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jueves, 23 de julio de 2015

Más y Junqueras son muy egoístas y poco solidarios.

Los virreyes de Cataluña, Artur Mas y Oriol Junqueras gozan de soberbia propia y aplican la/su solidaridad a su imagen y semejanza.  Cataluña aporta a la caja común de los españoles más de lo que recibe (8.455 millones de euros, según las balanzas fiscales publicadas estos días). El creciente déficit de la Seguridad Social coloca en un brete la cuantía -e incluso la supervivencia- de las pensiones futuras. El primer dato le permite a Mas, presidente de la Generalitat, hablar de expolio y justificar su deriva secesionista. La segunda constatación induce a Luis María Linde, gobernador del Banco de España, a recomendar a los jóvenes que suscriban planes privados de pensiones. Ambos, aunque ustedes piensen que se me ha ido la olla y mezclo churras con merinas, dicen la misma cosa. El separatista y el unionista sintonizan la misma onda ideológica.

Artur Mas, lo tiene claro. Si los mucianos quieren AVE y los andaluces cobrar el PER, adelante, pero no con mi dinero. La postura de Linde tampoco deja lugar a dudas: si los jóvenes aspiran a cobrar una pensión digna el día de mañana, que ahorren. Si no pueden, porque están en paro, trabajan solo unas horas o cobran una miseria, que se fastidien. Pero imaginen ustedes que todos pueden: ¿por qué, en ese caso, el  gobernador no sugiere, en vez de abonar las cuotas de un plan privado, ingresar ese dinero en las arcas de la Seguridad Social y apuntalar el sistema?

No lo hace, queridos amigos, porque su intención es otra. El gobernador, al igual que el honorable president, solo pretende cargarse la solidaridad. Quiere enterrar el sistema público de pensiones y que cada uno cobre exactamente lo que aporta (o lo que ahorre). Y el que nada aporte, que nada cobre. No como esos campesinos gallegos, cuyas cotizaciones ni de lejos sostienen las pensiones que perciben. O, sensu contrario, como esos jubilados que, después de una larga vida laboral, cometen el error de morirse pronto, desequilibrando su balanza fiscal: perciben mucho menos de lo que aportaron. Artur Mas también defiende que cada palo aguante su vela, pero cambiando el sujeto: la comunidad que quiera AVE, o subsidio de desempleo, o pensiones no contributivas, o servicios básicos, que se los pague.

Esperemos, al menos, que no cunda el ejemplo, puesto que la balanza intermunicipal de Andalucía también está desequilibrada: A Almería o Málaga aportan más de lo que reciben; Mojácar o mi Zurgena querida, mucho menos. Confiemos en que Susana Díaz o María Jesús Montero no caigan en la tentación de emular al honorable y decidan independizarse para acabar con el agravio.


El separatista, Junqueras y el unionista Arturo colocan, cada uno a su manera, sendas cargas de dinamita en los cimientos del Estado. Le niegan su función redistributiva, consistente en que paguen más los que más tienen y reciban más los que menos tienen. La cohesión social, a hacer puñetas. Porque, vamos a ver, si cada uno dispone del médico, el maestro, el guardaespaldas o la pensión que puede pagarse, ¿para qué diablos queremos el Estado?
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