esa estrategia, que refuerza el victimismo y convierte en mártir a cualquier mentecato, no va a funcionar. Sospecho que frente al nacionalismo, que se alimenta más de sentimientos que de razones, puede más la mano tendida -a los catalanes, no a Mas precisamente- que la admonición. ¿Acaso no generó más creyentes la promesa de un paraíso repleto de dones que la amenaza de arder eternamente en las llamas del infierno?

Resulta paradójico que, después de considerar la secesión un «futurible altamente improbable», como asegura Linde, todo el discurso del nacionalismo español gire en torno a la catástrofe que se abatirá sobre Cataluña si España se rompe. Construye el apocalipsis sobre la base de una entelequia y entra en el juego que más les interesa a Artur Mas y Oriol Junqueras: les permite tapar sus vergüenzas y su nefasta gestión al frente de la Generalitat con la coartada del «España nos roba». Y los confirma como comandantes en jefe de las fuerzas de liberación nacional que se aprestan a combatir al ejército colonial.


El pueblo español también considera «altamente improbable» la secesión de Cataluña. Todavía el domingo pasado ceñía la corona del héroe en la frente de un catalán: Pau Gasol. Y entre quienes presenciábamos la final del Eurobasket -España contra una minúscula porción de la URSS-, nadie dudaba de que Gasol protagonizará, en Río de Janeiro, una nueva epopeya del baloncesto español. Si España, para entonces, existe. Ya lo advirtió ayer el presidente Rajoy: «Solo nos superan la URSS y Yugoslavia, pero ya no existen».
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