Sigue el blog por Email

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nunca fue independentista Artur Mas que muy pronto vivirá de Grifols en Canadá.

Definitivamente ha perdido el escaño 63 (Última hora)
Por boca de las buenas lenguas se deja oír que cuando Artur Mas empezó a pisar el acelerador del proceso soberanista su mujer le dijo en una comida entre amigos: «Pero Arturo, nosotros no somos indepes, ¿verdad?». La evolución política del líder convergente ha sido vertiginosa. En el 2011 avisaba de la fractura que podrían generar las posturas secesionistas y aseguraba en un plató de televisión que no se podía avanzar «con una sociedad dividida». Sin embargo, en una de las entrevistas previas a las últimas elecciones catalanas, extraía una conclusión curiosa del referendo escocés: «Los escoceses perdieron». Ya no le preocupan las brechas. Es más, se presta sin complejos a ese juego perverso de tomar la parte por el todo. Puestos a consultar y a aplicar esta democracia radical de la revolución en las urnas, quizás los vecinos de lugares como Hospitalet, la segunda ciudad de Cataluña, o los de Salou, segunda población con más turismo de la comunidad, también deberían hacer sus propias consultas. Porque allí ganó Ciutadans. Como escribió un articulista catalán el lunes: «¡Visca Tarragona Lliure!» Pero seguro que algún pope defendería que aquella esquina es indivisible.


Es irónico que la CUP le recuerde los resultados de la votación al gran frente independentista. Es grave que Mas y Junqueras no tomen en consideración al 52,2 % de votantes que no apoyaron ni a Junts pel Sí ni a la CUP. Es absurdo que Rajoy actúe como si aquí no hubiera pasado nada. Y es increíble que los políticos no hayan hecho lo que se les supone, verdadera política. Discuten sobre los resultados como si una foto finish pudiera resolverlo todo. Como si los otros no importaran. Y los otros, de un lado o de otro, son la mitad.

martes, 29 de septiembre de 2015

Cataluña, hoy es un refugio de fracasados y soplagaitas; mañana, rebeldes sin causa..


Hay que deslindar el mapa político y recuperar el consenso constitucional
De la confusión no puede salir la luz. Las urnas siempre son útiles para aclarar cuáles son las auténticas opciones democráticas, pero de una convocatoria electoral confusa no podía salir un panorama claro. Los 62 escaños que ha obtenido Junts pel, Sí, a seis de la mayoría para gobernar con estabilidad y a uno de la mayoría presidencial para la investidura, serían suficientes en un Parlamento normal, donde siempre aparecerían los escaños complementarios del campo moderado para sostener al Ejecutivo. No es así en el Parlamento que ha salido de las elecciones del 27-S, en el que la fuerza que complementa de forma casi natural a esta mayoría insuficiente es nada menos que la CUP, a la que no le basta con romper con España sino que quiere extender la ruptura a la UE, la OTAN e incluso al sistema capitalista, inhabilitando así al alimón cualquier eventual comprensión del proceso soberanista desde la esfera internacional.


Cataluña se encuentra abocada desde el 27-S a la fragmentación, la inestabilidad y la ingobernabilidad. La tarea de demolición a la que se ha entregado Artur Mas alcanza ahora a su propia figura como timonel del proceso independentista, cuestionada por sus socios en la independencia, ya sea dentro de la coalición, ya sea en la fuerza complementaria más extremista que es la CUP. Si hasta ahora había compatibilizado todavía su escasa gestión de gobierno con la plena dedicación al proceso, a partir de ahora la incompatibilidad será manifiesta, pues es imposible gobernar y aplicar a la vez un calendario de ruptura constitucional.

El todavía presidente Mas era la última reminiscencia del nacionalismo moderado y posibilista que fue durante años la característica de CiU; pero su doble deriva hacia el secesionismo y el izquierdismo, expresada desde 2012 en sus adelantos electorales y en discursos cada vez más estridentes, le incapacitan para ofrecerse como interlocutor de cualquier tipo de diálogo. Esta es una posición que tiene su contrafigura simétrica en Mariano Rajoy: el inmovilismo hecho presidente, frente al frenesí secesionista de Mas.

Cataluña tiene un problema muy serio, que no se limita a la agenda de la secesión. No son los catalanes por sí solos quienes deben y pueden resolverlo, como a veces parece desprenderse de la inhibición sistemática practicada por el PP. Tampoco son Mas ni Rajoy los dirigentes capacitados para encabezar iniciativa alguna de diálogo. El problema de Cataluña es el problema de España, y su encauzamiento y resolución se sitúa en el centro de la agenda para las elecciones generales. Nada hubiera sido mejor que un adelanto electoral que cerrara el paso a la crisis a plazo organizada por Mas con su convocatoria seudoplebiscitaria.


Esa oportunidad, que este blog recomendó, se perdió por la terquedad del presidente en cumplir sus plazos electorales, como si eso fuese un éxito en sí mismo. Ahora hay que prepararse para estas elecciones, imprescindibles para aclarar el mapa político, y pedir que los partidos adelanten posiciones para revertir el actual proceso de ruptura catalana con España en un proceso de diálogo y negociación, teniendo muy en cuenta que no es una independencia indeseable lo que hay que discutir, sino la recuperación  -mediante un fuerte impulso reformista- del consenso constitucional.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Lo que se debería tener en cuenta antes de votar (Cataluña)

En la campaña de las elecciones catalanas no todo han sido bailes o chanzas en los mítines. También ha habido argumentos cruzados y debates sobre diez temas que serán claves para el votante catalán. La independencia ha monopolizado prácticamente todas las discusiones. Los esfuerzos del presidente de la Generalitat, Artur Mas, para configurar el carácter plebiscitario de las elecciones de mañana han contado con la ayuda de la batería de respuestas a la secesión que han llegado desde del Gobierno, la banca, las empresas los mandatarios internacionales, e incluso el fútbol.

La independencia. La secesión de Cataluña ha centrado la campaña. Junts pel Sí ha buscado la épica, empezado por lemas como "el voto de tu vida", que intenta recalcar que los comicios de este domingo son una ocasión histórica para lograr la independencia. La CUP ha combinado la defensa de la secesión con un discurso anticapitalista. En la contra se han situado Ciutadans y el PP, que sin hablar explícitamente de plebiscito, han tratado estos comicios como algo más que unas autonómicas. En el medio Catalunya Sí que es Pot, Unió, y en menor medida el PSC, que llaman a aparcar el debate secesionista para centrarse en las políticas sociales y económicas.
Mas soslaya los riesgos sobre las pensiones para atraer a los jubilados
La corrupción. La corrupción entró en campaña dos semanas antes de que arrancaran las caravanas electorales, cuando la Guardia Civil entró en la sede de Convergència para investigar presuntas comisiones del 3% en obra pública. Junts pel Sí, que el mismo día presentaba su lista, denunció que se trataba de un intento de influir en los comicios. Para el resto, la prueba de que Artur Mas no es trigo limpio. El actual presidente se ha librado de responder sobre los casos de corrupción en los debates -las sedes embargadas por el caso Palau, los escándalos de los Pujol- ya que el primer puesto de su lista es para Raül Romeva, aunque Mas sea el escogido para aspirar a la presidencia.

La banca. Las entidades bancarias entraron en la campaña con un comunicado en el que alertaban de las consecuencias de la secesión, incluido el riesgo de abandonar Cataluña en caso de independencia. Los partidos secesionistas se enardecieron y basaron su discurso en desprestigiar las entidades por la crisis. El resto lo vio como una evidencia de los riesgos de la independencia, excepto Catalunya Sí que es Pot, que pidió a los bancos que no se entrometiesen en los comicios.

El corralito. A las advertencias de la banca se sumó el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, que avisó del riesgo de un "corralito" en Cataluña con la hipotética independencia. Un argumento de campaña del PP que según Mas era "imposible" que llegara a producirse. El propio Linde admitió, días más tarde, que se trataba de una posibilidad "altamente improbable"

Las pensiones. ¿Podría una Cataluña independiente pagar las pensiones? Como en todo, opiniones enfrentadas: los independentistas defienden que sí, y el resto que no. En la campaña, más allá de ser un arma electoral arrojadiza (el PP usaba datos de los dos últimos años para decir que habría déficit en las pensiones, y Junts pel Sí repasaba las cifras de una década para sostener que habría superávit) ha provocado una guerra de cartas a los jubilados con las dos tesis.

La Unión Europea. La presencia o no de Cataluña en la Unión Europea es un aspecto clave en el debate secesionista, porque los sondeos muestran que el voto favorable a la independencia descendería en caso de exclusión comunitaria. La discusión ha sido constante en esta campaña, con un punto cumbre: el cara a cara entre el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y el líder de ERC, Oriol Junqueras. El Gobierno ha contado con numerosos pronunciamientos internacionales contra la secesión, como el del premier británico David Cameron, la canciller Angela Merkel o el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La nacionalidad. El debate sobre la nacionalidad española en una Cataluña independiente entró en campaña de forma sorprendente, cuando Mariano Rajoy tuvo muchas dudas en la radio sobre qué decía la Constitución al respecto. Uno de los argumentos de Junts pel Sí es que los catalanes podrán seguir en la UE porque la nacionalidad española les da, automáticamente, la ciudadanía comunitaria. Las dudas de Rajoy han servido de arma en campaña, hasta el punto que la entrevista radiofónica se convirtió en anuncio electoral de la lista de Mas.

Las políticas sociales. Con el debate centrado en la independencia, las políticas sociales han brillado por su ausencia en los discursos de algunos partidos. Otros, como Catalunya Sí que es Pot o el PSC, las han convertido en eje de su campaña. La figura de Mas era otra vez el dardo de los ataques: los partidos denunciaban que si gana Junts pel Sí -como pronostican los sondeos- Mas volverá a ser el presidente, tras cuatro años de mandato caracterizados por los recortes y las privatizaciones.

La movilización. Todos los partidos dan por hecho que la participación subirá en estos comicios. Los partidos independentistas tienen al electorado muy movilizado, y más después de la multitudinaria Diada del 11 de septiembre, con una marcha multitudinaria por cuarto año consecutivo. El resto llama a una participación masiva para frenar la secesión en las urnas.


Las elecciones generales. Las elecciones de diciembre también han influido en la campaña, con los líderes de PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos volcados en hacer campaña para sus candidatos en Cataluña, y de paso empezar a sembrar para los siguientes comicios. Artur Mas ironizó sobre su presencia hablando de la misma manera que se caricaturiza los indios americanos: "Grandes jefes venir a la reserva catalana a decir indígenas qué conviene votar". Pablo Iglesias, líder de Podemos, le respondió de la misma manera: "Coleta morada no entender pequeño Pujol solo hablar bandera y no barracones."

viernes, 25 de septiembre de 2015

No se si Cataluña es de España o viceversa, lo que está claro es esta situación empobrece a ambos dueños.


Domingo, día electoral en Cataluña. Estas  elecciones  cuyo carácter plebiscitario es ilegítimo, vienen precedidas por fenómenos distorsionadores, como ciertas advertencias dramáticas —unas, racionales; otras, exageradas— pero tardías, y los contrarios blindajes espurios denunciando sin fundamento un discurso del miedo. También hemos asistido estos días a la impostura intelectual de convertir la reivindicación probablemente mayoritaria de celebrar un referéndum —algo que acabará ocurriendo— en un sucedáneo del derecho de autodeterminación (aplicable solo en casos de países coloniales o sometidos a genocidio), el derecho a decidir (inexistente en Constituciones democráticas). La manipulación se ha extendido hasta convertir ese derecho inexistente en un clamor por la independencia. Este deslizamiento aparentemente ingenuo conlleva efectos perversos: la confusión de los ciudadanos, su abusivo recuento en beneficio del secesionismo, la exclusión de quienes no comparten ese supuesto “sueño”. Si a todo ello se le añade un calendario de separación exprés, estamos en presencia del famoso proceso, al que todo buen catalán debería presuntamente apuntarse.
Más allá de estos lamentables avatares, nos encontramos ante una votación que no será la estación final de este problema. Sea cual sea el resultado, la solución a la cuestión catalana solo puede obtenerse por aplicación de métodos estrictamente democráticos, sobre todo el diálogo y la negociación.

Puede entenderse el reparo de quienes observan en la apuesta por el diálogo un cierto voluntarismo ingenuo y se preguntan con razón: pero, negociar, ¿sobre qué? ¿sobre la independencia? No es desde luego la mejor opción, en términos democráticos, porque se trata de la fórmula más extrema y menos susceptible de cuajar amplias mayorías; y porque resultaría irreversible, pues es difícil recomponer aquello para cuya ruptura se sembraron semillas de disensión y recelo, cuando no de odio. Tampoco en términos económicos, por cuanto la sinergia de las dinámicas cohesionadoras añade mucho más al conjunto que la suma de sus elementos originarios.
Descartada esa salida maximalista y lesiva para los intereses de todos, la mejor opción sería abrir camino a una reforma del Estado, no solo para que los catalanes se sientan más cómodos en él (un objetivo sensato), sino para que beneficie a todos los españoles. Desde estas páginas hemos defendido una reforma constitucional en sentido federal, en la que se delimiten las competencias de cada nivel de gobernanza, se reconozcan los hechos singulares y se denomine a cada territorio según su peso y preferencias, manteniendo siempre la igualdad básica de derechos sociales para todos los ciudadanos; una reforma en la que se articulen sistemas de coordinación federales (Senado); en la que las altas instancias del Estado demuestren la riqueza del plurilingüismo incorporando progresivamente su práctica normal; y en la que se repartan elementos de capitalidad según el modelo alemán, más en sintonía con nuestro país que el francés.


Esta reforma es el objetivo en el que el desarrollo de Cataluña pueda encontrar el mejor acomodo. Pero las exigencias formales —consenso y calendario— dificultan tenerla disponible en un plazo deseable. Una de las posibilidades sería desarrollar con carácter previo un nuevo estatus —plasmable en un acuerdo entre los partidos o en una enmienda ad hoc de la Constitución— que permitiera a los ciudadanos de Cataluña ver reconocido su carácter nacional. Ese paso serviría para ratificar que las competencias del autogobierno de Cataluña no son invadidas, para cotejar que su contribución (justa) a la caja común y a la solidaridad interterritorial conlleva un retorno equitativo que no les haga perder posiciones en la clasificación de la financiación per capita, y para que su lengua sea asumida como parte del patrimonio común.



Todo esto puede caber en múltiples propuestas o fórmulas, y sería bueno que el referéndum pendiente (en todo el territorio: constitucional; o en parte de él: estatutario) acabe celebrándose sobre ellas. Pero todas esas fórmulas son contrarias a un escenario de ruptura. Prefiero invitar a los ciudadanos de Cataluña a impulsar y presionar para hacer posibles las reformas indicadas, en primer lugar, acudiendo a votar, y haciéndolo por las distintas formaciones que se declaran contra la ruptura. Porque los beneficios del ser más nos hace a todos más fuertes; y los de estar juntos nos hace mejores, no solo en términos económicos, políticos o estratégicos, sino también familiares, culturales y emocionales. Son valores tan potentes en sí mismos, tan superiores a su negación, que ni siquiera hace falta resaltar los inconvenientes que causaría su ausencia.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El cineasta Trueba se pasa a la política




Fernando Rodríguez o el bizco Trueba ha conseguido la polémica que buscaba al afirmar: «Nunca me he sentido español, ni cinco minutos de mi vida», tras recibir el Premio Nacional de la Cinematografía 2015 de manos del ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en un acto celebrado en el 63.º Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Él apátrida ha preferido embolsarse los 30.000 euros del galardón, antes que rechazarlos por no sentirse español y considerar que hay otros candidatos con iguales méritos profesionales y más autoestima patriótica.

El cineasta, que no se ha distinguido hasta ahora por ser un radical de la protesta, debería haber declinado el reconocimiento que lleva el adjetivo nacional como hizo Javier Marías con el de Narrativa del 2012 porque no acepta «galardones de carácter institucional otorgados por el Estado español», o restituir los cuatro millones de euros de subvenciones públicas recibidos para rodar sus películas. Pero se ve que la incoherencia no le importa y que lo que pretendía era meter cucharón en el plato del debate de la identidad nacional en el que estamos enfrascados con el precipitante de Mas.

Al modo de su amado Billy Wilder, su comedia irónica y corrosiva fue construida e interpretada delante de un micrófono con intención, en ambiente propicio y a pocos días de las elecciones a la presidencia de la Generalitat de Cataluña, porque Trueba forma parte de esa cierta izquierda española que se considera huérfana de un modelo de cohesión nacional y que, para diferenciarse de la derecha, que defiende la nación como proyecto de convivencia, juzga chic un místico escepticismo apátrida, un cierto desdén mundano.

Pero el director madrileño (¿se habrá sentido madrileño cinco minutos, o tampoco?) ha revelado también que tiene dos sueños: «un Instituto Nacional del Audiovisual [nótese que el subconsciente le ha traicionado y ha dicho Nacional] que no dependa de ministerios ni de gobiernos, sino de la profesión, y una televisión pública que sea de verdad libre e independiente al servicio de los ciudadanos. Y además -añadió- todo esto hay que pedirlo a cambio de nada, simplemente pagando nuestros impuestos».


Ambas quimeras las comparto, aunque me temo que seguirán siendo anhelos porque en el primero siempre habrá funcionarios e hilos que mueva el ministro y su partido, y la televisión pública -las televisiones públicas- es un instrumento de propaganda del Gobierno de turno, pagada con el dinero del contribuyente y para mayor gloria del jefe, aunque este se llame Mas y disponga que TV3 adoctrine a los espectadores en la secesión y haga campaña descarada contra la unidad de España, ciscándose en la mayoría de catalanes que además se sienten españoles. Misión en la que ha contribuido deliberadamente el señor Trueba dando munición a TV3 para que repitiese su frase hasta el hartazgo en cuantos espacios informativos y de opinión ha tenido a bien incluirla.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Fernando Trueba, ahora sirio, antes director de cine cojo y tuerto, debería haber rechazado los premios como español.


Desde un tiempo a esta parte,  los artistas, directores, productores y todo aquello que huela a cine se han vuelto rojo, rojo/república, cosa que por otro lado está bien,  si antes veíamos hasta mano derecha en la pantalla, ahora estamos viendo el morado/podemos, nuevo dueño de la república. Supongamos esta  escena: un director de cine, nacido en Madrid, conocido sobre todo por haber ganado un Óscar a la mejor película de habla no inglesa (concurso al que acudió tras ser elegida para hacerlo en representación de España) y que formó parte en su día de un movimiento cinematográfico netamente español -la llamada comedia madrileña-, es galardonado con el Premio Nacional de Cinematografía, dotado con 30.000 euros, y concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de España.


Fernando Trueba, director de cine cojo, acudió, en el marco del Festival de Cine de San Sebastián, al acto de entrega del premio concedido y allí, quizá excitado por la presencia del ministro portador del cheque sustancioso, se proclamó furibundo antiespañol: «Nunca me he sentido español, ni cinco minutos de mi vida», dijo Trueba, quien, con el objetivo de épater le bourgeois, añadió en la misma línea: «Siempre he pensado que en caso de guerra, yo iría con el enemigo» y, por si la cosa no quedaba clara, concluyó: «Qué pena que España ganara la Guerra de la Independencia. Me hubiera gustado que hubiese sido Francia».


Nada hay que oponer, ¡faltaría más!, al hecho de que un madrileño que lleva siendo español 60 años, y beneficiándose, en tal condición, de múltiples derechos y ventajas (de la sanidad y la educación públicas a las diferentes subvenciones oficiales recibidas por el cine), no se haya sentido, pese a todo, español ni cinco minutos de su vida, pues en cuestión de sentimientos cada uno sabe de lo suyo. La cosa, ciertamente pintoresca, les extrañará sin duda a italianos, franceses o alemanes, que, de forma natural, suelen sentirse del país en el que nacen, sin hacerse un lío de eso que ustedes ya han adivinado. Pero sea: Trueba no se siente español y punto en boca.


Más complejas son sus otras dos afirmaciones: una pasmosamente frívola (¿iría con el enemigo Trueba en un conflicto en que la democracia española se enfrentase al islamismo radical que vuela por los aires nuestros trenes, destruye maravillosos monumentos, obliga a las mujeres a cubrirse con un saco y permite la lapidación de las adúlteras?); y otra expresiva de una monumental ignorancia de la historia: en nuestra Guerra de la Independencia las guerrillas lucharon, con mucho más coraje que medios militares, contra el ejército más poderoso de la tierra en defensa de una población inerme sometida a atrocidades pavorosas.


En todo caso, Trueba tiene todo el derecho a no sentirse español ni en la guerra ni en la paz, pero, en plena coherencia con ese respetable sentimiento, no solo de ajenidad, sino de abierto rechazo a todo lo que huela a España, lo que pide el más mínimo decoro es el rechazo del premio pagado con los impuestos de todos los españoles. Ponerse estupendo mientras uno se mete la pasta en el bolsillo es de una inaudita desvergüenza.

Con ETA desmantelada, solo queda Kale Borroka (violencia callejera) que han pedido traslado a Cataluña.




Bilbao, 31 de julio de 1959. Un grupo de estudiantes radicales disidentes del colectivo EKIN –nacido en 1952 para reaccionar contra la pasividad y el acomodo que en su opinión padecía el PNV– funda Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad). Es el nacimiento de ETA (Hoy desaparecida), una alternativa ideológica a los postulados del PNV con cuatro pilares básicos: la defensa del euskara, el etnicismo (como fase superadora del racismo), el antiespañolismo y la independencia de los territorios que, según reivindican, pertenecen a Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (en España), Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).

Su primera acción violenta se produce el 18 de julio de 1961: el intento fallido de descarrilamiento de un tren ocupado por voluntarios franquistas que se dirigían a San Sebastián para celebrar el Alzamiento.

Caen los encapuchados que han mantenido las siglas desde 2011
La mayoría de los miembros de ETA están en la cárcel en prisiones españolas o francesas. En total, 437 reclusos sin incluir a los cuatro detenidos ayer en el País Vasco francés, entre ellos sus cabecillas políticos, David Pla e Iratxe Sorzabal, y el exjefe del aparato internacional Ramón Sagarzazu. Fuentes policiales dieron también por detenido en la misma operación a Josu Ternera, el miembro de la banda con más años (47) de militancia ininterrumpida, pero la novedad fue luego desmentida.

El informe de la Fiscalía General del Estado presentado a comienzos de mes considera que no hay indicios de riesgo de retorno de la actividad armada, interrumpida de hecho en territorio español desde julio de 2009 y suspendida formalmente en octubre de 2011. Esa suspensión fue gestionada por una troika integrada por Pla y Sorzabal más una tercera persona, Izaskun Lesaka, detenida en 2012. Según la policía, ese trío es el que compareció encapuchado para anunciar el 20 de octubre de 2011 el cese de la violencia y ha sido el que ha venido tomando las decisiones (sobre sellado de zulos, por ejemplo) que aparecían firmadas por la banda. Ellos eran prácticamente lo que quedaba de ETA.

La fiscalía también reconoce que la banda pretende perpetuarse como un agente político con capacidad para intervenir en el “proceso de liberación”. En un documento de agosto de 2009, ETA advertía de que no entregaría nunca las armas, sino que las guardaría, y que no desaparecería, sino que seguiría “como organización política dentro de la izquierda abertzale hasta que otro tipo de situación y debates digan lo contrario”. Posteriormente ha admitido su disposición a entregar las armas, pero en el marco de una negociación que incluiría la retirada de las Fuerzas de Seguridad de territorio vasco. Según la fiscalía, el año pasado se registraron diez actuaciones de kale borroka (violencia callejera) y se produjeron 31 detenciones por vinculaciones con ETA y 48 por enaltecimiento del terrorismo. El documento también advierte de que la banda mantiene sus estructuras clandestinas en Francia, más o menos adaptadas a la situación de cese del terrorismo, lo que implica el desmantelamiento de algunas estructuras.


Las detenciones de ayer pueden considerarse como la clausura de la existencia de la organización fundada en 1958. El peligro no vendría tanto de una posible vuelta a las armas, algo que la izquierda abertzale sería la más interesada en impedir, como de la posible aparición de sectores dispuestos a empezar de nuevo con otras siglas. Hay algún síntoma de ello, como la presencia de dos o tres grupúsculos que se han manifestado este verano con matices diferentes entre sí, pero con el denominador común de poner en el centro la causa de los presos y de reprochar a la izquierda abertzale oficial tibieza en su defensa. Uno de esos grupos reivindicó el año pasado la quema de varios autobuses en solidaridad con los presos enfermos, pero tras las advertencias de Sortu no han insistido.

martes, 22 de septiembre de 2015

Los últimos de ETA,

Caen los encapuchados que han mantenido las siglas desde 2011

La mayoría de los miembros de ETA están en la cárcel en prisiones españolas o francesas. En total, 437 reclusos sin incluir a los cuatro detenidos ayer en el País Vasco francés, entre ellos sus cabecillas políticos, David Pla e Iratxe Sorzabal, y el exjefe del aparato internacional Ramón Sagarzazu. Fuentes policiales dieron también por detenido en la misma operación a Josu Ternera, el miembro de la banda con más años (47) de militancia ininterrumpida, pero la novedad fue luego desmentida.

El informe de la Fiscalía General del Estado presentado a comienzos de mes considera que no hay indicios de riesgo de retorno de la actividad armada, interrumpida de hecho en territorio español desde julio de 2009 y suspendida formalmente en octubre de 2011. Esa suspensión fue gestionada por una troika integrada por Pla y Sorzabal más una tercera persona, Izaskun Lesaka, detenida en 2012. Según la policía, ese trío es el que compareció encapuchado para anunciar el 20 de octubre de 2011 el cese de la violencia y ha sido el que ha venido tomando las decisiones (sobre sellado de zulos, por ejemplo) que aparecían firmadas por la banda. Ellos eran prácticamente lo que quedaba de
La fiscalía también reconoce que la banda pretende perpetuarse como un agente político con capacidad para intervenir en el “proceso de liberación”. En un documento de agosto de 2009, ETA advertía de que no entregaría nunca las armas, sino que las guardaría, y que no desaparecería, sino que seguiría “como organización política dentro de la izquierda abertzale hasta que otro tipo de situación y debates digan lo contrario”. Posteriormente ha admitido su disposición a entregar las armas, pero en el marco de una negociación que incluiría la retirada de las Fuerzas de Seguridad de territorio vasco. Según la fiscalía, el año pasado se registraron diez actuaciones de kale borroka (violencia callejera) y se produjeron 31 detenciones por vinculaciones con ETA y 48 por enaltecimiento del terrorismo. El documento también advierte de que la banda mantiene sus estructuras clandestinas en Francia, más o menos adaptadas a la situación de cese del terrorismo, lo que implica el desmantelamiento de algunas estructuras.


Las detenciones de ayer pueden considerarse como la clausura de la existencia de la organización fundada en 1958. El peligro no vendría tanto de una posible vuelta a las armas, algo que la izquierda abertzale sería la más interesada en impedir, como de la posible aparición de sectores dispuestos a empezar de nuevo con otras siglas. Hay algún síntoma de ello, como la presencia de dos o tres grupúsculos que se han manifestado este verano con matices diferentes entre sí, pero con el denominador común de poner en el centro la causa de los presos y de reprochar a la izquierda abertzale oficial tibieza en su defensa. Uno de esos grupos reivindicó el año pasado la quema de varios autobuses en solidaridad con los presos enfermos, pero tras las advertencias de Sortu no han insistido.

Las diez plagas de Egipto arrasarán Cataluña de pecadores si sus gentes optan por seguir al satanizado Artur Mas y a sus lacayos

Luis María Linde,  gobernador del Banco de España ha sacado a pasear el espíritu del corralito. Si Cataluña se independiza, ya sabe lo que le espera. Lo mismo que ocurrió a la Argentina del 2011 o a la Grecia del 2015: ahorros bloqueados, bancos cerrados a cal y canto, interminables colas ante los cajeros, cobro de pensiones a cuentagotas... Linde, siguiendo la estela de ministros y adláteres, apela a la estrategia del miedo para frenar la deriva independentista de Cataluña. Las diez plagas de Egipto arrasarán aquel país de pecadores si sus gentes optan por seguir al mesías Artur Mas y a sus lacayos.

No descarto un escenario como el descrito por el gobernador del Banco de España. La propia Generalitat lo admitía en uno de los informes que encargó en el año 2013: existe riesgo de corralito en caso de secesión. La proclamación unilateral de independencia provocaría, al menos inicialmente, una masiva fuga de capital financiero y la salida automática del euro. El nuevo Estado no recibiría financiación del Banco Central Europeo y las nuevas autoridades se verían obligadas a decretar el control de capitales. El corralito estaría servido.

Lo que yo le discuto a Luis María Linde no es lo que sucedería «en caso de», sino la dudosa eficacia de ondear la bandera del miedo para restar adeptos al soberanismo catalán. Creo que esa estrategia, que refuerza el victimismo y convierte en mártir a cualquier mentecato, no va a funcionar. Sospecho que frente al nacionalismo, que se alimenta más de sentimientos que de razones, puede más la mano tendida -a los catalanes, no a Mas precisamente- que la admonición. ¿Acaso no generó más creyentes la promesa de un paraíso repleto de dones que la amenaza de arder eternamente en las llamas del infierno?

Resulta paradójico que, después de considerar la secesión un «futurible altamente improbable», como asegura Linde, todo el discurso del nacionalismo español gire en torno a la catástrofe que se abatirá sobre Cataluña si España se rompe. Construye el apocalipsis sobre la base de una entelequia y entra en el juego que más les interesa a Artur Mas y Oriol Junqueras: les permite tapar sus vergüenzas y su nefasta gestión al frente de la Generalitat con la coartada del «España nos roba». Y los confirma como comandantes en jefe de las fuerzas de liberación nacional que se aprestan a combatir al ejército colonial.


El pueblo español también considera «altamente improbable» la secesión de Cataluña. Todavía el domingo pasado ceñía la corona del héroe en la frente de un catalán: Pau Gasol. Y entre quienes presenciábamos la final del Eurobasket -España contra una minúscula porción de la URSS-, nadie dudaba de que Gasol protagonizará, en Río de Janeiro, una nueva epopeya del baloncesto español. Si España, para entonces, existe. Ya lo advirtió ayer el presidente Rajoy: «Solo nos superan la URSS y Yugoslavia, pero ya no existen».

lunes, 21 de septiembre de 2015

El catalanismo y mi abuela en la pasarela de Cibeles.


A falta de 5  días para las elecciones autonómicas catalanas, los dos grandes partidos nacionales empiezan a dar pruebas de angustia con llamadas desesperadas al voto. Como no han logrado abrirse un hueco relevante entre la opinión pública, se dirigen a la “mayoría silenciosa”, que es lo mismo que apelar a agentes invisibles no identificados en cuantas encuestas se han realizado. Frente a ellos, la candidatura unitaria de independentistas roza la mayoría absoluta en los sondeos, lo que les daría pie para iniciar un proceso ilegal y esperpéntico hacia la creación de un nuevo estado europeo.

La culpa de lo que ocurre corresponde en gran medida a la actuación del Gobierno y del PSOE por no haber hecho un frente común contra el nacionalismo en septiembre de 2012, cuando la Generalitat dio un golpe de timón poniéndose como meta un referéndum de autodeterminación. A Rajoy y a Pedro Sánchez les faltó sentido de Estado. Si la división de los dos grandes partidos es muy grave, peor es aún la respuesta que ha dado cada uno por su cuenta: Rajoy encogiéndose de hombros y pasando la patata caliente a los jueces, y Pedro Sánchez realizando una propuesta de estado federal, como base a la negociación con los independentistas.


No hace falta recordar que las leyes están para ser cumplidas. El movimiento que encabeza Artur Mas todavía no sintió que frente a él hay un poder legítimo constituido que puede tomar duras medidas contra los sediciosos. A lo más que se han atrevido es a decirles a los catalanes que la independencia conllevaría la expulsión de la Unión Europea y del euro. Nuevamente, las medidas punitivas las tomarían otros (los jueces, Bruselas), nunca el Gobierno de España. Rajoy desconoce un aforismo de ajedrez que reza así, “la amenaza es más fuerte que la ejecución”. Nadie les habló de suspensión de la autonomía, de cárcel, de boicot a los productos catalanes. Una región que vende más a Cantabria que a Estados Unidos y más a Murcia que a China, se empobrecería inmediatamente cuando se alteraran las relaciones comerciales. Lo más importante de todo es que si Rajoy y Pedro Sánchez hubieran utilizado esta estrategia desde hace tres años, ahora no andarían buscando una mayoría silenciosa, sino que un amplio sector de la ciudadanía catalana habría vencido el miedo y hecho frente al delirio independentista. Por la vía del amedrantamiento ganó el nacionalsocialismo en las urnas alemanas, en 1933, con catorce millones de votos.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Felipe González ni es ni cree en la izquierda. Socialismo de Salón.

Buen político pero poco inteligente son pocos quienes cuestionan que ni fue nada ni “no” fue nada. Pero si es cierto que Felipe González marcó una época como líder de la oposición en la transición y luego al frente del Gobierno, siempre lo fácil. Fue un líder que antepuso el pragmatismo a la ideología, daba igual que el gato fuera blanco o negro, lo importante es que cazara ratones. Convertido en un viejo jarrón chino como expresidente, González se dedicó a ganar dinero de forma absurda y a vivir bien cuando vivía mejor, por ejemplo, siendo consejero de Gas Natural, eso es robar. Pero es un animal político en estado puro y eso nunca se olvida. 

Ahora ha abrazado la loable causa de exigir la liberación del opositor venezolano Leopoldo López, líder del partido socialista  de Venezuela en inscrito en la internacional Socialista. Ha elegido esta y no otras muchas que también lo merecen, en China, Arabia Saudí o Marruecos sin ir más lejos. Está en su derecho. 

Tremendo error el suyo en su carta a los catalanes, un alegato fundamentado contra el independentismo, pero en el que hizo una comparación odiosa entre lo que está pasando en Cataluña y lo que sucedió en los años 30 en Alemania e Italia, o sea, el nazismo y el fascismo. A esto se agarraron los secesionistas para descalificar el resto de los argumentos sólidos de la carta. Es el peligro de creerse por encima del bien y del mal La voluntad de verdad todavía le seducirá a correr más de un riesgo peligroso. Felipe di que ni eres ni crees en el socialismo. 

sábado, 19 de septiembre de 2015

El socialismo arruina las mentes antes de sacrificar a sus portadores

Vivimos una época marcada por el pensamiento neoliberal. Tras el hundimiento de casi todos los sistemas socialistas y la creación del capitalismo totalitario en China, en la actualidad todo el mundo alaba los valores del individualismo, o sea, liberalismo, La palabra “liberal” tiene fuertes connotaciones en las discusiones políticas modernas. Muchas personas se auto-identifican como liberales en sus puntos de vista políticos, pero evitan tal etiqueta. Todo esta confusión se debe en parte a que las raíces históricas del Liberalismo han producido un sistema rico y diverso de ramas filosóficas. De hecho, muchas de estas ramas del Liberalismo destacan por ser opuestas entre sí en muchas cuestiones políticas y económicas. La palabra “liberal”  no refleja adecuadamente la definición de este concepto filosófico.

Liberalismo

El Liberalismo fue el producto del pensamiento ilustrado. John Locke es considerado el padre del pensamiento político liberal, basado en su prolífica escritura acerca de los derechos naturales de los individuos, la separación entre Estado y religión, el contrato social y otros conceptos filosóficos – muchos de los cuales se incorporaron en las revoluciones democráticas que tuvieron lugar décadas después de su muerte. Lo cual hizo del Liberalismo un movimiento que facultaba el papel del individuo y desafiaba a las monarquías absolutas

Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX , el Liberalismo pasó de ser una filosofía individualista a una que es más común en la naturaleza humana. Inspirándose en concepto utilitario de John Stuart Mill de proporcionar “la mayor felicidad para el mayor número de personas”, el Liberalismo trató de defender el “bien común”;  es decir, un sistema político y económico que maximiza el progreso social para el grupo en su conjunto y no para beneficiar a una porción de  individuos. Franklin D. Roosevelt es quien mejor encarna este valor con el “New Deal” en la década de 1930. Este cuerpo de legislación, produjo una infraestructura gubernamental a gran escala; que se caracterizó por proyectos de obras públicas, redes de seguridad social, el bienestar y las reformas de las instituciones financieras. Con el propósito de mitigar los efectos del individualismo desenfrenado que se asoció comúnmente con la Gran Depresión en 1929.

Hoy en día, la interpretación moderna del Liberalismo se asocia con causas de izquierda. Inspirándose en el New Deal, el pensamiento económico liberal faculta fuertemente a las instituciones públicas como medios para apoyar a las personas que se ven afectadas negativamente por los efectos externos - como la pobreza y la contaminación – del Capitalismo de libre mercado. En temas de los derechos políticos, el Liberalismo se esfuerza por asegurar las libertades civiles de los grupos minoritarios; desde el movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos en la década de 1960 hasta la actual lucha por la igualdad de matrimonio para la comunidad gay.

Neoliberalismo

Durante las últimas décadas, una nueva forma de Liberalismo o más bien una reinterpretación del concepto original  surgió en la forma Neoliberalismo. No contentos con la falta de poder del Liberalismo moderno en favor del Estado, los filósofos neoliberales vuelven a los principios fundamentales que ofrece “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith. Considerado como uno de los ejes para el Capitalismo de libre mercado, Smith describe la necesidad de que la actividad económica humana sea impulsada por la “mano invisible” del mercado, en lugar de alguna institución gubernamental.

Para citar a Smith: “Si todas las personas se esfuerzan tanto como pueden en emplear su capital en apoyo de la industria nacional, asimismo pueden dirigir esa industria para la cual su producto puede ser de gran valor. Cada individuo trabajaría necesariamente para hacer que los ingresos anuales de la sociedad sean tan grandes como puedan”.

Es decir, a los ojos del Neoliberalismo; permitir que los individuos sean libres de comerciar en los mercados sin restricciones produciría una mayor cantidad de riqueza y las condiciones necesarias para una sociedad opulenta.

El neoliberalismo – que también es conocido como ”liberalismo clásico”; ya que toma prestado algunos principios filosóficos del siglo XVIII - se debe principalmente a una escuela de pensamiento económico. Puso de relieve la importancia de la desregulación de los mercados y la privatización de las instituciones públicas. La transición de esta filosofía de la economía a un movimiento político ha cobrado impulso en los últimos años con el aumento de Liberalismo en los Estados Unidos. Aunque los liberales modernos pueden ser equiparados con lo que se considera “conservadurismo moderno” (si bien esas ideas son liberales en algunas políticas económicas, están en total desacuerdo con las políticas que se relacionan con el papel del Estado en la vida privada de los ciudadanos); para ser más específicos, los derechos de los ciudadanos a casarse libremente, no pueden ser objeto de vigilancia del gobierno y la libertad para la compra y producción de sustancias prohibidas como la marihuana. Para esta corriente, el individuo es el verdadero árbitro de una sociedad libre; tanto en términos económicos como políticos.
Se supone que el individuo aislado es el protagonista de la vida económica, en la que desarrolla sus iniciativas, así como de la vida política, social y afectiva, en la que cada cual tiene derecho a desarrollarse y expresarse según sus necesidades. Se olvida sin embargo que los verdaderos protagonistas de todos los campos de la vida humana no son los individuos, sino las instituciones. El mercado está regido por las instituciones económicas (empresas, instituciones públicas e instituciones financieras), que son las que marcan las reglas del juego. Un inversor aislado puede mover su dinero en la Bolsa, pero esta es una institución que se rige por unos mecanismos específicos, y que puede ser manipulada no por los individuos aislados, sino por los grandes inversores institucionales, compradores básicos de las acciones y de la deuda pública.

El pensamiento neoliberal es una exaltación de lo que C.

B. Macpherson llamó en 1962 la teoría política del individualismo posesivo. De acuerdo con esta teoría, desarrollada en el siglo XVIII, los derechos básicos del individuo serían la vida, la libertad y la propiedad, pero de modo tal que la propiedad a veces tendría prioridad sobre las otras dos. La defensa de la propiedad se consagró en Europa en los códigos penales, en los que las penas por los delitos contra ella eran cuantitativamente desproporcionadas en relación con los demás delitos. En la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, pequeños hurtos se castigaban con grandes penas, y el Imperio británico montó una colonia penal de la que nació Australia. Si los condenados hubiesen sido asesinos, violadores o psicópatas, sus descendientes probablemente hubieran generado una sociedad muy problemática. No fue así, y Australia llegó a ser un país muy civilizado porque sus padres fundadores solo habían cometido pequeños hurtos.
El olvido del papel de las instituciones es general en todos los campos. La vida política no la protagonizan los individuos aislados, sino los partidos, y todo el entramado de las instituciones públicas; la religión no es una relación personal de cada individuo con la divinidad, sino que está protagonizada por las diferentes iglesias.


Y lo mismo podríamos decir de las instituciones militares, judiciales? La antropóloga Mary Douglas dedicó todo un libro, titulado Cómo piensan las instituciones (1986), a reivindicar el papel esencial de las olvidadas instituciones. No solo existen y tienen unas reglas, sino que siempre están controladas por grupos de personas, ya sea para el bien de la mayoría o en perjuicio de la misma.

Existe una curiosa institución en España, la universidad pública, cuyo costo es superior a los 15.000 millones de euros anuales, en la que el individualismo posesivo está creciendo de una forma asombrosa. De acuerdo con él, profesores, investigadores y aspirantes a serlo se consideran protagonistas exclusivos de la vida institucional. Si se midiese las veces que muchos profesores utilizan el pronombre yo y los posesivos de primera persona, descubriríamos la importancia que le dan a su ego. Es normal oír cosas como: «La universidad está muy mal, pero a mí no me importa porque yo tengo lo mío»; «Yo tengo mis proyectos»; «Yo tengo un gran índice de citas»; «Porque mi currículo?». Estos protagonistas de la vida académica predican la guerra de todos contra todos y luchan por monopolizar los recursos de todo tipo que el Estado ofrece a sus instituciones. Podríamos decir que hay profesores que hasta padecen una especie de síndrome de Diógenes, porque si les dejasen se quedarían con todo: proyectos, plazas de investigador para sus grupos, plazas de profesor para sus asignaturas, aparatos, libros, y hasta edificios. El límite de su ambición solo lo frena la ambición de los demás. En contra de lo que pueda parecer, no existe un libre juego competitivo entre todos estos individualistas posesivos, porque, de la misma manera que el mercado lo controlan las instituciones, los juegos académicos de reparto de proyectos, medios y dotación de plazas forman parte de un entramado institucional que en el caso de la Universidad, como en el de todas las demás instituciones conocidas en la historia, está controlado por determinados grupos de personas, que son las que ejercen la autoridad y las que distribuyen los recursos. El problema no es que a las universidades las controlen grupos de personas, lo que es inevitable, sino que las controlen para el beneficio colectivo o para la creación de pequeñas oligarquías que van devorando a la institución, consolidándose como un grupo de poder que actúa como si fuesen propietarios de una empresa, que no existe porque es una institución pública, y de la que ellos no tiene el derecho de propiedad.


Todas las oligarquías están regidas por la ley de Michels, que afirma que para mantenerse en el poder necesitan ofrecer una cooptación limitada, es decir, que alguna gente pueda aspirar a integrarse en ellas. Pero solo unos pocos, porque de lo contrario dejarían de ser oligarquías. Sabemos que existen oligarquías financieras, económicas, militares, políticas y de todo tipo. El problema es que cuando grupos de funcionarios se convierten en una oligarquía dentro de una institución pública, esa institución va directamente camino del desastre entonando alabanzas al mercado, al emprendimiento y a la iniciativa que teóricamente permitiría a algunos hacerse ricos gracias al conocimiento, y a sus conocidos.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Oriol Junqueras vs García Margallo.

En política, hoy en día, todo es debatible y ya si se trata de independentismo catalán se admiten duelos como los del Oeste americano. Oriol  Junqueras y García Margallo se han retado, de momento, sin armas de  fuego visibles a menores de edad. De entrada, todos sabemos el ganador del duelo, pero también sabemos el ganador de las urnas. España está atolondrada, pero Cataluña está agilipollada. El  Ministro García Margallo, el más inteligente de la terna del PP, hará una ponencia impecable y llena de argumentos y razones, pero el mermado de Junqueras se enrocará con cualquier gilipollez y ahí se  puede dar por zanjado del debate.

¿Por qué los de Génova han permitido tal innobleza oratoria? Cuando con decir cualquier mentira piadosa desde la sede se evitaría perder donde se puede ganar o quedar a la altura. Para mi que García Margallo –hombre docto y bravo- se la va a jugar por su cuenta y riesgo. 

Aunque, realmente,  hay ruidos raros de fondo. Hay razones muy serias para que partido y Gobierno se opongan al debate. Por ejemplo, un ministro del Gobierno de la nación no debiera rebajarse a discutir con el número cinco de una lista electoral de una región. Con más rigor, la ruptura de la integridad territorial de España no es discutible para la Administración del Estado porque es algo que está en la Constitución y se asume sin derecho a réplica. Y algo más: un ministro no debiera debatir algo que incumple las leyes de forma evidente y pública ni con quien está haciendo campaña para anular esas leyes en su territorio. Las leyes, empezando por la Constitución, se cumplen, no se debate su cumplimiento, porque es obligatorio.

Quizá haya otras razones menos confesables, pero reales. La principal es miedo: miedo a que el debate favorezca al separatista, tal como está la opinión en Cataluña; miedo a esa imagen de que los asuntos de Cataluña ya se discuten con el Ministerio de Asuntos Exteriores, igual que se tratan con Merkel, Cameron u Obama y no con el Ministerio de Administraciones Públicas; y probablemente miedo a que se convierta en el debate que menos interesa al Partido Popular: que Junqueras le recuerde al ministro sus propuestas de política fiscal, financiación y reforma constitucional y por qué el perverso Mariano Rajoy se las hizo retirar.


Esos son los temores que suscita el debate. Y al fondo de todo, la gran discrepancia: El Ministo de Interior, no representa la línea dominante de dureza del Partido Popular. Margallo es un centrista partidario del diálogo y el pacto, como viene diciendo desde que empezó el lío. Margallo es un «equidistante», palabra que se ha convertido en insulto. Margallo es un hombre que está dispuesto a atender las razones del adversario. El Ministro es la suavidad en la forma y jamás insultará a su contrincante. No me extrañaría que se suspendiera el debate. 

lunes, 14 de septiembre de 2015

Artur Mas, el títere de los Pujol.


Si hacemos un poco de  memoria. En el 2010 Artur Mas ganó las elecciones y fue elegido presidente. CiU logró 62 escaños. Dos años después convocó de nuevo a las urnas a los catalanes, a los que lanzó un órdago al pedirles que le otorgaran una «mayoría rotunda» para seguir adelante con el proceso soberanista. Doce diputados menos y el 30 % de los votos. Un desastre sin paliativos para un político que había planteado las elecciones como un plebiscito personal.

Pero no dimitió. Y apretó el acelerador separatista. Desde entonces su única mira ha sido doblar el pulso al Estado para avanzar hacia la independencia, con el altísimo coste de fracturar a la sociedad catalana. También le ha dado tiempo a sacar una gigantesca tijera para recortar en sanidad y educación, mientras no reparaba en gastos para preparar la desconexión.


Las encuestas mostraban que su gestión le pasaba factura, la mayoría de ellas pronosticaban el sorpasso de ERC. La corrupción golpeó de lleno a Jordi Pujol, su padre político. Eso ya no podía ser culpa de Madrid. Pero el ilusionista se sacó otro conejo de la chistera, la lista unitaria, en la que se ha escabullido en el cuarto puesto para no dar cuenta de su labor de gobierno. Junqueras tragó, todo sea por la futura patria, y Romeva se prestó al juego del prestidigitador. Realmente genial, no asumir responsabilidades y, sin embargo, ser el aspirante a presidir Cataluña. Y del 3 % ni palabra. Su último número ha sido apropiarse de la Diada sin ni siquiera estar presente. Pero su truco final consiste en declarar la independencia con una mayoría de escaños, sea cual sea el porcentaje de votos. Algo inaudito, sin precedentes en los referendos de secesión que se han celebrado en el mundo. Mas, un simple vendedor de humo.

domingo, 13 de septiembre de 2015

El Barça, no podría jugar la Liga de Fútbol española, sería ilegal al sustraerle a la competencia de la Hacienda de España..


Hay una razón fundamental para que Junts pel Sí y sus aliados obtengan el 27-S la mayoría parlamentaria: no han encontrado frente a ellos oposición real alguna. La política es hoy más que nunca comunicación, el fenómeno Podemos lo muestra a las claras, y Mas se ha encontrado en un extraño escenario donde los adversarios se mostraban incapaces siquiera de denunciar los clamorosos fraudes de ley gracias a los cuales ha ido avanzando la sedición, por no hablar de sus alternativas al “soberanismo”. Adoptando el vocabulario de la Restauración, podrá decirse que Mas será nombrado por el artículo 29, ante la falta de opositores.

La Generalitat ha utilizado todos los medios a su disposición, bien asesorada para burlar la ley por un exmagistrado del TC, a efectos de sembrar el odio a España como premisa de una victoria electoral. Ningún ejemplo mejor que el Congreso, luego publicado y difundido por YouTube, donde unos historiadores más prestigiosos y otros que lo son menos, ilustran no solo el “España contra Cataluña”, sino también el España contra Valencia y las Baleares. Es un plan ideado por Sabino Arana: radicalizar a los regionalismos con el fin de destruir el Estado español. Ahora desde los Países Catalanes, con Galicia como artista invitada. El libro está editado por la Generalitat. Ante esta ofensiva, tanto el Gobierno como los historiadores demócratas, silencio. Solo un gran artículo de Santos Juliá.

Aunque moleste recordarlo, conviene evocar la circunstancia de los años treinta, cuando al asalto de la irracionalidad política se impuso sin obstáculos. El Gobierno reacciona tarde, cuando la desobediencia al Constitucional estaba ahí desde noviembre de 2014; además, nada de impulsar la entrada en juego de las instituciones culturales para debatir de otro modo los temas de capital importancia. Ni siquiera ha subrayado que la presencia del Barça en la Liga española, con una Cataluña independiente, sería ilegal al sustraerle a la competencia de la Hacienda española.


Podemos, ya se sabe, juega a ganar como sea, y así utiliza dos barajas, quiere sentimentalmente a Cataluña en España, pero por encima de todo está la autodeterminación, disfrazada de derecho a decidir, siguiendo a aquel gran demócrata llamado Lenin. Iglesias carga contra Mas, alter ego de Rajoy, pero se subordina a quienes apoyarán un proceso constituyente. Y este personaje, con semejante sentido del Estado, ¿aspira a gobernar España? En cuanto al PSOE-PSC, es el gran misterio: tenía la clave para desarrollar la alternativa de la reforma federal de la Constitución, llegando a insertar en ella el procedimiento de autodeterminación, y solo murmulla. Entre los catalanes razonantes, quedan Ciutadans, que progresará en grado insuficiente, y UDC, abocada a desaparecer. En suma, frente a Mas, nada.

sábado, 12 de septiembre de 2015

La vida es mucho más real que la política, aunque...


La política condujo un día a la dirección del PP a confiar un puesto de mando a Javier Maroto, un inteligente joven vasco que es homosexual. Era una señal de apertura y daba al equipo gobernante un toque zapateriano insólito en los despachos de Génova 13. Llevar al poder a un homosexual era un signo de modernidad. Pero la vida tiene sus ciclos y Maroto decidió casarse, naturalmente con una persona de su mismo sexo, y la Moncloa tropezó con un dilema: ¿Debe asistir Rajoy a la ceremonia? ¿Cómo puede asistir si antes ha recurrido ante el Tribunal Constitucional la ley que autoriza los matrimonios gais? ¿Qué hace con todos los discursos en que amparaba las uniones de hecho, pero no podía aceptar el vínculo matrimonial? Seguro que el presidente nunca se encontró con un problema tan tonto.
Bueno, sí: cuando llegó al poder y topó con la ley del aborto, la de los plazos de Zapatero, que también había recurrido al TC y había prometido cambiar. Se lo encomendó a Ruiz Gallardón y acabó cargándose al ministro, que se pasó de contrarreformista. Tuvo que hacer un pequeño arreglo en el tema de las menores para decir que había cumplido. Tuvo que aceptar los plazos para no quedar como un retrógrado. Ahora puede ocurrir que el tribunal dé la razón a su recurso y le obligue a hacer la reforma que como gobernante no pudo acometer. Sería la releche.
No es el único caso. Artur Mas se hartó de decir hace años que la independencia era un asunto anticuado, que ahora la independencia es otra cosa. Y llegó la vida con sus jugadas, con su ineficacia en el gobierno, con su pérdida de votos, con la corrupción que le acecha, y la anticuada independencia se le hizo modernísima. ¿Sabéis por qué? Porque le hace el inmenso favor de que no se debata su gestión como presidente, de camuflar su caída electoral en una lista conjunta con su adversario y que no se hable de mordidas, porque es más emocionante debatir la ruptura de un Estado.
Y ayer mismo el venezolano Leopoldo López fue condenado a casi 14 años de prisión, la pena máxima, por oponerse al régimen de Maduro. Para el partido Podemos era una prueba, porque después de tanta asesoría y tantos vínculos ideológicos, la sentencia de López es indefendible para un demócrata. Y Pablo Iglesias, a quien le crece más el realismo que los votos, se puso ante los micrófonos, hizo de tripas corazón y no tuvo más remedio que aceptar que no le gustan las condenas políticas. Es poco, pero tampoco se le puede pedir la fe del converso.
Como veis, la política es el arte de acomodarse a la vida. Los que saben anticiparse pueden hablar sin complejos. A los que no, la vida los condena a una constante rectificación.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Los independentistas catalanes han tenido buena representación en la Diada,

Esto huele a separatismo
La alta participación no oculta el pecado de su apropiación por el independentismo. Se daba por descontado que la celebración de la Diada iba a representar un nuevo éxito para sus organizadores y así ha sido. Gracias a un perfecto dominio de lo que es el espectáculo audiovisual y las técnicas de la escenografía de masas, la sensación de gran movilización popular a favor de la independencia de Cataluña pretende compensar el cambio de naturaleza de la Diada. Frente a la fiesta nacional y popular de las precedentes, en las que los propios organizadores insistían en ir más allá de la coloración independentista, la de ayer se limitó básicamente a las candidaturas de Junts pel Sí y la CUP, las que concurren a las inminentes elecciones del 27-S con el objetivo de la independencia.

No hay duda de que ambas cuentan con el respaldo de mucha gente, como se vio en la Meridiana de Barcelona, y desde luego se merecen el respeto que debe tenerse hacia quien se manifiesta legal y pacíficamente. Pero tampoco hay duda del pecado político que implica poner la fiesta nacional de toda Cataluña al servicio electoral exclusivo de una parte de ella.

La perfecta y medida conducción de la precampaña y de la campaña secesionista contrasta con la sensación de desorganización y falta de entendimiento entre los sectores políticos que no son partidarios de la secesión, pese a que, muy probablemente, representan a la mayoría de los catalanes. Una minoría numerosa, pero minoría al fin, está consiguiendo apropiarse indebidamente de todos los resortes de influencia en Cataluña, empezando por los medios de comunicación públicos, escandalosamente volcados en el apoyo a las opciones secesionistas. Mueve a la sonrisa la cataplasma que se ha inventado la Junta Electoral Central para que esos medios compensen el vuelco con el separatismo (va a consistir en unas entrevistas en fin de semana, de las que no puede esperarse ninguna influencia compensatoria) y el ardid de Artur Mas para fijar la fecha electoral justo al final de la campaña iniciada con la Diada.

Pero hay que tener muy en cuenta la amplia difusión de los sentimientos independentistas y de aquellos que, sin serlo, desean cambiar el statu quo. El Gobierno de Rajoy se ha dado cuenta muy tarde de las dimensiones del problema, y el indicio de que esta cuestión se discute en el propio PP —más de lo que admiten en público— es la posición del ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, favorable a un cambio del sistema impositivo y a una reforma constitucional, que muchos de sus correligionarios rechazan con aspavientos.


La prolongación del inmovilismo es una falsa salida. Hay que abrir paso al diálogo interrumpido; a la reforma de la Constitución y al federalismo, para las que ya existen propuestas socialistas, y a interpretaciones de la legalidad más flexibles e incluyentes que las aplicadas en los últimos años. Todo eso ha de ser acunado por una mayor cercanía del conjunto de la sociedad catalana hacia la del resto de España y viceversa, sin la cual los líderes más osados continuarán creyéndose autorizados a mantenerse en la cerrazón, para mal de los catalanes y de todos los españoles.