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viernes, 26 de junio de 2015

El descanso es tan necesario como complejo. En verdad, ¿escuchas los mítines de la campaña electoral?


El descanso, descansar es tan necesario como complejo. Pero sin un buen descanso, físico y mental, no hay motivación. no hay ideas, no hay ilusión, no hay energía, no hay espíritu de lucho, no hay creatividad, no hay empresa ni proyecto ni tareas ni estudio ni aprendizaje ni formación, no hay nada.

Eso de “dormir es para débiles” creo que es  una de las mayores estupideces que se pueden escuchar hoy día. Dormir es de inteligentes, porque con un descanso adecuado estás invirtiendo en ti. El primer y gran beneficiado de descansar bien siempre eres tú. El reto no es ver quién aguanta más con los ojos abiertos, sino sacar lo mejor de nosotros mismos, hacer las cosas mejor, vivir mejor.

Pero como dije anteriormente, no es tarea fácil más bien demasiado compleja, además,  no siempre supone detenerse. No está claro que lo favorezca el carecer de toda ocupación. Se hace preciso descansar de lo que no es capaz de ser ni siquiera monotonía, ni nunca acaba por ser lo habitual. Descansar, no solo del ajetreo, sino en ocasiones de su abandono. Descansar de los mismos asuntos, de las mismas controversias, de las mismas indecisiones. Descansar de los mismos rostros, de palabras idénticas o distintas, pero similares. Descansar de urgencias tan inminentes y durante tanto tiempo que pierden sus perfiles. Descansar no solo de lo que nos impide dormir, sino de lo que nos adormece. Y de lo que nos lleva a dormitar en una somnolencia sin respuesta. Descansar de tantos días de chaparrón en los que apenas llueve. Descansar de quienes nunca titubean, ni dudan, ni lo necesitan, pues se mantienen firmes en la inacción. Descansar no precisamente del esfuerzo, sino, en demasiados momentos, de la falta de lugares y de motivos para realizarlo.

Ese aire cansino envuelve tamaña repetición. No es exactamente la consecuencia de una acción intensa y constante, sino de una proliferación de actividades, quizá con algún sentido, aunque fatigantes en su centelleo. Y a veces no coincide el descansar con el interrumpir. Cierta paralización puede resultar bien onerosa. Sin embargo, no lo es menos el reiterado discurso de los asuntos en un único registro que insistentemente recita socialmente lo que habría de interesarnos. Concretamente por ello, deja de ser interesante.

Muchas veces, solo el desplazamiento supone algo de descanso. Y no es ni tan fácil, ni tan frecuente. No es un mero cambio de lugar, ni necesariamente de ocupación, sino de perspectiva, de mirada, de horizonte. La repetición de la escena termina por sujetarnos en la parálisis ante lo que vemos. Ello no impide que una y otra vez nos sintamos conminados a tomar posición, eso sí, en el mismo asiento. Entonces, la postura no pasa de ser prácticamente una acomodación.


A veces me he preguntado, si  en campañas electorales, los políticos descansan por falta de ocupación o, sencillamente, sus ansias de poder les obligan a repetir, activamente, lo mismo. Cuando lo lógico sería grabar un vídeo y difundir el mismo tantas veces como sea necesario. Además, sería doble descanso  para ellos y para nosotros, total ni ellos saben lo que dicen ni nosotros les escuchamos. 
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